La Vaca como Metáfora: De Rulfo a Clara Dezcurra

31/01/2026

Valoración: 4.23 (11520 votos)

Las palabras son más que simples sonidos o grafías; son vehículos que transportan mundos, ideas y emociones. En el vasto universo del lenguaje, las metáforas se alzan como faros, iluminando conexiones inesperadas y dotando de profundidad a lo cotidiano. Una metáfora, en su esencia, nos invita a ver una cosa en términos de otra, revelando nuevas capas de significado. Pero, ¿qué sucede cuando un elemento tan arraigado en nuestra cultura y subsistencia como la vaca se convierte en el epicentro de un debate pedagógico y un símbolo literario? Este artículo explorará la fascinante evolución de la vaca como metáfora, desde su representación de la esperanza y la inocencia en relatos universales, hasta su compleja y a menudo cruda figuración en la literatura argentina, deteniéndonos en la audaz propuesta de una maestra pionera: Clara Dezcurra.

¿Quién era Clara Dezcurra?
Clara Dezcurra\u201d. Trata de una maestrita de los tiempos de Rosas en el hoy barrio de Mataderos a quien se le ocurre INNOVAR en la pedagogía para con sus estudiantes y en lugar del clásico tema \u201cVoyage autor de mon bureau\u201d, les propone un tema que les sea \u201ccercano\u201d y \u201cfamiliar\u201d.
Índice de Contenido

La Vaca en el Imaginario Literario Universal: Más Allá del Pastizal

A lo largo de la historia, la vaca ha sido mucho más que un animal de granja; ha encarnado la fertilidad, la abundancia y la conexión con la tierra. En la literatura, su simbolismo se expande, reflejando la relación intrínseca entre el ser humano y la naturaleza, la lucha por la supervivencia y la pérdida de la inocencia. Lejos de ser un mero telón de fondo, la vaca a menudo se erige como un personaje central, catalizador de dramas profundos y espejos de la condición humana.

Un ejemplo conmovedor lo encontramos en el cuento "Es que somos muy pobres" de Juan Rulfo, parte de su célebre colección "El llano en llamas". Aquí, la vaca Serpentina no es solo un animal, sino la última brizna de esperanza para Tacha, la joven hermana del narrador. Tras un temporal devastador, la desaparición de Serpentina arrastrada por el río simboliza la pérdida de la dote que podría haber salvado a Tacha de un destino de pobreza y deshonra, similar al de sus hermanas mayores. La congoja del niño narrador por la vaca, a la que el padre había regalado a Tacha, subraya una relación de armonía y proximidad que evoca las églogas y bucólicas de la literatura antigua, donde animales y pastores convivían en una comunidad idílica. Serpentina, con su carácter y su destino, se convierte en un símbolo de la fragilidad de los sueños y la inexorabilidad de la miseria.

De manera similar, en la obra maestra de Leopoldo Alas "Clarín", "Adiós, Cordera", la vaca Cordera trasciende su condición animal para convertirse en una figura casi maternal o, como sugiere el texto, una abuela sabia y mansa para los niños Pinín y Rosa. En este relato, la Cordera es el epicentro de su apacible mundo infantil, un refugio de ternura y juego. Sin embargo, este idilio choca brutalmente con la llegada del tren, un símbolo ominoso del progreso que, en última instancia, se llevará a la Cordera al matadero debido a la extrema pobreza de la familia. El mismo tren, tiempo después, arrastrará a Pinín a las guerras carlistas. La Cordera, con su nombre que evoca mansedumbre y sacrificio, se transforma en el emblema de la fatalidad del progreso, de la inevitable irrupción de la vida adulta que desgarra la inocencia infantil, o de la angurria humana que devora tanto la carne animal como la "carne de cañón" para sus ambiciones. Es un símbolo entrañable de refugio y tibieza, brutalmente arrancado de su contexto.

Finalmente, en la estepa rusa, Andréi Platónov nos presenta su cuento "La vaca", donde el pequeño Vasia, hijo de un guardavías, establece una profunda conexión empática con el animal. Aunque la vaca no tiene nombre, Vasia la llama simplemente "vaca" por ser el término que aprendió en sus libros de lectura. La angustia de la vaca por la ausencia de su ternerito, vendido por el padre, resuena en Vasia, quien observa cómo sus fuerzas menguan y su conducta cambia. El trágico final de la vaca, atropellada por un tren, y su posterior venta para el consumo, culmina en la conmovedora composición de Vasia en la escuela: "La vaca nos entregó todo, o sea la leche, su hijo, la carne, el cuero, sus entrañas y huesos, era buena. Yo recuerdo a nuestra vaca y no la olvidaré". A pesar de la "comprensión positiva" de la realidad que se esperaba de los niños en los cuentos soviéticos, Platónov resalta la mirada infantil como el vehículo para una empatía y amor genuinos hacia este ser que lo dio todo.

La Vaca Argentina: Entre la Barbarie y la Mercancía

Si bien la vaca adquiere matices de ternura y sacrificio en la literatura universal, en las letras argentinas su representación tiende a ser más cruda y despojada de romanticismo. En "el país de las vacas", la relación con este animal está profundamente marcada por la historia, la economía y la construcción de la identidad nacional. Aquí, la vaca rara vez recibe un nombre individual o se convierte en depositaria de afectos, sino que emerge como un símbolo colectivo, a menudo ligado a conceptos como la barbarie o la mera mercancía.

La sombra de "El matadero" de Esteban Echeverría es ineludible. En esta obra fundacional, la vaca y el matadero no son solo escenarios, sino una metonimia de la barbarie, del salvajismo y la violencia que caracterizaban la época rosista. El animal no es un ser individual con el que empatizar, sino parte de una masa, un elemento en un proceso brutal que refleja la brutalidad política y social. Además, la historia argentina también registra lo que David Viñas denominó "la guerra de las vacas", eufemizada como "guerra de fronteras" con los pueblos originarios, donde el ganado era un preciado botín de guerra. Estas representaciones históricas y literarias han cimentado una percepción de la vaca como un recurso, una posesión o, en el peor de los casos, una víctima anónima de la violencia.

¿Cuándo se escribieron las maestras argentinas?
Clara Dezcurra toma la pluma y escribe la fecha. \u201c16 de julio de 1840\u201d. Luego, con la misma letra minúscula y erguida, agrega el encabezamiento: \u201cQuerida Juana\u201d.

En el imaginario argentino, las vacas crecen "a montones" en el campo inculto, sin nombres ni establos, destinadas a ser alimento. Esta realidad económica y cultural parece dejar poco espacio para el romanticismo o la compasión. La vaca es, ante todo, un bien de consumo, una pieza fundamental en la economía y la dieta nacional. Los embarcaderos de ganado, los camiones que lo transportan al mercado de Liniers, son parte del paisaje cotidiano, consolidando la imagen de la vaca como una mercancía. Sin embargo, en esta aparente desafección, reside una paradoja profunda: la vaca, en su condición sacrificial, se convierte en la "carne sagrada" de nuestras más caras comuniones. El asado, la reunión familiar y de amigos alrededor de una parrilla, es un ritual que sella encuentros afectivos, celebra logros y fortalece lazos. Es en este contexto de celebración y unidad donde la vaca, sin necesidad de ser romantizada, adquiere un valor trascendente, un símbolo de cohesión social y cultural.

Clara Dezcurra y la Revolución Pedagógica de "La Vaca"

En este complejo entramado cultural, emerge la figura de Clara Dezcurra, una maestra argentina del siglo XIX que desafió las convenciones pedagógicas de su tiempo. Su historia, magistralmente recreada por Roberto Fontanarrosa en "Maestras argentinas. Clara Dezcurra", es una innovación que se inscribe en la tensión entre la tradición y la búsqueda de una educación más arraigada en la realidad local.

Corría el 16 de julio de 1840 cuando Clara Dezcurra, desde su precaria escuela nocturna en el barrio de Mataderos, un lugar que de día funcionaba como matadero clandestino, decidió romper con el "Voyage autour de mon bureau" ("Viaje en derredor de mi pupitre"), la composición-tipo impuesta por el maestro francés Alphonse Chateauvieux. Sus alumnos, en su mayoría adultos, matarifes, carreros, y, sobre todo, mazorqueros federales, poco o nada podían relacionar con un pupitre que ni siquiera existía en su aula de tierra apisonada y asientos de calaveras de vaca. Clara les propuso un tema "cercano", "familiar": "La vaca".

Esta propuesta, que hoy podría parecer trivial, fue una verdadera revolución. La "humorada" de Fontanarrosa, basada en la realidad de la época, revela la profunda polémica que generó. Sus amigas y colegas, como Juana Azurduy, le advertían: "Tené cuidado, Clara". Incluso un joven Domingo Faustino Sarmiento, desde San Juan, le sugería no "gastar papel, tinta e ingenio sobre un animal tan rasposo y de índole infeliz como la vaca" y le proponía el caballo, un animal "más cercano y afín a nuestra tradición libertaria". La censura no tardó en llegar. Monseñor Brizuela y sus allegados consideraban "indigno" que los guardias federales y soldados fueran "obligados a escribir sobre un tema tan poco épico y glorioso". En el país conservador de Rosas, la vaca, asociada a la barbarie y a la cruda realidad del matadero, era vista como un tema inmoral para la educación.

Sin embargo, Clara Dezcurra persistió. El entusiasmo de sus alumnos, que por primera vez escribían páginas enteras sobre un tema que les era propio, la impulsó a continuar. Un matarife, Juan Sala, llegó a redactar casi diez páginas, un texto que, según el cuento, sería la base del libro "Amalia". Esta anécdota resalta el poder de una pedagogía que conecta con la experiencia vital de los estudiantes. Pero la resistencia del sistema era implacable. La escuela de Clara era un crisol de unitarios y federales, y la violencia del contexto se coló en sus aulas con el asesinato de Juan José Losada, el joven unitario. Clara, indignada, expulsó a todos los implicados, incluyendo al sargento federal Anacleto Medina.

Finalmente, en febrero de 1845, Clara Dezcurra recibió la orden de traslado a una escuela "marginal, con alumnos que detentan problemas de conducta" y problemas de presupuesto. Su "particular obcecación en persistir con el tema de ‘La vaca’" fue la causa principal. Aunque Clara creyó que su iniciativa había sido inútil y que el "Voyage autour de mon bureau" volvería, la historia, y Fontanarrosa, nos muestran cuán equivocada estaba. Su audacia sentó un precedente, transformando la forma en que se abordaría la enseñanza de la lengua y la conexión con la realidad argentina. La vaca, en su propuesta, dejó de ser solo un animal para convertirse en un espejo de la sociedad, de sus conflictos y de su esencia.

¿Quién era Clara Dezcurra?
Clara Dezcurra\u201d. Trata de una maestrita de los tiempos de Rosas en el hoy barrio de Mataderos a quien se le ocurre INNOVAR en la pedagogía para con sus estudiantes y en lugar del clásico tema \u201cVoyage autor de mon bureau\u201d, les propone un tema que les sea \u201ccercano\u201d y \u201cfamiliar\u201d.

Tabla Comparativa: La Vaca en la Literatura

Para comprender mejor la riqueza simbólica de la vaca en diferentes contextos literarios, a continuación presentamos una tabla comparativa de las obras mencionadas:

ObraAutorSímbolo/Metáfora PrincipalContexto y Significado
"Es que somos muy pobres"Juan RulfoLa esperanza y la inocencia perdidaLa vaca Serpentina es la dote para Tacha, su pérdida simboliza la profundización de la pobreza y la amenaza a su moralidad. Evoca la armonía idílica rural.
"Adiós, Cordera"Leopoldo Alas "Clarín"La infancia, el refugio y el sacrificioLa Cordera es la figura maternal y el centro del mundo infantil de Pinín y Rosa. Su venta al matadero por el tren simboliza la irrupción del progreso y la fatalidad en la inocencia.
"La vaca"Andréi PlatónovLa empatía, el amor incondicional y la entrega totalVista a través de los ojos del niño Vasia, la vaca es un ser que lo da todo por la familia (leche, hijo, carne, etc.), resaltando la conexión emocional y el valor del sacrificio.
"Maestras argentinas. Clara Dezcurra"Roberto FontanarrosaLa identidad nacional, la barbarie y la innovación pedagógicaLa vaca es el tema central de una composición escolar que desafía las normas, revelando las tensiones políticas y sociales de la Argentina rosista y la lucha por una educación arraigada en la realidad local.

Preguntas Frecuentes sobre La Vaca como Metáfora

¿Quién fue Clara Dezcurra?

Clara Dezcurra fue una maestra ficticia, creada por el escritor y humorista argentino Roberto Fontanarrosa en su cuento "Maestras argentinas. Clara Dezcurra". Aunque su historia es una obra de ficción con elementos satíricos, Fontanarrosa la utiliza para explorar y satirizar aspectos reales de la educación y la sociedad argentina del siglo XIX, especialmente durante la época de Juan Manuel de Rosas. En el relato, Clara Dezcurra es una educadora audaz que, en 1840, propone a sus alumnos (adultos, muchos de ellos mazorqueros) escribir una composición sobre "La vaca" en lugar del tradicional "Voyage autour de mon bureau", lo que genera controversia y censura en un contexto donde la vaca estaba fuertemente asociada a la barbarie y era considerada un tema "inmoral" para la enseñanza.

¿Por qué fue controvertido el tema "La Vaca" de Clara Dezcurra?

El tema "La Vaca" propuesto por Clara Dezcurra fue controvertido por varias razones arraigadas en el contexto histórico y cultural argentino de la época. Primero, se desviaba de los modelos pedagógicos europeos imperantes, como el "Voyage autour de mon bureau", que se consideraban más "civilizados" o adecuados. Segundo, en la Argentina del siglo XIX, y particularmente bajo el gobierno de Rosas, la vaca estaba intrínsecamente ligada al imaginario de la barbarie, especialmente a través de obras como "El matadero" de Esteban Echeverría. Abordar la vaca significaba tocar una realidad cruda, violenta y poco "épica" o "gloriosa" para los estándares conservadores de la época. Además, los alumnos de Clara eran, en su mayoría, hombres que trabajaban en los mataderos y eran federales y mazorqueros, lo que hacía que el tema fuera demasiado "cercano" a una realidad que las autoridades preferían mantener alejada del ámbito educativo formal, considerándolo "inmoral" o inapropiado para la formación de ciudadanos.

¿Qué simboliza la vaca en la literatura argentina a diferencia de otras culturas?

En la literatura universal, la vaca a menudo simboliza la esperanza, la inocencia, la figura maternal, la provisión y el sacrificio noble (como en Rulfo, Clarín o Platónov). Sin embargo, en la literatura argentina, su simbolismo tiende a ser más pragmático y, a menudo, más sombrío. Debido a la influencia de obras como "El matadero" de Echeverría y la historia de las "guerras de las vacas", el animal se asocia frecuentemente con la barbarie, la violencia y la mera mercancía. En lugar de un vínculo afectivo o espiritual, prevalece una relación utilitaria. La vaca es vista como un recurso económico, un bien de consumo masivo, una parte de la industria cárnica que define gran parte de la identidad y la economía del país. Aunque es la "carne sagrada" de las comuniones sociales (el asado), rara vez se le atribuye un romanticismo individualizado en la narrativa, reflejando una conexión más cruda y menos idealizada con el animal.

¿Qué relación tienen las metáforas con la vida cotidiana?

Las metáforas son omnipresentes en nuestra vida cotidiana, aunque a menudo no las percibamos conscientemente. No son solo adornos literarios, sino herramientas fundamentales para el pensamiento y la comunicación. Nos permiten comprender conceptos abstractos en términos de experiencias concretas (por ejemplo, "el tiempo es oro"), expresar emociones complejas de manera vívida ("tener el corazón roto"), y dar sentido a nuevas ideas al relacionarlas con lo ya conocido. Desde las expresiones coloquiales ("estar en la cuerda floja") hasta el lenguaje de la ciencia o la política, las metáforas modelan cómo percibimos la realidad, cómo hablamos de ella y cómo interactuamos con el mundo. Son esenciales para la creatividad, la empatía y la capacidad de ver más allá de lo literal, permitiéndonos construir y compartir significados profundos.

En definitiva, la vaca, ese animal tan familiar en nuestros paisajes y mesas, se revela como un conducto extraordinario para la metáfora. Desde la esperanza y el consuelo maternal en la literatura universal hasta la cruda representación de la barbarie y la mercancía en el contexto argentino, su figura ha sido moldeada y resignificada de múltiples maneras. La historia de Clara Dezcurra no es solo la anécdota de una maestra valiente; es un recordatorio de cómo la innovación pedagógica puede chocar con las estructuras de poder y los imaginarios colectivos, y cómo un tema aparentemente simple puede desvelar las complejas capas de la identidad de una nación. Al explorar estas metáforas, no solo comprendemos mejor las obras literarias, sino también la intrincada relación entre el lenguaje, la cultura y la forma en que construimos nuestro mundo. Cada vez que una vaca pasta tranquila o nos mira con sus grandes ojos, quizás ahora la veamos con una nueva profundidad, reconociendo el vasto universo de significados que su figura encierra.

Si quieres conocer otros artículos parecidos a La Vaca como Metáfora: De Rulfo a Clara Dezcurra puedes visitar la categoría Metáforas.

Subir