19/09/2019
Jorge Luis Borges, el célebre escritor argentino, dejó una huella indeleble en la literatura universal con su prosa laberíntica, sus cuentos filosóficos y su profundo simbolismo. Entre sus muchas obsesiones y temas recurrentes, los espejos ocupan un lugar preeminente, a menudo teñidos de una inquietante aversión. Una de sus frases más citadas al respecto es lapidaria: «Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres». Esta declaración, aparentemente sencilla, encierra una riqueza metafórica y filosófica que invita a una profunda reflexión sobre la identidad, la realidad y la naturaleza misma de la existencia.

A primera vista, la afirmación de Borges podría parecer una mera excentricidad o una aversión personal, pero en el universo borgeano, nada es casual. Los espejos no son solo objetos cotidianos; son portales a otras realidades, símbolos de la infinitud, de la repetición y de la disolución del yo. Al vincularlos con la cópula, Borges eleva el debate a una esfera metafísica, sugiriendo que ambos actos comparten una cualidad intrínsecamente perturbadora: la multiplicación.
La Abominación de la Multiplicación: Un Miedo al Infinito
La palabra «abominable» que utiliza Borges no es menor. Implica un rechazo profundo, casi visceral. ¿Qué es lo que hace abominable la multiplicación? Para Borges, el terror no reside en el número en sí, sino en la pérdida de la unicidad, en la dilución de la identidad. Un espejo replica, duplica, crea un doble. Si uno se mira en un pasillo de espejos, la imagen se reproduce hasta el infinito, generando una sensación de vértigo y despersonalización. No es solo un reflejo; es una legión de 'yoes' que, aunque idénticos, no son el yo original.
Este miedo a la proliferación incontrolada se extiende a la cópula. La procreación, en su esencia, es el acto biológico que multiplica la especie, que añade nuevos individuos al vasto y creciente número de hombres. Para Borges, un pensador obsesionado con la singularidad de la existencia y la finitud del ser individual, esta multiplicación puede ser percibida como una amenaza a la esencia misma de la identidad. Si cada ser es único, ¿qué sucede cuando esa unicidad se replica o se diluye en una masa infinita de seres?
Este temor a la multiplicación es una constante en su obra. Sus bibliotecas son infinitas, sus laberintos no tienen salida, sus universos son vastos y repetitivos. La idea de un universo que se replica a sí mismo, de un tiempo cíclico, o de una identidad que se fragmenta en innumerables facetas, son temas recurrentes que encuentran su eco en la aversión a los espejos y a la multiplicación de la vida.
Espejos en la Obra de Borges: Un Recorrido Simbólico
Los espejos no son meros accesorios en los cuentos de Borges; son elementos estructurales y simbólicos que a menudo funcionan como catalizadores de la trama o como representaciones de conceptos filosóficos complejos. En «Tlön, Uqbar, Orbis Tertius», el espejo es un objeto que, al reflejar la realidad, la distorsiona y la pone en tela de juicio. La realidad de Tlön, un mundo ficticio, comienza a invadir la nuestra, y los espejos se convierten en portales a esa otra dimensión.
En «El Aleph», el protagonista descubre un punto en el espacio que contiene todos los demás puntos, una especie de espejo cósmico que refleja la totalidad del universo. Aquí, el espejo no solo duplica, sino que contiene y sintetiza, aunque de una manera abrumadora y casi incomprensible para la mente humana. La infinitud del Aleph es, en cierto modo, una manifestación de esa multiplicación que Borges encuentra tan inquietante.
El cuento «Las ruinas circulares» presenta un hombre que sueña a otro hombre para traerlo a la existencia. Al final, descubre que él mismo es un sueño, un reflejo de otro soñador. Esta idea de un doble, de una existencia que es a la vez original y copia, se alinea perfectamente con la metáfora del espejo. La existencia misma se convierte en un reflejo, en una duplicación sin fin.
El Doble, el Otro y la Identidad Fragmentada
La aversión de Borges a los espejos se entrelaza con su fascinación por el tema del doble, el alter ego y la identidad fragmentada. El reflejo en el espejo es el otro yo, un gemelo silencioso que nos imita a la perfección pero que carece de vida propia. Esta dualidad puede ser inquietante porque desafía la noción de un yo único y coherente.
En muchos de sus relatos, Borges explora la idea de que la identidad no es fija, sino fluida, múltiple, y a menudo, ilusoria. Los personajes se desdoblan, se encuentran con versiones de sí mismos en diferentes épocas o realidades. El espejo, en este contexto, es un recordatorio constante de que nuestra identidad puede ser una construcción frágil, susceptible de ser replicada, distorsionada o incluso usurpada.
La presencia del doble en la obra borgeana, ya sea literal o metafórica, sugiere una profunda ansiedad sobre la pérdida de la individualidad. Si mi reflejo es tan real como yo, o si soy solo un reflejo de otro, ¿dónde reside mi verdadera esencia? Esta pregunta existencial es central en la relación de Borges con los espejos.
La Cópula como Espejo: Creación y Proliferación
La comparación entre espejos y cópula es quizás la parte más intrigante de la cita de Borges. Ambos actos, a pesar de sus diferencias obvias, comparten la cualidad de la multiplicación. La cópula, el acto sexual, es el medio por el cual la vida se reproduce, por el cual se crean nuevos seres humanos. Al igual que el espejo crea una imagen, la cópula crea una nueva existencia.
Para Borges, esta proliferación de la vida puede ser tan aterradora como la proliferación de imágenes en un espejo. No se trata de una condena moral o religiosa del sexo, sino de una reflexión metafísica sobre el impacto de la creación de nuevas vidas en el universo. Cada nuevo ser es un nuevo centro de conciencia, una nueva perspectiva, una nueva historia que se añade al vasto y ya complejo tapiz de la humanidad.

Si el universo es un laberinto, cada nueva vida es un camino adicional que se abre, multiplicando las posibilidades y la complejidad hasta el punto de la incomprensibilidad. La cópula, entonces, no solo multiplica el número de hombres, sino que también multiplica la intrincada red de relaciones, narrativas y realidades que conforman la existencia humana.
Filosofía y Metafísica Detrás del Reflejo
La aversión borgeana a los espejos y la cópula se nutre de diversas corrientes filosóficas y metafísicas. Podemos encontrar ecos del idealismo de Berkeley, donde la realidad existe solo en la percepción, haciendo del reflejo una manifestación tan 'real' como el original. También resuenan ideas del escepticismo, donde la distinción entre lo real y lo ilusorio se desdibuja hasta el punto de la indistinción.
El concepto del eterno retorno de Nietzsche, la idea de que todos los eventos se repiten infinitamente, también podría influir en esta aversión a la multiplicación. Si todo se repite, ¿dónde está la novedad, la originalidad? La multiplicación, en este sentido, no es creación, sino repetición, una condena a la redundancia.
Tabla Comparativa: Espejos y Cópula en la Visión Borgeana
| Concepto | Espejos | Cópula |
|---|---|---|
| Acción Principal | Duplicación, reflejo | Procreación, creación de vida |
| Resultado | Multiplicación de imágenes/realidades | Multiplicación del número de individuos |
| Efecto en la Identidad | Fragmentación, disolución del yo, el doble | Adición de nuevos seres, dilución de la unicidad |
| Sentimiento Asociado | Vértigo, inquietud, terror al infinito | Aversión, temor a la proliferación incontrolada |
| Simbolismo Central | Infinito, realidad ilusoria, laberinto | Proliferación, destino, responsabilidad existencial |
Borges y los Miedos Primarios de la Humanidad
La particular fobia de Borges a los espejos no es tan inusual como podría parecer. La eisoptrofobia, o miedo a los espejos, existe y a menudo se asocia con el temor a ver lo sobrenatural o a la propia imagen. Sin embargo, en el caso de Borges, el miedo trasciende lo psicológico y se eleva a lo metafísico. No es un miedo a lo que el espejo muestra, sino a lo que representa: la multiplicación sin fin, la pérdida de control, la disolución de la singularidad.
Este miedo se conecta con ansiedades humanas más amplias: el miedo a la superpoblación, a la pérdida de identidad en la multitud, al universo vasto e indiferente, a la imposibilidad de comprender la totalidad. Borges, con su genio literario, transforma un objeto común en una metáfora poderosa de estas inquietudes existenciales. Sus espejos no solo reflejan nuestro rostro, sino también nuestras más profundas angustias sobre quiénes somos en un universo que se expande y se multiplica sin cesar.
Preguntas Frecuentes sobre Borges y los Espejos
¿Por qué Borges decía que los espejos eran abominables?
Borges consideraba los espejos abominables porque, al igual que la cópula, multiplican el número de los hombres o sus representaciones. Para él, esta multiplicación simbolizaba una amenaza a la unicidad, a la identidad individual y al orden finito de las cosas, generando una sensación de vértigo ante el infinito y la pérdida de la originalidad.
¿Qué otros símbolos usaba Borges en su obra?
Además de los espejos, Borges recurría a una rica gama de símbolos recurrentes como los laberintos (que representan el universo, el conocimiento o la búsqueda incesante), las bibliotecas (el saber universal, el caos ordenado), los tigres (la fuerza, el destino), los sueños (la creación, la realidad alternativa) y los libros (el conocimiento, la infinitud).
¿Cómo se relaciona la aversión de Borges a los espejos con la metafísica?
La aversión de Borges va más allá de lo personal; es una expresión de sus preocupaciones metafísicas. Los espejos plantean preguntas sobre la naturaleza de la realidad (¿es lo reflejado tan real como lo original?), la identidad (¿quién soy frente a mi doble?), el tiempo (¿el reflejo es un instante detenido?) y el infinito (la repetición sin fin). La cópula, al crear nuevas vidas, también remite a la creación y la proliferación de la existencia.
¿Es esta una metáfora sobre la creación artística?
Aunque Borges no lo afirma directamente en esta cita, su aversión a la multiplicación podría extenderse a la creación artística. Un artista crea mundos, personajes, historias, multiplicando las realidades posibles. Sin embargo, Borges también valoraba la originalidad y la precisión, lo que sugiere que su inquietud no era con la creación en sí, sino con la proliferación descontrolada o la repetición banal que diluye el significado.
En resumen, la enigmática frase de Borges sobre los espejos y la cópula nos abre una ventana a su compleja visión del mundo. No es una simple fobia, sino una profunda reflexión sobre la multiplicación del ser, la fragilidad de la identidad y el terror del infinito. Los espejos, en su obra, son mucho más que objetos; son portales a interrogantes existenciales, recordatorios de que la realidad es quizás un reflejo de innumerables reflejos, un vasto y abrumador laberinto donde la unicidad es un milagro frágil y la multiplicación, una constante amenaza a nuestra percepción de lo real.
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