¿Qué es una metáfora visual?

Metáforas y Metonimias: Pilares de la Comprensión

26/03/2025

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Desde los albores de la civilización, el ser humano ha buscado comprender el mundo que le rodea. Una de las herramientas más poderosas y, a menudo, inadvertidas en este proceso son las figuras retóricas como la metáfora y la metonimia. Lejos de ser meros adornos del lenguaje, las teorías cognitivas modernas sugieren que estas figuras son, de hecho, la base de complejos modelos cognitivos que utilizamos para dar sentido a nuestra experiencia. Estos modelos no solo describen la realidad, sino que la construyen, influyendo profundamente en nuestro pensamiento y comportamiento.

¿Cuál es un ejemplo de una teoría de metáforas?
Otros ejemplos comunes de modelos metafóricos incluyen «el tiempo es oro», «la discusión racional es guerra» y «la ira es calor». Al igual que las redes de asociación, los modelos metafóricos son heurísticas culturales. Nos ayudan a comprender algunas cosas en función de otras que ya comprendemos.

La idea de que nuestra comprensión cultural opera a través de estas figuras no es nueva; pensadores como Clifford Geertz ya lo insinuaban. Sin embargo, los teóricos cognitivos han llevado esta noción un paso más allá, argumentando que la metáfora y la metonimia son casos especiales de modelado cognitivo, procesos imaginativos mediante los cuales creamos estructuras de comprensión más complejas a partir de otras ya existentes. Este artículo explorará cómo estos modelos emergen, cómo funcionan y, crucialmente, cómo sus implicaciones se extienden mucho más allá de las palabras, moldeando nuestra realidad social y cultural.

Índice de Contenido

Modelos Cognitivos: Los Cimientos de Nuestra Comprensión

Los modelos cognitivos son estructuras mentales que nos permiten organizar y dar sentido a la información. Al igual que otras formas de software cultural, pueden difundirse ampliamente a través del lenguaje humano. Sin embargo, muchas personas también comparten los mismos modelos cognitivos porque los crean de forma independiente a través de sus propias experiencias. George Lakoff y Mark Johnson, por ejemplo, sostienen que los modelos cognitivos más básicos se derivan de nuestras experiencias como individuos que habitan un cuerpo. Metáforas comunes, como las de mejora basadas en el movimiento hacia adelante, reflejan esta conexión profunda con nuestra corporeidad.

Como hábiles bricoleurs, los seres humanos utilizan sus experiencias como individuos encarnados como modelos o esquemas de imagen para entender otras partes del mundo. Estos modelos básicos son, a su vez, los bloques de construcción de modelos cognitivos cada vez más intrincados y complicados. Algunos de los esquemas de imagen más fundamentales incluyen: objetos en un contenedor, origen-camino-meta, vinculación, parte y todo, centro y periferia, arriba y abajo, y adelante y atrás. Todos estos esquemas primitivos se derivan originalmente de movimientos corporales y de la experiencia encarnada.

La noción de que las estructuras cognitivas emergen de la experiencia corporal tiene una larga historia. Presenta similitudes interesantes con la teoría del habitus de Pierre Bourdieu, que postula que el desarrollo conceptual a menudo implica analogías con experiencias y movimientos corporales. Incluso Giambattista Vico, en su Nueva Ciencia, anticipó esta idea al afirmar que un principio universal de la etimología es que “las palabras se trasladan de los cuerpos y de las propiedades de los cuerpos para significar las instituciones de la mente y el espíritu.”

Aunque estos pensadores enfatizan el papel del cuerpo humano en la configuración de esquemas conceptuales muy básicos, no es necesario que cada ser humano recree individualmente todos sus esquemas cognitivos a través de la experiencia corporal. Los modelos cognitivos se recrean en otros a través de la comunicación y el aprendizaje social. La teoría de los modelos cognitivos asume un desarrollo histórico a partir de conjuntos básicos de esquemas perceptuales que tienen una base en la morfología humana. Sin embargo, otros desarrollos y modificaciones de estos esquemas son culturalmente relativos, por lo que no debemos esperar encontrar los mismos modelos cognitivos en todas las culturas. Los modelos y esquemas cognitivos, como otras formas de software cultural, sobreviven y se reproducen con diferentes grados de éxito en diferentes ecologías.

Modelos Metafóricos: X es Y

La comprensión metafórica opera según la fórmula X es Y. El "es" aquí no es un "es" de identidad; más bien, connota el modelado de una cosa en términos de otra, o, más generalmente, el mapeo de un dominio de experiencia sobre otro. Un ejemplo de tal modelo es la metáfora “entender es ver.” Esta metáfora no afirma la identidad de ver con entender; en cambio, modela el proceso de comprensión basándose en la experiencia de la vista. Otros ejemplos comunes de modelado metafórico incluyen “el tiempo es dinero,” “el argumento racional es una guerra,” y “la ira es calor.” Al igual que las redes de asociación, los modelos metafóricos son heurísticas culturales que nos ayudan a entender algunas cosas en términos de otras que ya comprendemos.

El lenguaje cotidiano ofrece abundante evidencia de modelado metafórico. Dado que modelamos la comprensión sobre la vista, también describimos rutinariamente la comprensión en términos de vista y visión, como es evidente en expresiones como “veo lo que quieres decir,” “necesita dejar claras sus ideas,” o “ella vio a través de su engaño.” Además, a menudo usamos múltiples modelos para entender el mismo fenómeno. Por ejemplo, hay al menos dos modelos metafóricos comunes para los argumentos. Un argumento puede ser un edificio (“Ella construyó una excelente tesis”) o un viaje (“No veo adónde va con esa línea de razonamiento”). De manera similar, entendemos el tiempo como dinero (cuando gastamos o desperdiciamos tiempo) o como movimiento (cuando el tiempo pasa).

Debido a que A se modela en B, se asume que las propiedades de B también se aplican a A, o A será entendido o descrito como si tuviera características correspondientes. Así, los modelos metafóricos tienen entailments conceptuales o lógicos. Si un argumento es un edificio, por ejemplo, entonces debe ser sostenido por cimientos, al igual que un edificio. Si sus cimientos son débiles, entonces el argumento es inestable. Por otro lado, si un argumento es un viaje, su conclusión es el final del viaje. Si el argumento es deficiente, uno no llega a ninguna parte con él, o se desvía. Si el argumento es efectivo, uno alcanza la conclusión deseada: va en la dirección correcta. Estos entailments conceptuales son parte del poder que poseen los modelos metafóricos como heurísticas. Cuando comparamos A con B, vemos elementos dentro de A y sus relaciones entre sí porque ya entendemos los elementos de B y cómo se relacionan entre sí. Así, un modelo metafórico no solo describe, sino que también estructura la comprensión. No solo compara, sino que produce coherencia cognitiva. Este es su valor distintivo como heurística: un mapeo metafórico importa y aplica una estructura ya entendida y lista para usar.

Los modelos metafóricos pueden combinarse con otros modelos metafóricos, produciendo estructuras cada vez más complejas de implicación metafórica. Un ejemplo de un modelo metafórico complejo es la relación entre ideas y mentes. Combina dos metáforas: “las ideas son objetos” y “la mente es un contenedor.” Juntas, estas producen el modelo de “las ideas son objetos contenidos en la mente.” Este modelo metafórico tiene muchas implicaciones lógicas: “captamos” ideas, las “retenemos” en nuestras mentes. Cuando entendemos, tenemos la idea correcta “en” nuestra mente: la “recibimos.”

Este modelo interactúa con otros a su vez. Una metáfora común para la comunicación es el envío. Bajo este modelo, las personas se comunican enviando ideas contenidas en expresiones lingüísticas (palabras) de un lugar a otro. Cuando las personas se comunican, las ideas en la mente de una persona (contenidas en sus palabras o expresiones) viajan y son recibidas en la mente de otra persona. Este modelo combina varias metáforas: “las ideas son objetos,” “las mentes son contenedores,” “las expresiones lingüísticas son contenedores” y “la comunicación es envío.” La compleja combinación de estos modelos metafóricos produce una red de implicaciones lógicas. Esto lo vemos en expresiones como “Tus razones me llegaron,” “No entendí del todo lo que querías decir,” “Ojalá pudiera poner mis ideas en palabras,” o “Hay mucho empaquetado en lo que él dice.” Podemos encontrar evidencia de modelado cognitivo no solo en expresiones comunes, sino también en la etimología. La extensión metafórica es una forma útil de crear nuevas palabras. Rastrear las raíces de una palabra a menudo revela los modelos metafóricos que permitieron la creación de nuevos significados a partir de los antiguos.

Los modelos metafóricos difieren de las homologías estructuralistas en dos aspectos importantes. Primero, a diferencia de las homologías estructuralistas, los modelos o mapeos metafóricos no implican necesariamente relaciones de oposición conceptual. En la frase “Acamparon al pie de la montaña,” por ejemplo, la montaña se entiende en términos del cuerpo humano. La base de la montaña se compara con un pie humano, que es la parte más baja del cuerpo y lo sostiene cuando se está de pie. Esta metáfora mapea la relación del pie con el cuerpo (que es una relación de parte a todo) sobre un objeto físico. Si intentáramos expresar este mapeo en términos de una homología, diríamos que cuerpo:pie::montaña:base de la montaña. Pero la relación entre el cuerpo y el pie no es de oposición conceptual. Implica al menos tres relaciones: (1) parte a todo (sinécdoque), (2) posición relativa (parte más baja), y (3) función (soporte).

Segundo, los mapeos metafóricos utilizan esquemas o gestalts que no siempre pueden reducirse a relaciones entre dos términos opuestos. Comparamos una montaña con un cuerpo en la expresión “pie de la montaña.” Sin embargo, un cuerpo tiene muchas partes que tienen muchas relaciones diferentes entre sí. El esquema origen-camino-meta que subyace a metáforas como “la vida es un viaje” obviamente tiene más de dos elementos. La metáfora “las ideas son objetos en la mente” (que se basa en la metáfora de que “la mente es un contenedor”) implica una comparación entre ideas y objetos, y entre mentes y contenedores. Pero esta metáfora es posible gracias a un gestalt o modelo visual que nos permite emplearla, un gestalt que incluye la comprensión de que los contenedores tienen un interior y un exterior, que se pueden colocar cosas en ellos y sacarlas de ellos, y así sucesivamente. Este gestalt contiene muchas características diferentes, no solo dos.

Efectos Ideológicos del Razonamiento Metafórico

Las metáforas producen efectos ideológicos porque son relatos selectivos de la experiencia. Entender X en términos de Y enfatiza solo algunas características y descarta otras. Organiza nuestra imaginación sobre X de una manera en lugar de otra. Modelamos X según las características y relaciones entre los elementos encontrados en Y, aunque podríamos haberlo modelado en un conjunto de elementos y relaciones completamente diferente. Una forma común de hablar de argumento racional en nuestra cultura, por ejemplo, es a través de metáforas de guerra y combate. El modelo metafórico es “el argumento racional es guerra.” Hablamos de demoler los argumentos de un oponente, de reunir pruebas, y así sucesivamente. Tomadas en conjunto, estas metáforas militares forman un conjunto coherente de implicaciones que se refuerzan mutuamente.

Si el argumento racional es guerra, entonces la otra persona en el argumento es un oponente y el objetivo del argumento racional es ganar el argumento. Esto se logra preparando las mejores defensas, atacando los puntos débiles de la otra persona, derribando sus argumentos y obligándola a capitular. Las partes se enfrentan hasta que una parte no puede continuar y se rinde (al aceptar, lo que significa que ha perdido el argumento) o se retira (cambiando de tema). De esta manera, la metáfora “el argumento racional es guerra” pinta un retrato completo de las relaciones humanas y los comportamientos apropiados en un argumento racional.

El potencial de efectos ideológicos de este modelo metafórico fluye directamente de las formas en que el modelo es parcial y selectivo. Comparar el argumento racional con la guerra captura ciertas características del argumento racional: que los individuos se esfuerzan por superarse mutuamente en el argumento racional, que el argumento es una prueba de cierto tipo de fuerza y que los participantes se consideran oponentes o adversarios. Al mismo tiempo, esta metáfora nos aleja de otras posibles características. La metáfora del combate no es la única forma posible de entender el argumento racional. Considere la metáfora del argumento racional como cooperación o como una empresa conjunta: el argumento racional es una empresa cooperativa diseñada para lograr algún objetivo mutuamente deseado, por ejemplo, la verdad, la justicia o la conciliación de intereses. Las partes trabajan juntas compartiendo diferentes teorías y perspectivas. Cuando se llega a un acuerdo, no es la derrota o el avasallamiento del oponente, sino el logro satisfactorio de un objetivo compartido.

Los modelos de combate y cooperación del argumento racional se centran en diferentes características del argumento racional. Ambos explican muchas de las mismas características del argumento racional, pero cada uno lo hace de una manera diferente. Bajo el modelo de combate, por ejemplo, el argumento también puede conducir a la verdad, pero el proceso tiene ramificaciones muy diferentes. Un ejemplo es el sistema adversario de justicia en los sistemas legales angloamericanos, en el cual el concurso de adversarios en la adjudicación está diseñado (idealmente) para conducir a la verdad. Otro es la justificación familiar de la libertad de expresión en términos de un “mercado de ideas,” en el cual los individuos compiten entre sí para persuadir a su audiencia, así como compiten por la cuota de mercado en el mercado económico. En el modelo adversario, la verdad emerge no de un esfuerzo cooperativo por la precisión y la validez, sino del conflicto de historias opuestas y de los motivos parciales e interesados de las partes opuestas. Pasando del ejemplo de la ley al de la ciencia o las humanidades, el modelo adversario en la academia sugiere que la verdad emerge mejor de individuos que buscan aumentar su capital reputacional promoviendo sus teorías favoritas y demoliendo las teorías competidoras de otros académicos.

Como era de esperar, este modelo de búsqueda de la verdad demoliendo las afirmaciones de los oponentes suprime otros aspectos del argumento racional, por ejemplo, la opinión de que la verdad podría abordarse mejor compartiendo diferentes perspectivas e intentando comprender perspectivas muy diferentes a las propias. La visión adversaria también minimiza los aspectos destacados por una visión más cooperativa de la razón: que el progreso es acumulativo en lugar de mutuamente destructivo, y que el razonamiento se basa en las ideas de otras personas en lugar de eliminarlas para reemplazarlas con las propias. En el contexto específico de las disputas legales, el modelo adversario resta importancia a la posibilidad de que la resolución de disputas se logre mejor tratando de que las partes comprendan los diferentes puntos de vista de cada una, con el objetivo de alcanzar un acuerdo mutuamente aceptable de sus intereses.

Así, podemos ver dos formas diferentes en que los modelos metafóricos producen efectos ideológicos. Primero, los modelos metafóricos describen selectivamente una situación y, al hacerlo, ayudan a suprimir concepciones alternativas. Al imaginar el mundo de una manera, hacemos que sea más difícil imaginarlo de otras maneras. Como lo expresan Lakoff y Johnson, usar una metáfora “que nos permite enfocarnos solo en aquellos aspectos de nuestra experiencia que resalta, nos lleva a ver las implicaciones de la metáfora como verdaderas,” o naturales, o lo que “se da por sentado.” Las metáforas como “el argumento racional es guerra,” señalan, “tienen el poder de definir la realidad... a través de una red coherente de implicaciones que resaltan algunas características de la realidad y ocultan otras.”

Segundo, y quizás más importante, la descripción metafórica produce positivamente la realidad social tanto como suprime aspectos de ella. Una metáfora como “el argumento racional es guerra” define y “estructura... lo que hacemos y cómo entendemos lo que estamos haciendo cuando discutimos.” Así, es importante entender que una metáfora hace más que simplemente permitirnos comprender el proceso de argumentación. Este modelo metafórico también ayuda a constituir las convenciones sociales del argumento y, por lo tanto, ayuda a constituir la realidad social. Las metáforas como “el argumento racional es guerra” definen los parámetros de la conducta social apropiada. Si el argumento es guerra en lugar de cooperación, es probable que tratemos a las personas con las que discutimos de manera diferente, y también esperaremos un trato diferente.

Ser miembro de una cultura que piensa en el argumento en estos términos es precisamente lo que nos permite ganar y perder argumentos, que la otra persona sea un adversario u oponente, que uno pueda ganar y perder terreno en un argumento, planificar y ejecutar ataques, y así sucesivamente. La función constitutiva de la metáfora, en resumen, no simplemente distorsiona la realidad. Más bien, crea la realidad; al igual que la construcción narrativa, la metáfora tiene el poder de “hacerse realidad” en la práctica social. La metáfora social prevalente de que el argumento racional es guerra crea una serie de expectativas reales sobre la actividad intelectual y el comportamiento apropiado en la vida intelectual que uno ignora bajo su propio riesgo.

De hecho, la metáfora incluso da forma a los posibles modos de su negación. Supongamos, por ejemplo, que una persona afirma haber ganado una discusión con nosotros. Disputar la afirmación ya es aceptar elementos del esquema metafórico. Se vuelve bastante difícil evitar hablar en términos de ganar y perder una discusión cuando otros insisten en emplear este modelo metafórico; unirse a la contienda significa que la metáfora ya ha ejercido su poder. En política, a menudo se dice que un lado ha “definido los términos del debate” que el otro lado debe seguir con éxito. Si la metáfora fuera simplemente una forma conveniente de describir las cosas, es difícil imaginar cómo podría ser así. Pero si se están creando y manteniendo un conjunto de convenciones y expectativas socialmente exigibles a través de nuestro discurso, es mucho más fácil ver cómo se podría ejercer tal poder.

Los modelos metafóricos son ejemplos clásicos de la naturaleza ambivalente del software cultural. Ayudan a la comprensión en algunos aspectos, incluso cuando la dificultan en otros. Su poder se deriva precisamente de su capacidad para potenciar la comprensión al moldearla y, por lo tanto, limitarla. Para contrarrestar este poder, debemos deconstruir el modelo metafórico. Debemos revelar su carácter metafórico demostrando que el mapeo figurativo no está lógicamente obligado y mostrando cómo suprime o minimiza características importantes de una situación. Sin embargo, a menudo no se puede demostrar esto sin ofrecer un modelo metafórico competidor. Es posible que no nos demos cuenta de cuán limitado es el modelo adversario del argumento hasta que pensemos en el argumento como una empresa cooperativa. Necesitamos un nuevo punto de vista desde el cual ver las limitaciones de nuestro punto de vista anterior, un punto de vista que proporciona un modelo metafórico contrastante.

Este cambio de heurísticas es característico de la forma en que opera el software cultural. Los modelos metafóricos ayudan a la comprensión al prefigurarla; sin ellos, la comprensión puede ser difícil o incluso imposible. Así, a menudo solo se puede contrarrestar el poder de un modelo metafórico y sus implicaciones lógicas sustituyéndolo por un modelo metafórico competidor que pueda servir como una heurística alternativa. Se puede intentar mover a las partes de la confrontación a la mediación, por ejemplo, redescribiendo lo que están haciendo como una empresa cooperativa. Se intenta mostrar que las partes en realidad tienen un objetivo común compartido (paz, justicia, verdad, reducción de costos de litigio, etc.) y que a ambas les interesa alcanzar ese objetivo.

Modelos Metonímicos: B por A

Un segundo tipo de modelo cognitivo es el modelo metonímico. En la retórica clásica, una metonimia sustituye una cosa por otra con la que guarda alguna relación. Por ejemplo, a menudo asociamos instituciones con sus ubicaciones geográficas. Así, hablamos de “Washington” para referirnos al gobierno de EE. UU., el “Pentágono” para referirse al Departamento de Defensa, y “Hollywood” para referirse a la industria cinematográfica estadounidense. Observe que cada una de estas asociaciones es ligeramente diferente. La industria cinematográfica estadounidense estuvo una vez realmente ubicada en Hollywood, aunque la mayor parte está en otro lugar ahora; el gobierno de EE. UU. existe en muchos lugares, pero su capital es Washington. Otras relaciones conceptuales implícitas en las metonimias pueden ser entre una prenda de vestir y la persona que la usa (“¿Quién es el traje?”), una parte del cuerpo y una persona (“Necesitamos una cara nueva”), un objeto y la persona que lo usa (“Hay una nueva pistola en la ciudad, sheriff”), una persona que controla una institución y la institución controlada (“Bush derrotó a Hussein”), un productor y un producto (“¿Quieres escuchar algo de Mozart?”), un lugar y un evento que ocurrió allí (“No más Vietnams”), y una parte y el todo (“Tengo unas ruedas nuevas”). El último ejemplo tiene un nombre especial en la retórica clásica: sinécdoque. Pero para los propósitos de esta discusión, trataré la sinécdoque como un caso especial de metonimia.

Un modelo metonímico generalmente toma la forma “B por A.” A, el concepto objetivo, se entiende como B, el metonímico. La relación entre A y B se define por un esquema conceptual. Este esquema puede ser un gestalt (por ejemplo, un cuerpo), una forma familiar de asociación (por ejemplo, entre usuarios y objetos que usan), una relación causal, o un guion o narrativa estándar. En nuestro primer ejemplo, el esquema cognitivo es la comprensión de que las instituciones existen en lugares. En la frase “Llegué aquí saltando a un tren,” el modelo cognitivo implícito es un escenario estándar de cómo se viaja en un vehículo. La acción de embarcarse representa todo el proceso de viajar.

Al igual que los modelos metafóricos, los modelos metonímicos son heurísticas. Una razón para entender A como B es que B es más saliente o más fácil de recordar. Por ejemplo, es más fácil pensar en un caso típico que en una distribución de entidades diferentes. Pero al igual que los modelos metafóricos, los modelos metonímicos pueden producir efectos ideológicos porque las características de B pueden confundirse con las de A. Podemos confundir efectos con causas, símbolos con las cosas que representan, partes de un sistema social con el sistema social mismo, actores individuales con las instituciones que representan, y así sucesivamente. Algunas variedades de lo que la teoría marxista llama reificación pueden ser de carácter metonímico porque confunden productos de un sistema social con el sistema de relaciones sociales y poder social.

Algunos de los efectos ideológicos más importantes y omnipresentes de la metonimia surgen de un tipo especial de modelo metonímico, en el que una instancia de una categoría representa la categoría completa. Un ejemplo de tal metonimia es un estereotipo social; otro es un dechado o un caso ejemplar. Estos modelos metonímicos son casos especiales de los muchos modelos cognitivos empleados en la categorización humana.

Modelos Cognitivos de Categorización: Desafiando la Visión Clásica

La categorización humana es un proceso psicológico complicado. En los últimos veinticinco años, psicólogos y científicos cognitivos han descubierto que las personas a menudo categorizan de maneras que no se ajustan a las concepciones de sentido común sobre la categorización y la predicación. Estas concepciones de sentido común a veces se llaman la teoría clásica de las categorías. Según esta teoría, los miembros de cada categoría comparten propiedades comunes que son necesarias y suficientes para la pertenencia a la categoría. Estas propiedades definitorias se aplican igualmente bien a todos los miembros. No hay miembros de “segunda clase” en una categoría, al menos si las propiedades comunes que comparten han sido definidas rigurosamente.

El modelo clásico de categorías puede ser una teoría de las operaciones mentales humanas o una teoría de la estructura lógica subyacente del mundo. Como teoría de las operaciones mentales humanas, ha sido cada vez más atacado. Numerosos estudios filosóficos, lingüísticos y psicológicos han sugerido que la inteligencia humana categoriza de varias maneras diferentes, algunas de las cuales no encajan en la concepción clásica de la categorización.

Podemos pensar en la famosa noción de semejanza familiar de Wittgenstein como una crítica temprana del modelo clásico. Wittgenstein señaló que la palabra “juego” no encaja en la descripción clásica de una categoría porque no hay una sola característica que todos los juegos compartan. En cambio, los juegos tienen lo que Wittgenstein llamó una “semejanza familiar”; como los miembros de una familia, diferentes juegos tienen diferentes propiedades en común, pero no necesitan compartir ninguna propiedad única.

Un desafío sistemático a la teoría clásica de las categorías surgió de estudios psicológicos realizados en la década de 1970 por Eleanor Rosch. Rosch demostró que las personas no experimentan a todos los miembros de una categoría como ejemplos igualmente buenos de la categoría. Los sujetos a los que se les pidió que calificaran ejemplos particulares de una categoría (como “pájaro” o “silla”) juzgaron ciertos ejemplos como más representativos que otros. La mayoría de los sujetos, por ejemplo, calificaron a un petirrojo como un ejemplo más representativo de un pájaro que un avestruz o un pollo, y calificaron una silla de escritorio como más representativa de la categoría “silla” que una mecedora, una silla de barbero o una silla tipo puff. Rosch llamó a estos ejemplos más representativos prototipos. Sus experimentos mostraron que tales ejemplos prototípicos daban lugar a muchos fenómenos psicológicos inesperados, que ella llamó efectos prototípicos.

Los efectos prototípicos ocurren cuando un miembro de la categoría, el prototipo, muestra relaciones asimétricas o jerárquicas con otros miembros de la categoría. El prototipo puede, por lo tanto, ser visto como más representativo de la categoría que otros miembros. Experimentos posteriores mostraron que los prototipos exhibían otras características interesantes. Cuando se les pidió a los sujetos que identificaran si un ejemplo era miembro de una categoría o no, los tiempos de respuesta fueron generalmente más cortos para los ejemplos prototípicos. Los sujetos eran más propensos a ofrecer prototipos como ejemplos cuando se les pedía que enumeraran o dibujaran miembros representativos de la categoría. Los sujetos aplicaron la noción de similitud de forma asimétrica al comparar ejemplos más y menos representativos de categorías. Los estadounidenses que consideraban a Estados Unidos como un ejemplo altamente representativo de un país fueron encuestados para dar clasificaciones de similitud para pares de países. Estos sujetos pensaron que México era más similar a Estados Unidos que Estados Unidos a México. Finalmente, los sujetos también estaban más dispuestos a generalizar nueva información sobre un prototipo a un ejemplo menos representativo que a inferir que nueva información sobre un ejemplo menos representativo también era cierta para el prototipo. Así, los sujetos eran más propensos a creer que una enfermedad que afectaba a los petirrojos en una isla afectaría a los patos que al revés.

Generalmente, un ejemplo representativo de una categoría tiene un conjunto de propiedades diferentes; los ejemplos menos representativos comparten algunas de estas propiedades pero no todas, y diferentes ejemplos comparten diferentes grupos de características. El resultado puede compararse con un ejemplo central con diferentes enlaces de similitud que se extienden en diferentes direcciones hacia otros ejemplos menos representativos. Por lo tanto, este tipo de categoría se denomina categoría radial. Las categorías radiales manifiestan efectos prototípicos y semejanzas familiares de Wittgenstein.

Es importante distinguir entre la afirmación de que las categorías muestran efectos prototípicos y una afirmación diferente sobre las categorías: que las categorías tienen límites difusos. Es difícil decir, por ejemplo, dónde comienza y termina el concepto “alto.” En el caso de “pájaro,” sin embargo, no hay discusión de que los petirrojos, avestruces y pingüinos son todos pájaros, y sin embargo, los sujetos aún informan que uno de estos ejemplos es más representativo que los demás. El famoso ejemplo de juegos de Wittgenstein lamentablemente tiende a confundir estas dos características diferentes de las categorías: la difusividad y la presencia de efectos prototípicos. Wittgenstein afirmó que el concepto de “juego” es potencialmente abierto y no necesita ser fijado de antemano para ser usado eficazmente, y también afirmó que el concepto de “juego” no tenía ninguna propiedad única en común, sino solo semejanzas familiares. Los efectos prototípicos y las semejanzas familiares pueden ocurrir en conceptos que tienen límites difusos, pero también pueden existir con respecto a ejemplos donde no hay disputa sobre los límites.

La investigación psicológica de Rosch y sus sucesores parece mostrar que la categorización humana emplea varios modelos diferentes, algunos que parecen comportarse como categorías clásicas, y muchos otros que muestran efectos prototípicos y semejanzas familiares. No está claro que todos estos modelos no clásicos operen de la misma manera. Los efectos prototípicos son precisamente lo que su nombre implica: efectos de modelos cognitivos, y muchos tipos diferentes de modelos cognitivos pueden producirlos. Los psicólogos y científicos cognitivos todavía están divididos sobre cuántos y qué tipos diferentes de modelos están involucrados en la categorización humana. Sin embargo, aunque diferentes modelos cognitivos pueden crear efectos prototípicos, podemos referirnos a los efectos prototípicos colectivamente como ejemplos de pensamiento metonímico, independientemente del modelo cognitivo que los produzca. Son metonímicos porque, siempre que ocurren estos efectos, los prototipos, ejemplares o subcategorías sirven como metonimias para la categoría. Los prototipos, ejemplares y subcategorías se utilizan para (1) representar una categoría completa, (2) sacar inferencias sobre la categoría completa, o (3) proporcionar un modelo normativo para la categoría. Comprender una categoría en términos de un prototipo, ejemplar o subcategoría es a menudo una ayuda útil para comprender y trabajar con la categoría y sus miembros. Sin embargo, como todas las heurísticas, a veces el pensamiento metonímico puede salir terriblemente mal.

Uno de los ejemplos más omnipresentes de pensamiento metonímico es la tendencia a ver todas las categorías humanas como categorías clásicas. Esto emplea la categoría clásica como metonimia, y por lo tanto como modelo normativo y descriptivo, para todas las formas de clasificación humana. Precisamente porque esta heurística es tan omnipresente, es una fuente inagotable de efectos ideológicos.

En general, el pensamiento metonímico produce efectos ideológicos cuando las categorías no clásicas producen efectos prototípicos cuya existencia y alcance no se reconocen plenamente. Como resultado, los prototipos se emplean incorrectamente para hacer inferencias y juicios. En estas situaciones, la confianza en la suposición de que todas las categorizaciones humanas se ajustan a las categorías clásicas es errónea.

Aquí hay algunos ejemplos de los tipos de efectos prototípicos que, en las circunstancias adecuadas, pueden producir efectos ideológicos. Generalmente se dividen en dos categorías: efectos prototípicos que implican alguna forma de estereotipación, y efectos prototípicos que implican alguna forma de norma tácita.

Sobre-generalización

Las personas pueden asumir que todos los miembros de una categoría tienen las mismas características que los prototipos o ejemplos prototípicos. De un prototipo de mujer, por ejemplo, las personas pueden inferir suposiciones sobre los comportamientos, preferencias y habilidades de todas las mujeres. El ejemplo clásico de este efecto ideológico es un estereotipo social. Los estereotipos pueden ser positivos o negativos, y pueden derivarse de otras formas de software cultural. Los estereotipos sobre hombres y mujeres, por ejemplo, pueden ser producidos por guiones sociales, homologías conceptuales y redes de asociación. Los estereotipos sociales a menudo están interrelacionados: el hombre estereotípico puede ser visto como racional y estable, mientras que la mujer estereotípica es vista como intuitiva y emocional. Estos estereotipos simétricos, a su vez, pueden conducir a sobre-generalizaciones igualmente simétricas e inferencias inapropiadas.

Los prototipos como indicadores de prevalencia relativa

Las personas pueden ver los prototipos o ejemplos prototípicos como la versión más común de la categoría, de modo que otros miembros de la categoría son vistos como casos raros, inusuales o excepcionales, aunque de hecho estas “excepciones” pueden ser tan comunes como los ejemplos prototípicos. En los medios de comunicación de Estados Unidos, por ejemplo, a menudo se encuentra un prototipo de jóvenes varones negros como sin educación, desempleados, altamente emocionales, propensos a involucrarse con criminales, pandillas o drogas, fácilmente propensos a la violencia, y propensos a tener problemas con la ley. Cuando se descubren jóvenes varones negros que no encajan en este prototipo, se asume que son casos raros y excepcionales. De hecho, se puede asumir que tales individuos son especialmente brillantes, especialmente trabajadores, y así sucesivamente. Además, verlos como excepcionales y especiales significa que el prototipo permanece sin ser desafiado e incluso puede ser reforzado.

Ejemplos Salientes

Un tipo especial de estereotipación implica ejemplos salientes. Este fenómeno también está relacionado con la heurística de disponibilidad. Los ejemplos prototípicos a menudo se construyen a partir de o se identifican con ejemplos familiares, memorables o salientes de un fenómeno (a diferencia de ejemplos típicos o frecuentes). Las personas luego usan estos ejemplos salientes para hacer juicios sobre la probabilidad de eventos o características de una situación desconocida, incluso si la saliencia y la probabilidad no están correlacionadas. Amos Tversky y Daniel Kahneman descubrieron que cuando se le preguntó a un grupo de personas sobre la probabilidad de que ocurriera un terremoto que causara una gran inundación en California en 1983, tendieron a dar estimaciones de probabilidad más altas que un grupo similar al que se le pidió que estimara la probabilidad de una gran inundación en América del Norte en 1983. Los políticos a menudo usan ejemplos salientes para sugerir inferencias que son injustificadas o, al menos, controvertidas. Las anécdotas de Ronald Reagan sobre “reinas del bienestar” conduciendo autos caros para recoger sus cheques de bienestar confirmaron un conjunto de estereotipos sobre las personas pobres como miembros indignos de grupos minoritarios.

Prototypes como Caracterizaciones por Defecto

Las personas utilizan los prototipos como “rellenos de huecos” – para completar o suministrar características de eventos o miembros desconocidos o parcialmente conocidos dentro de una categoría. Si escuchamos que un hombre es soltero pero no sabemos nada más sobre él, podemos crear una imagen de él en la que asumimos que come a menudo en restaurantes, vive en un apartamento, gasta mucho dinero en ropa, y así sucesivamente. Usaremos las características tomadas de un estereotipo social comúnmente empleado de un soltero para completar lo que se desconoce sobre él. Estas características pueden, por supuesto, ser muy divergentes de la existencia real del soltero; puede encantarle cocinar en casa o ser monje, por ejemplo.

Inferencia Asimétrica de Prototipos a No-prototipos

Las personas asumen rutinariamente que las inferencias sobre ejemplos prototípicos se aplican a todos los miembros de la categoría, pero las inferencias sobre casos no prototípicos no se asumen rutinariamente que se apliquen ni a la categoría en su conjunto ni a los casos prototípicos. Bajo la ideología de la supremacía blanca, los negros se asocian con la criminalidad y los blancos con la legalidad. (Este es otro ejemplo de prototipos que reflejan homologías estructurales). Si el prototipo de la categoría “negro” se asocia con la criminalidad, entonces los ejemplos de negros que cometen crímenes o políticos negros corruptos tienden a producir o reforzar inferencias de que todos los negros son indignos de confianza. Por el contrario, numerosos ejemplos de ciudadanos negros respetuosos de la ley y políticos negros íntegros no conducen a la inferencia de que los negros son generalmente dignos de confianza. A la inversa, debido a que la no criminalidad se proyecta sobre los blancos, ninguna cantidad de crimen por parte de blancos o ejemplos de comportamiento inescrupuloso por parte de políticos blancos conducirá a la conclusión de que los blancos son criminales o que no se puede confiar en los políticos blancos. Así, la condena del alcalde del Distrito de Columbia, Marion Barry, por consumo de cocaína, afectó negativamente a todos los políticos negros de una manera que las actividades criminales de Richard Nixon no afectaron a todos los políticos blancos.

Los prototipos como Puntos de Referencia

Los ejemplos prototípicos son más propensos a ser utilizados como puntos de referencia para comparar o comprender fenómenos. Así, si Kansas City se considera una comunidad estadounidense prototípica, entonces los gustos y preferencias de sus ciudadanos son más propensos a ser vistos como representativos de los gustos y preferencias de los estadounidenses en comunidades como Nueva York, Nueva Orleans y Miami que al revés. Esta heurística explica parcialmente el fenómeno a menudo observado de la “norma blanca” o la “norma masculina” en las comprensiones cotidianas del mundo social. Si las personas juzgan a los hombres y a los blancos como ejemplos más representativos de seres humanos que a las mujeres y a los negros, los hombres blancos se convierten en un prototipo para la categoría “ser humano.” Por lo tanto, las experiencias, preferencias y comprensiones de los hombres blancos serán vistas más naturalmente como puntos de referencia para evaluar el mundo social. Por el contrario, las experiencias, preferencias y comprensiones de las mujeres y los no blancos serán vistas como menos representativas, especiales, inusuales, peculiares, diferentes o incluso desviadas.

Tabla Comparativa: Argumento como Guerra vs. Argumento como Cooperación

CaracterísticaArgumento como GuerraArgumento como Cooperación
Objetivo PrincipalGanar, Demoler al OponenteAlcanzar un Objetivo Común (verdad, justicia)
Visión del OtroOponente, AdversarioColaborador, Socio
EstrategiaAtaque, Defensa, Derribar ArgumentosCompartir Perspectivas, Construir Juntos
ResultadoVictoria/Derrota, SumisiónAcuerdo, Comprensión Mutua, Progreso
ÉnfasisConflicto, Fuerza, CompetenciaColaboración, Diálogo, Conciliación

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿Qué es una metáfora cognitiva?
Una metáfora cognitiva es un modelo mental en el que entendemos un concepto abstracto (X) en términos de un concepto más concreto y familiar (Y). No es solo una figura del lenguaje, sino una forma fundamental de estructurar nuestro pensamiento y comprensión de la realidad, como en “el tiempo es dinero” o “entender es ver.”

¿Cómo se diferencian las metáforas de las metonimias en la teoría cognitiva?
Mientras que las metáforas mapean un dominio conceptual sobre otro (X es Y, como “el argumento es una guerra”), las metonimias sustituyen una cosa por otra con la que está relacionada conceptualmente (B por A, como “Washington” por el gobierno de EE. UU.). Ambas son heurísticas cognitivas, pero operan de maneras distintas en la conceptualización.

¿Pueden las metáforas influir en nuestra percepción de la realidad?
Absolutamente. Las metáforas no solo describen la realidad, sino que la construyen. Al enfatizar ciertas características y ocultar otras, moldean cómo pensamos sobre un concepto y, por lo tanto, cómo actuamos. La metáfora “el argumento es guerra” puede llevarnos a adoptar comportamientos combativos en las discusiones, definiendo así la realidad social de la argumentación.

¿Qué son los efectos prototípicos en la categorización?
Los efectos prototípicos son fenómenos psicológicos que demuestran que no todos los miembros de una categoría son percibidos como igualmente representativos. Un “prototipo” es el ejemplo más representativo (por ejemplo, un petirrojo para la categoría “pájaro”), y tendemos a usarlo como punto de referencia para hacer inferencias sobre toda la categoría, a menudo llevando a estereotipos o sobre-generalizaciones.

¿Cómo podemos identificar y “deconstruir” los efectos ideológicos de las metáforas?
Para deconstruir una metáfora ideológica, primero debemos reconocer su carácter metafórico y no asumirla como una verdad literal. Luego, debemos identificar qué aspectos de la realidad resalta y cuáles oculta, y finalmente, proponer modelos metafóricos alternativos que ofrezcan una perspectiva más completa o diferente, como pasar de “el argumento es guerra” a “el argumento es cooperación.”

En resumen, las metáforas y metonimias son mucho más que simples herramientas retóricas; son los cimientos de nuestra comprensión del mundo y de cómo interactuamos con él. Desde la forma en que estructuramos nuestros pensamientos más básicos, arraigados en la experiencia corporal, hasta la manera en que categorizamos a las personas y los eventos, estos modelos cognitivos son omnipresentes. Comprender su funcionamiento nos permite no solo apreciar la complejidad del lenguaje, sino también desarrollar una conciencia crítica sobre cómo se construye y se puede transformar nuestra realidad social. Al reconocer el poder de estas figuras, podemos elegir conscientemente cómo queremos que se configuren nuestros modelos mentales, fomentando una comprensión más rica, matizada y equitativa del universo que nos rodea.

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