06/10/2020
La figura de Jorge Luis Borges, uno de los más grandes literatos del siglo XX, es sinónimo de laberintos, espejos y universos fantásticos. Sin embargo, su pensamiento se extendió mucho más allá de la ficción, adentrándose en los terrenos de la filosofía, la metafísica y, notablemente, la teología. Aunque sus obras están plagadas de referencias a lo divino, la relación de Borges con Dios fue, en sus propias palabras, compleja, ambigua y profundamente personal. No era un ateo militante ni un creyente devoto, sino un explorador incansable de la idea de Dios, siempre con una lucidez que desafiaba las convenciones y una honestidad brutal sobre sus propias dudas y temores. Sus reflexiones nos invitan a un viaje intelectual donde la fe y el escepticismo danzan en una coreografía fascinante, revelando una perspectiva única sobre uno de los misterios más antiguos de la humanidad.

La Duda como Dignidad: ¿Autocompasión o Verdad?
Uno de los aspectos más reveladores del pensamiento de Borges sobre Dios es su reticencia a creer por motivos de autocompasión. Para él, la invocación a una divinidad nacida de la lástima por uno mismo o por los demás resultaba "horrible, vergonzoso". Esta postura va más allá de un simple escepticismo; es una crítica ética a la génesis de la fe. Borges sugiere que la necesidad humana de consuelo, de un refugio ante la fragilidad de la existencia, puede corromper la pureza de la creencia, convirtiéndola en un mero mecanismo de defensa psicológico. Prefería la dignidad de la resignación, como la expresada por George Bernard Shaw: «En vista de las circunstancias, he renunciado a las bondades del Cielo». Incluso llega a sugerir que el Infierno podría ser un sitio más digno si la alternativa es una fe construida sobre la debilidad. Esta visión borgeana nos interpela directamente: ¿Es nuestra fe un acto de convicción genuina o una búsqueda desesperada de alivio? Al plantear esta pregunta, Borges no busca desmantelar la fe, sino purificarla de lo que considera sus motivaciones más bajas, invitando a una introspección profunda sobre los cimientos de nuestras propias creencias.
El Dolor y la Negación de un Dios Todopoderoso
La existencia del dolor se erige como un obstáculo insalvable para Borges en la concepción de un Dios todopoderoso y benevolente. Su argumento es simple pero contundente: "basta un dolor de muelas para negar la existencia de un Dios Todopoderoso". Esta afirmación, cargada de una ironía mordaz, encapsula el problema del mal, una de las grandes aporías de la teología. Si Dios es infinitamente bueno y omnipotente, ¿por qué permite el sufrimiento, incluso el más trivial y absurdo? Borges no teme a la muerte tanto como al dolor, una distinción crucial que subraya la intensidad de su objeción. Contrasta el sufrimiento de Cristo, que al menos tenía una justificación (la redención), con el dolor humano cotidiano, como el de una visita al dentista, que a su juicio, por su mero sinsentido, debería por sí solo "ganarnos el Cielo". La visión de su abuela, quien sostenía que el calvario de Cristo no debía haber sido mayor que el sufrimiento de cualquier ser humano, refuerza esta perspectiva de que el dolor es una experiencia universal y a menudo injustificable, que desafía la lógica de un creador perfecto. Este punto de vista no es meramente una queja, sino una profunda objeción metafísica a la coherencia de los atributos divinos tradicionales.
Inmortalidad: Una Concepción Ajena a Borges
Otro punto de divergencia fundamental en el pensamiento de Borges es su escepticismo respecto a la inmortalidad como atributo esencial de la divinidad o como destino deseable para el ser humano. Contrasta explícitamente su postura con la de Miguel de Unamuno, para quien Dios era primordialmente un "proveedor de inmortalidad". Borges no comparte esta necesidad. Para él, la idea de un Dios que deba garantizar la vida eterna carece de fundamento. Reflexiona con una humildad radical: "Puede que haya un Dios que desee que yo no siga viviendo o que piense que el Universo no me necesita". Esta aceptación de la propia finitud y de la posible indiferencia del universo hacia la existencia individual es una característica de su pensamiento. Recuerda que no fue "necesitado" hasta su nacimiento en 1899, una forma poética de expresar su insignificancia cósmica antes de su aparición. Esta perspectiva despoja a Dios de la obligación de ser un garante de la supervivencia post-mortem, liberando a la divinidad de una función que, para Borges, parece más una proyección del deseo humano que una verdad trascendente. Su visión sugiere que la vida, tal como es, con su principio y fin, puede ser completa en sí misma, sin la necesidad de una extensión infinita.
La Teología como Fantasía Suprema
A pesar de sus dudas sobre la existencia real de Dios, Borges mostró una profunda fascinación y respeto por la teología como una de las más elevadas expresiones del intelecto humano y de la literatura fantástica. Para él, las intrincadas construcciones teológicas, con sus dogmas, sus paradojas y sus atributos divinos, superaban en imaginación y complejidad a las obras de los más renombrados escritores de lo fantástico. "Lo que imaginaron Wells, Kafka o Poe no es nada comparado con lo que imaginó la teología", afirmó. Esta declaración no es un guiño a la fe, sino un reconocimiento de la asombrosa capacidad de la mente humana para construir sistemas de pensamiento tan vastos y elaborados como el concepto de un ser perfecto, omnipotente y todopoderoso. La teología, en este sentido, es vista como una obra de arte colectiva, una narrativa monumental que explora los límites de lo concebible. Esta perspectiva permite a Borges apreciar la riqueza cultural e intelectual de la religión sin necesariamente suscribir sus verdades dogmáticas, abordándola más bien como un campo fértil para la especulación filosófica y la maravilla estética.
Agnosticismo: Un Campo Abierto a lo Posible
Finalmente, Borges se resistía a ser encasillado en categorías rígidas, ya fuera como misionero cristiano o como proponente del ateísmo. Su posición se inclinaba más hacia un agnosticismo abierto, una postura que reconocía la imposibilidad de un conocimiento definitivo sobre la existencia de Dios, pero que al mismo tiempo mantenía abierta la puerta a todas las posibilidades. "Todo es posible, hasta Dios", sentenció. Esta frase encapsula la esencia de su agnosticismo, que no es una ausencia de interés, sino una suspensión del juicio, una humildad intelectual ante lo incognoscible. No se atrevía a negar la existencia de Dios de forma categórica, reconociendo que la propia incertidumbre es parte de la condición humana y un motor para la exploración intelectual. Su agnosticismo no era una falta de convicción, sino una convicción en la vastedad de lo desconocido y en la limitación del conocimiento humano. En este espacio de incertidumbre, Borges encontraba una libertad para seguir explorando, cuestionando y maravillándose, sin la necesidad de respuestas absolutas que, a su juicio, a menudo simplifican la complejidad de la realidad.
Comparativa de Perspectivas sobre lo Divino
Para entender mejor la originalidad del pensamiento de Borges, es útil contrastar sus ideas con las de otros pensadores y tradiciones:
| Concepto / Pensador | Visión Tradicional/Unamuno | Visión de Jorge Luis Borges |
|---|---|---|
| Motivo de Creencia en Dios | Fe, revelación, consuelo. | Preocupación por la autocompasión humana; una fe digna no debería nacer de la lástima. |
| El Problema del Dolor | Misterio divino, prueba, redención. | El dolor (ej. de muelas) es una negación de un Dios todopoderoso y benevolente. |
| Necesidad de Inmortalidad | Esencial para la fe y la justicia divina (Unamuno). | No es necesaria; Dios podría no necesitar nuestra existencia continua. |
| La Teología | Sistema de verdades reveladas sobre Dios. | La máxima creación de la literatura fantástica, una obra de la imaginación humana. |
| Postura General | Creencia firme o ateísmo declarado. | Agnosticismo abierto: "Todo es posible, hasta Dios", sin certezas absolutas. |
Preguntas Frecuentes sobre Borges y Dios
¿Borges era ateo?
No, Borges no se consideraba un ateo. Su postura era más cercana al agnosticismo. Él mismo afirmó: "Yo no soy misionero cristiano ni del agnosticismo… Todo es posible, hasta Dios. Fíjese que ni siquiera estamos seguros de que Dios no exista." Es decir, no negaba la existencia de Dios de forma categórica, sino que mantenía una posición de incertidumbre y apertura.
¿Por qué dudaba Borges de la existencia de un Dios Todopoderoso?
Una de sus principales objeciones se basaba en la existencia del dolor y el sufrimiento en el mundo. Para él, la idea de un Dios omnipotente y benevolente era incompatible con la realidad del sufrimiento humano, incluso con un simple "dolor de muelas". Esto representaba para él una contradicción lógica en la concepción tradicional de Dios.
¿Qué relación veía Borges entre la teología y la literatura?
Borges consideraba la teología como la "máxima creación de la literatura fantástica". Admiraba su capacidad para construir conceptos y sistemas de pensamiento complejos y abstractos (como la idea de un ser perfecto, omnipotente) que, a su juicio, superaban en imaginación a las obras de grandes escritores de ficción. La veía como una disciplina que exploraba los límites de lo concebible.
¿Cómo veía Borges la inmortalidad?
A diferencia de pensadores como Unamuno, Borges no veía la inmortalidad como una necesidad o un atributo que Dios debiera proveer. Aceptaba la posibilidad de que el universo no lo necesitara más allá de su vida, mostrando una profunda humildad ante la escala cósmica y la finitud humana.
¿Qué significado tiene su frase "Prefiero decir como Shaw: «En vista de las circunstancias, he renunciado a las bondades del Cielo». Quizás el Infierno es un sitio más digno"?
Esta frase refleja su objeción a una fe basada en la autocompasión o el miedo. Borges prefería una postura de dignidad y honestidad intelectual, incluso si eso significaba renunciar a las promesas celestiales. Sugiere que la búsqueda de consuelo puede ser indigna, y que una aceptación estoica de la realidad, por dura que sea, es más valiosa que una fe forzada por la necesidad.
La visión de Borges sobre Dios es un testimonio de su inmensa honestidad intelectual y su insaciable curiosidad. Lejos de ofrecer respuestas dogmáticas, nos legó un modelo de pensamiento crítico y especulativo, donde la duda no es un vacío, sino un espacio fértil para la reflexión. Su agnosticismo no era una negación, sino una apertura a la infinita complejidad del universo y de la condición humana. Al final, lo que Borges nos enseña no es tanto qué creer sobre Dios, sino cómo aproximarse a las grandes preguntas de la existencia con lucidez, humildad y una profunda apreciación por la riqueza de la imaginación humana, incluso cuando esta se aventura en los reinos de lo divino.
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