19/11/2012
Desde su estreno, “La Nona” de Roberto Cossa ha trascendido la simple historia de una anciana con un apetito insaciable para convertirse en una de las metáforas más potentes y perturbadoras de la cultura argentina. Esta obra, que ha cautivado tanto en el teatro como en el cine, va mucho más allá de la tragicomedia familiar, ofreciendo una profunda reflexión sobre la sociedad, la economía y el poder. La Nona no es solo un personaje; es un símbolo, una representación elocuente de fuerzas destructivas que, con una voracidad inagotable, consumen todo a su paso. Su significado es tan vasto como las interpretaciones que ha generado, reflejando las angustias y las realidades de un país.

- La Nona: Más Allá del Personaje Glotón
- El Contexto Argentino de los 70: Un Telón de Fondo Crucial
- La Nona como Metáfora Viva: Diversas Interpretaciones
- Un Reparto que Refleja la Lucha Social
- Tabla Comparativa de Simbolismos de La Nona
- Preguntas Frecuentes sobre el Simbolismo de La Nona
- ¿Qué representa La Nona en la obra de Roberto Cossa?
- ¿Por qué la Nona tiene un apetito insaciable?
- ¿Cómo se relaciona La Nona con la crisis económica de Argentina en los 70?
- ¿Qué papel juega la política en la interpretación de La Nona?
- ¿Por qué La Nona es considerada un clásico del teatro y cine argentino?
- El Legado de una Obra Atemporal
La Nona: Más Allá del Personaje Glotón
En el corazón de la obra se encuentra La Nona, una anciana matriarca que, a pesar de su avanzada edad, posee un apetito desmesurado e insaciable. Su glotonería no es una mera peculiaridad; es la fuerza motriz que empuja a su familia a la ruina económica y, eventualmente, a la desesperación y la muerte. Día tras día, la familia se ve obligada a trabajar más, a buscar soluciones cada vez más disparatadas y moralmente cuestionables para poder alimentar a esta figura inagotable. Lo tragicómico de la situación reside en la paradoja de una anciana con una salud de hierro, mientras su familia se desmorona a su alrededor, víctima de su insaciable necesidad.
La Nona no habla, no interactúa de forma convencional; simplemente come. Su presencia es abrumadora, pasiva pero devastadora. Es un agujero negro que absorbe recursos, energía y, finalmente, vidas. Este personaje central se convierte en una encarnación grotesca de la avaricia y el exceso, pero su verdadero poder reside en lo que simboliza para el espectador y para la sociedad.
El Contexto Argentino de los 70: Un Telón de Fondo Crucial
Para comprender plenamente el simbolismo de La Nona, es imprescindible situarla en su contexto original: la Argentina de la década de 1970. Esta fue una época de profundas turbulencias que moldearon la obra y le otorgaron capas de significado que resonarían con la audiencia de entonces y de hoy.
La Crisis Económica como Arteria Principal
Durante los años 70, Argentina enfrentaba una severa crisis económica caracterizada por una inflación galopante, un desempleo creciente y una desigualdad social acentuada. El poder adquisitivo de la moneda se erosionaba rápidamente, haciendo que el dinero valiera cada vez menos y que la vida digna se volviera un lujo inalcanzable para muchas familias trabajadoras. La lucha de la familia de La Nona por mantener su sustento, a pesar de los esfuerzos desmedidos de Carmelo y las ideas desesperadas de Chicho, es un reflejo directo de esta realidad. La Nona, en este sentido, simboliza esa inflación incontrolable que devora los salarios, los ahorros y las esperanzas, dejando a las familias en la miseria.
Las políticas de control de precios implementadas por el gobierno, a menudo ineficaces, solo contribuían a la escasez y la precariedad. La necesidad constante de más comida para La Nona, y la imposibilidad de satisfacerla sin destruir a la familia, es una metáfora cruda de cómo la economía descontrolada puede consumir a sus propios ciudadanos.
La Sombra de la Inestabilidad Política y la Represión
Además de la crisis económica, la década de 1970 estuvo marcada por una profunda inestabilidad política, que culminó con el golpe de Estado militar de 1976 y el inicio de una de las dictaduras más oscuras de la historia argentina. Aunque “La Nona” no aborda explícitamente la represión política, el ambiente de temor, ansiedad y desesperación que impregna la obra es un eco de ese período. La censura y el control sobre el arte y la cultura eran una realidad palpable, lo que añade un matiz a la crítica social de la obra.

La figura de La Nona, con su voracidad insaciable y su capacidad destructiva, puede interpretarse como una crítica velada a un sistema político corrupto y depredador. Un sistema que, al igual que La Nona, consume a sus ciudadanos, sus recursos y sus libertades sin ofrecer nada a cambio, dejando solo un rastro de destrucción y muerte.
La Nona como Metáfora Viva: Diversas Interpretaciones
El genio de Roberto Cossa radica en la polisemia de su obra. La Nona no se limita a una única interpretación, sino que se abre a múltiples lecturas, todas ellas válidas y enriquecedoras. A lo largo de los años, críticos, espectadores y los propios actores han ofrecido diversas perspectivas sobre lo que esta anciana glotona realmente representa.
La Inflación Devoradora
Esta es quizás la interpretación más difundida y evidente. La Nona, con su apetito descontrolado que no se sacia jamás, es la encarnación perfecta de la inflación. Consume sin parar, sin importar cuánto se le dé, y cada vez exige más. Su presencia constante y destructiva refleja cómo la inflación erosiona el valor del trabajo, los ahorros y la calidad de vida de las personas, llevándolas a la desesperación y la pobreza.
El Poder Corrupto y Absorbente
Pepe Soriano, el icónico actor que interpretó a La Nona en la película, afirmó célebremente: “La Nona no es solamente una viejita familiar que se come todo lo que encuentra. La Nona es el poder, se come el país, el mundo, los seres humanos, porque el poder no reconoce el mundo”. Esta interpretación sugiere que La Nona es una alegoría del poder político o económico desmedido y corrupto. Un poder que se alimenta de los ciudadanos, de sus recursos y de su esfuerzo, sin rendir cuentas y sin preocuparse por las consecuencias devastadoras que genera en la sociedad. Es una crítica a los sistemas que explotan a los más vulnerables en beneficio propio.
La Muerte Ineludible
El propio Roberto Cossa ha sugerido que La Nona también puede simbolizar la muerte. Es una fuerza implacable e inevitable que consume a todos, uno por uno, sin que nadie pueda detenerla. La secuencia final de la obra, donde los miembros de la familia van muriendo o desapareciendo, dejando a La Nona como la única superviviente, refuerza esta lectura. La muerte, al igual que La Nona, es una presencia constante que acecha y que, tarde o temprano, lo devora todo.
El Imperialismo y la Dependencia
Algunas lecturas más sociopolíticas han interpretado a La Nona como una representación del imperialismo o de las potencias extranjeras que, a través de la dependencia económica, explotan los recursos de una nación. Al igual que La Nona agota a la familia, el imperialismo podría agotar los recursos y la soberanía de un país, dejándolo empobrecido y sin futuro.
La belleza de estas múltiples interpretaciones radica en que no son mutuamente excluyentes. La Nona es lo suficientemente rica como para abarcar todas estas ideas, convirtiéndola en una obra atemporal que sigue siendo relevante en diferentes contextos y épocas.

Los personajes que orbitan alrededor de La Nona no son meros acompañantes; son arquetipos que reflejan las distintas reacciones y destinos de una sociedad bajo presión. Su lucha es la lucha de las clases trabajadoras argentinas de la época.
Carmelo y María: La Resistencia del Trabajador
Carmelo, el padre y cabeza de familia, representa al trabajador honesto que se esfuerza hasta el límite para mantener a los suyos. Su desesperación creciente y su eventual dilema moral muestran la erosión de los valores frente a la supervivencia. María, su esposa, encarna la preocupación maternal y la lucha por mantener la unidad familiar, un pilar fundamental que se desmorona bajo el peso de La Nona.
Chicho y Anyula: Entre la Desesperación y el Sacrificio
Chicho, el hermano de Carmelo, oscila entre el afecto por su madre y la búsqueda de soluciones cada vez más disparatadas y desesperadas, rozando lo grotesco. Su personaje ilustra cómo la presión puede llevar a acciones irracionales. Anyula, la hija soltera de La Nona, es la figura compasiva y sacrificada que intenta cuidar de todos, pero cuya lealtad se pone a prueba hasta el extremo, reflejando el dilema moral de una sociedad que debe elegir entre la supervivencia y la ética.
Marta, la hija joven, y Francisco (El Mosca), el vendedor que ofrece soluciones poco convencionales, completan este cuadro de personajes que, cada uno a su manera, son víctimas y reflejos de la voracidad que La Nona simboliza.
Tabla Comparativa de Simbolismos de La Nona
| Aspecto de La Nona | Simbolismo Principal | Descripción / Implicación |
|---|---|---|
| Apetito Insaciable | Inflación Galopante | Devora recursos, salarios y ahorros, dejando a la familia en la miseria sin importar cuánto se genere. |
| Destrucción Familiar | El Poder Corrupto | Un sistema político o económico que consume a sus ciudadanos y recursos sin rendir cuentas, llevando al colapso social. |
| Inmortalidad Aparente | La Muerte Ineludible | Una fuerza implacable que, tarde o temprano, acaba con todo y con todos, dejando solo su presencia. |
| Pasividad Devastadora | Fuerzas Incontrolables | Fenómenos o entidades (económicas, políticas) que operan sin piedad, destruyendo vidas y estructuras sin una acción consciente. |
| Sobrevivencia Final | La Crisis Persistente | Sugiere que, a pesar de la destrucción que causa, la raíz del problema (la crisis, el poder) permanece. |
Preguntas Frecuentes sobre el Simbolismo de La Nona
¿Qué representa La Nona en la obra de Roberto Cossa?
La Nona representa múltiples conceptos, siendo los más destacados la inflación galopante, el poder corrupto que devora a la sociedad, la muerte ineludible y, en un sentido más amplio, cualquier fuerza incontrolable que consume recursos y vidas sin saciarse. Es un símbolo de la crisis y la voracidad que afectaron a Argentina en la década de 1970.
¿Por qué la Nona tiene un apetito insaciable?
El apetito insaciable de La Nona es la característica central que impulsa la trama y, metafóricamente, simboliza la naturaleza devoradora de la inflación o de un sistema corrupto. No se trata de una necesidad fisiológica real, sino de una manifestación grotesca de una fuerza que no puede ser satisfecha, sin importar cuánto se le entregue.

¿Cómo se relaciona La Nona con la crisis económica de Argentina en los 70?
La Nona es una poderosa alegoría de la crisis económica de los años 70 en Argentina. Su hambre voraz y constante refleja la inflación descontrolada que erosionaba el poder adquisitivo de la moneda y obligaba a las familias a realizar esfuerzos desesperados para subsistir, tal como la familia en la obra lucha por alimentar a La Nona.
¿Qué papel juega la política en la interpretación de La Nona?
Aunque no explícitamente política, la obra se estrenó en un contexto de inestabilidad política y dictadura en Argentina. La Nona puede interpretarse como una metáfora de un sistema político depredador y autoritario que, al igual que la anciana, consume a sus ciudadanos, sus libertades y sus recursos, dejando un rastro de destrucción y desesperación.
¿Por qué La Nona es considerada un clásico del teatro y cine argentino?
La Nona es un clásico por su capacidad de trascender su argumento inicial para convertirse en una metáfora universal y atemporal de las fuerzas destructivas que acechan a la sociedad. Su mezcla de humor negro, grotesco y tragedia, junto con su profunda crítica social y política, la hacen relevante en cualquier época y lugar donde existan la voracidad, la injusticia y la desesperación.
El Legado de una Obra Atemporal
“La Nona” no es solo una obra que retrata un momento específico de la historia argentina; es una pieza de arte que, a través de su potente metáfora, logra una universalidad asombrosa. La figura de la anciana glotona resuena en cualquier sociedad que haya experimentado la voracidad de una crisis económica, la corrupción de un poder desmedido o la implacabilidad de la muerte. Su humor negro, su tono grotesco y la desesperación de sus personajes crean una atmósfera única que atrapa al espectador y lo obliga a reflexionar sobre las fuerzas que nos consumen.
El éxito de la obra en el teatro, a pesar de los intentos de censura durante la dictadura militar, y su posterior adaptación cinematográfica, solo confirman su impacto cultural. “La Nona” se ha convertido en un símbolo cultural, una forma de entender y hablar sobre las tragedias que, a veces, se disfrazan de cotidianidad.
En definitiva, La Nona es una obra maestra de la literatura y el teatro que nos invita a mirar más allá de lo evidente. Nos confronta con la idea de que lo más aterrador no siempre se manifiesta de forma grandilocuente, sino que puede presentarse de la manera más inesperada y, aparentemente, inofensiva. Es un recordatorio de que las fuerzas que nos devoran a menudo lo hacen silenciosa y persistentemente, hasta que no queda nada.
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