¿Cuáles son los tres principios de la teoría de Kant?

Immanuel Kant: Los Pilares de la Razón Humana

09/07/2014

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La filosofía, en su incesante búsqueda de la verdad y el sentido, ha sido testigo de revoluciones que han redefinido el curso del pensamiento. Entre los arquitectos más influyentes de estas transformaciones, Immanuel Kant se erige como una figura central. Su obra, monumental y profunda, no solo desafió las concepciones metafísicas y éticas de su tiempo, sino que sentó las bases para gran parte de la filosofía moderna. Kant no solo preguntó qué podemos saber, sino que, con una audacia sin precedentes, también exploró lo que debemos hacer y lo que nos está permitido esperar. Sus indagaciones no fueron meros ejercicios intelectuales, sino un intento de trazar un mapa completo de la razón humana, delimitando sus poderes y sus fronteras.

¿Cuáles son las tres preguntas de Kant?
Kant sintetiza su pensamiento, y en general «el campo de la filosofía en sentido cosmopolita», en tres preguntas: «¿Qué debo hacer?, ¿Qué puedo saber?, ¿Qué me está permitido esperar?», que pueden resumirse en una sola: «¿Qué es el hombre?»20 A la primera interrogante trata de dar respuesta la moral.

En su afán por establecer la filosofía sobre cimientos firmes, Kant emprendió una crítica exhaustiva de la razón, tanto en su uso teórico como práctico. Esto lo llevó a confrontar las tradiciones filosóficas dominantes de su época: el racionalismo dogmático y el empirismo escéptico. Acompáñenos en este viaje a través de los pilares del pensamiento kantiano, desentrañando sus principios fundamentales y las preguntas trascendentales que aún resuenan en nuestra comprensión del mundo y de nosotros mismos.

Índice de Contenido

La Metafísica Antes de Kant: Un Campo de Batalla y el Despertar del Sueño Dogmático

Antes de Kant, la metafísica era un campo de batalla intelectual, un «mar sin riberas» donde los filósofos se enzarzaban en disputas interminables sin un progreso discernible. Kant, con su agudo diagnóstico, la comparó con el «tejido de Penélope», que se hace y se deshace sin cesar. Esta situación se debía, según él, a dos males fundamentales: la falta de progreso y la incapacidad de la metafísica para encontrar un «camino seguro de la ciencia», a diferencia de la lógica o las matemáticas.

El racionalismo, representado por figuras como Gottfried Leibniz y Christian Wolff, sostenía que el conocimiento metafísico podía derivarse completamente *a priori*, es decir, de principios puros de la razón, sin necesidad de la experiencia. Para estos pensadores, la metafísica era una ciencia deductiva, construida sobre conceptos puros del entendimiento, totalmente desconectada del mundo sensible. Kant, aunque inicialmente influenciado por esta tradición, percibió su limitación fundamental: al ignorar la experiencia, esta metafísica se extralimitaba, pretendiendo alcanzar conocimientos sobre objetos «suprasensibles» (como Dios o el alma) que no podían ser dados en la intuición.

Por otro lado, el empirismo, ejemplificado por David Hume, llevó el escepticismo a sus últimas consecuencias. Hume argumentó que todo conocimiento proviene de las impresiones sensibles y que no podemos tener un conocimiento necesario de las conexiones causales o de la universalidad de las leyes. Esta postura, que despertó a Kant de su «sueño dogmático», negaba la posibilidad misma de la metafísica al reducir las ideas a meras impresiones debilitadas, sin capacidad de universalidad o necesidad. Hume, al no reconocer la existencia del conocimiento *a priori*, socavaba la base de toda ciencia.

Kant entendió que la solución a estos dilemas no residía en abrazar uno de los extremos, sino en una síntesis crítica. Era necesario reconocer la importancia de la experiencia (contra el racionalismo dogmático) y, a la vez, la existencia de un conocimiento *a priori* (contra el empirismo escéptico). Esta doble tarea requería una investigación profunda de las facultades del conocimiento humano, una «crítica de la razón pura», que estableciera sus fuentes, su extensión y, crucialmente, sus límites.

El Giro Copernicano: Cómo la Mente Modela la Realidad

La respuesta de Kant a la crisis de la metafísica fue el Idealismo Trascendental, una de las ideas más revolucionarias de la filosofía. Al igual que Copérnico invirtió la visión geocéntrica del universo, Kant propuso que, en lugar de que nuestro conocimiento se ajuste a los objetos, los objetos de nuestra experiencia se ajustan a nuestra forma de conocer. Esto implica una distinción fundamental: entre los fenómenos y los noúmenos.

  • Los fenómenos son las cosas tal como se nos aparecen, es decir, las cosas que podemos experimentar. Constituyen el mundo natural y observable, que existe en el espacio y el tiempo.
  • Los noúmenos son las cosas en sí mismas, independientemente de cómo se nos aparecen o de nuestra capacidad de experimentarlas. Objetos «suprasensibles» como Dios o el alma pertenecen a este reino.

Kant argumentó que solo podemos tener conocimiento de los fenómenos. Nuestro intelecto posee dos facultades cognitivas fundamentales que trabajan en conjunto para hacer posible la experiencia:

  • La Sensibilidad: Es una facultad pasiva que recibe representaciones a través de la afección de los objetos en los sentidos. Aporta las «intuiciones», que son representaciones singulares e inmediatas. Dentro de la sensibilidad, existen las «intuiciones puras» de espacio y tiempo, que no son propiedades de las cosas en sí mismas, sino formas *a priori* de nuestra intuición, condiciones subjetivas universales para que cualquier objeto pueda aparecerse a nosotros.
  • El Entendimiento: Es una facultad activa que «piensa» los objetos dados por la sensibilidad, aplicando «conceptos» a ellos. Los conceptos puros del entendimiento, o «categorías», son estructuras *a priori* que organizan nuestras intuiciones y nos permiten formar juicios sobre los objetos de la experiencia. Ejemplos de categorías incluyen la causalidad, la sustancia y la unidad.

La interacción de estas dos facultades es indispensable para el conocimiento. Como célebremente afirmó Kant: «Los pensamientos sin contenido son vacíos; las intuiciones sin conceptos son ciegas». Esto significa que sin la experiencia sensible, nuestros conceptos no tendrían nada a lo que referirse, y sin los conceptos del entendimiento, nuestras sensaciones serían un caos ininteligible. El conocimiento, por tanto, surge de la síntesis de intuiciones y conceptos.

Además, Kant introdujo la noción de «conocimiento sintético *a priori*». A diferencia de los juicios analíticos (cuya verdad se deriva de la relación de los conceptos, como «todos los solteros son no casados») y los juicios sintéticos *a posteriori* (que amplían nuestro conocimiento a través de la experiencia, como «esta mesa es de madera»), los juicios sintéticos *a priori* amplían nuestro conocimiento y son universales y necesarios, pero no derivan de la experiencia. Las matemáticas y los principios fundamentales de la física son ejemplos de este tipo de conocimiento, posibles gracias a las intuiciones puras de espacio y tiempo y a las categorías del entendimiento.

Las Tres Preguntas Fundamentales de Kant: Un Mapa de la Existencia Humana

Kant sintetizó todo el interés de su razón en tres preguntas cruciales, que abordan las dimensiones más profundas de la experiencia humana y que, a su vez, pueden resumirse en una sola: «¿Qué es el hombre?»

PreguntaÁrea FilosóficaConceptos Clave
¿Qué puedo saber?Razón Teórica (Epistemología, Metafísica)Fenómenos, Noúmenos, Ideas Trascendentales (Alma, Mundo, Dios)
¿Qué debo hacer?Razón Práctica (Ética)Imperativo Categórico, Deber, Autonomía, Buena Voluntad
¿Qué me está permitido esperar?Razón Práctica (Religión, Escatología)Postulados de la Razón Práctica (Libertad, Inmortalidad, Dios), Sumo Bien

I. ¿Qué puedo saber? (Los Límites del Conocimiento Teórico)

La primera pregunta se aborda principalmente en la *Crítica de la Razón Pura*. Kant demostró que la razón teórica tiene límites estrictos. Al intentar ir más allá de la experiencia posible, cae en lo que él llamó «ilusión trascendental», un engaño inherente a la estructura de la razón misma. La razón, en su afán de unificar el conocimiento y alcanzar lo incondicionado, genera «ideas trascendentales» que no corresponden a objetos de la experiencia:

  • El Alma (Paralogismos de la Razón Pura): La psicología racional tradicional intentaba demostrar la sustancialidad, simplicidad e inmortalidad del alma a partir de la proposición «yo pienso». Kant argumenta que esto es un paralogismo, un razonamiento falaz. El «yo pienso» es una condición formal de toda representación, pero no nos da conocimiento del yo como un objeto sustancial en sí mismo. No podemos tener intuición del alma; solo la pensamos como sujeto de nuestros pensamientos, no como un objeto dado.
  • El Mundo como Totalidad (Antinomias de la Razón Pura): La razón, al intentar concebir el universo como un todo (el cosmos), cae en antinomias, es decir, contradicciones en las que puede probarse tanto una proposición como su opuesta con igual validez lógica. Por ejemplo, se puede argumentar que el mundo es finito o infinito en espacio y tiempo, o que la materia es infinitamente divisible o tiene partes simples. Kant resuelve estas antinomias al afirmar que la pregunta misma es ilegítima, ya que el mundo como totalidad no es un objeto de experiencia posible. El idealismo trascendental permite ver que estas contradicciones surgen al aplicar conceptos del entendimiento (que solo valen para fenómenos) a las cosas en sí.
  • Dios (Ideal de la Razón Pura): La razón busca una causa última y un ser absolutamente necesario. Esto la lleva a la idea de Dios como el «ser más real» (ens realissimum) y ser necesario. Sin embargo, Kant critica y refuta los argumentos tradicionales para la existencia de Dios:
    • Argumento Ontológico: Intenta deducir la existencia de Dios de la mera idea de un ser perfecto. Kant objeta que la existencia no es un «predicado real» que pueda añadirse a un concepto. Pensar en un ser perfecto no implica que exista.
    • Argumento Cosmológico: Intenta inferir un ser necesario a partir de la existencia de seres contingentes. Kant sostiene que este argumento, en última instancia, se apoya en el argumento ontológico para establecer la necesidad del ser.
    • Argumento Físico-Teológico (del diseño): Infieren un diseñador inteligente del orden y la finalidad del mundo. Kant valora este argumento por su atractivo intuitivo, pero concluye que solo puede probar la existencia de un arquitecto del mundo, no de un creador omnipotente, y que también depende de los argumentos anteriores.

En resumen, Kant concluye que la razón teórica no puede proporcionar conocimiento positivo sobre el alma, el mundo como totalidad o Dios. Estos son objetos «trascendentes» que están más allá de los límites de la experiencia posible. Cualquier intento de conocerlos conduce a la confusión y a la «metafísica dogmática», que Kant considera una empresa infructuosa.

¿Cuáles son las tres ideas trascendentales de Kant?
La Dialéctica Trascendental de la primera Crítica ofrece una aplicación de esta idea. Kant insiste en que solo existen tres ideas trascendentales : el sujeto pensante (o alma), el mundo en su conjunto (el universo, o la totalidad del tiempo y el espacio) y un ser de todos los seres (es decir, Dios) (A334/B391).

II. ¿Qué debo hacer? (La Voz de la Moralidad)

La segunda pregunta central de Kant se aborda en la *Crítica de la Razón Práctica* y la *Fundamentación para una Metafísica de las Costumbres*. Aquí, Kant se distancia de las éticas anteriores, que consideraba «empíricas» (basadas en la felicidad, la utilidad o el sentimiento), para proponer una ética «formal» y universal. Para Kant, la moralidad no se basa en lo que nos hace felices, sino en el deber que surge de la razón misma.

El punto de partida de su ética es la Buena Voluntad. Para Kant, lo único incondicionalmente bueno en el mundo es una buena voluntad. Otras cosas que consideramos buenas (talentos, riquezas, incluso la felicidad) pueden ser usadas para fines malvados, por lo que su bondad es siempre condicional. Una buena voluntad es buena en sí misma, no por los resultados que logre, sino por su intención, por actuar por deber y no solo conforme al deber.

La moralidad se expresa a través de «imperativos». A diferencia de los «imperativos hipotéticos» (que son condicionales, como «si quieres ser rico, trabaja duro»), la ley moral se presenta como un Imperativo Categórico: un mandato incondicional que obliga a todos los seres racionales, independientemente de sus deseos o inclinaciones. Es universal, formal y autónomo, es decir, la ley moral no viene de fuera, sino que es autoimpuesta por la propia razón del individuo.

Kant formuló el Imperativo Categórico de varias maneras, consideradas equivalentes:

  1. Fórmula de la Ley Universal: «Obra solo según una máxima tal que puedas al mismo tiempo querer que se torne en ley universal». Esto significa que una acción es moralmente correcta si la regla subyacente (máxima) puede ser universalizada sin contradicción. Si mentir para salir de un apuro fuera una ley universal, la confianza se destruiría, y la mentira misma perdería su sentido.
  2. Fórmula de la Humanidad como Fin: «Obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre a la vez como un fin y nunca solamente como un medio». Esta formulación subraya la dignidad intrínseca de los seres racionales. Las personas no deben ser utilizadas como meros instrumentos para los fines de otros, sino que deben ser respetadas como seres autónomos con valor en sí mismos.
  3. Fórmula del Reino de los Fines: «Obra como si por medio de tus máximas fueras siempre un miembro legislador en un reino universal de los fines». Esta visión utópica concibe una sociedad ideal donde todos los individuos, como seres racionales y autónomos, actúan según leyes que ellos mismos se darían, reconociendo y respetando la dignidad de todos los demás.

La ética kantiana es, por tanto, una ética del deber y la autonomía. Ser moral es actuar racionalmente, de acuerdo con principios que podrías querer que fueran válidos para todos.

III. ¿Qué me está permitido esperar? (Fe Racional y Esperanza)

La tercera pregunta de Kant explora la relación entre la moralidad y la esperanza, y se aborda en el contexto de los «Postulados de la Razón Práctica». Aunque la razón teórica no puede conocer la realidad de la libertad, la inmortalidad o Dios, la razón práctica nos lleva a postular su existencia como condiciones necesarias para que la moralidad tenga sentido y para la consecución del «Sumo Bien».

Los Postulados de la Razón Práctica son:

  • Libertad: La moralidad solo es posible si somos libres. Si nuestras acciones estuvieran completamente determinadas por causas naturales, no habría lugar para la responsabilidad moral o el deber. El «debes, luego puedes» de Kant significa que la conciencia del deber moral implica la posibilidad de cumplirlo, y esta posibilidad presupone la libertad. Es una libertad «trascendental», no empíricamente observable, pero necesaria para la imputación moral.
  • Inmortalidad del alma: La perfección moral, la «santidad», es un ideal que ningún ser racional finito puede alcanzar en esta vida. Sin embargo, la ley moral nos exige un progreso continuo e ilimitado hacia esa perfección. Para que este progreso sea posible y tenga sentido, Kant postula una existencia continua e infinita del alma.
  • Existencia de Dios: La moralidad nos exige buscar el «Sumo Bien», que Kant define como la unión de la virtud (la moralidad) y la felicidad en proporción directa a aquella. Sin embargo, en el mundo empírico, no hay garantía de que la virtud lleve a la felicidad; de hecho, a menudo ocurre lo contrario. Para resolver esta discrepancia y asegurar que el Sumo Bien sea posible, Kant postula la existencia de Dios como un ser moralmente perfecto y omnipotente que puede garantizar la armonía entre la virtud y la felicidad en un futuro.

Estos postulados no son conocimientos teóricos, sino exigencias de la razón práctica. No nos dicen que Dios existe o que somos inmortales en un sentido verificable, sino que debemos creerlo para que nuestra vida moral tenga coherencia y propósito. Esta es la famosa frase de Kant: «Tuve que suprimir el saber para dejar sitio a la fe», refiriéndose a la fe racional, no a la fe religiosa dogmática. La razón práctica tiene la «primacía» sobre la teórica porque es la que nos da acceso a estas verdades necesarias para la vida moral.

La Unidad de la Razón: Más Allá de la Separación

Aunque Kant distingue entre razón teórica y práctica, insiste en que, en última instancia, hay «solo una y la misma razón», que difiere meramente en su aplicación. La búsqueda de la unidad es una «necesidad innegable de la razón humana». Esta unidad se manifiesta en las «máximas de la razón» o «máximas del entendimiento humano común», que guían tanto el pensar como el actuar:

  1. Pensar por uno mismo (Máxima del pensamiento desprejuiciado): Implica liberarse de la «inmadurez auto-infligida», es decir, de la dependencia acrítica de la autoridad de otros (prejuicios, supersticiones). Es el lema de la Ilustración: «¡Sapere aude!» (¡Atrévete a saber!). Se refiere a la autonomía en el juicio, a la capacidad de usar la propia razón sin la guía de otro.
  2. Ponerse en el lugar del otro (Máxima del pensamiento ampliado): Requiere tener en cuenta la perspectiva de los demás al formar nuestros juicios y acciones. La comunicación y el diálogo son esenciales para evitar la unilateralidad y la subjetividad, y para alcanzar una validez universal.
  3. Pensar consecuentemente consigo mismo (Máxima del pensamiento coherente): Exige la coherencia interna en nuestros pensamientos y acciones. No se trata solo de evitar contradicciones lógicas, sino de mantener una disciplina mental que integre los dos primeros principios. La coherencia solo se logra a través de un esfuerzo constante por juzgar de forma autónoma y de exponer los propios juicios al escrutinio universal.

Estas máximas se relacionan directamente con el Imperativo Categórico, que también exige universalidad, autonomía y respeto por la humanidad. La razón, tanto en su uso teórico como práctico, aspira a la universalidad y a la posibilidad de que sus principios puedan ser compartidos por todos los seres racionales.

Un concepto crucial para esta unidad es el «uso público de la razón». En su ensayo «¿Qué es la Ilustración?», Kant argumenta que la libertad más inofensiva y necesaria para la Ilustración es la libertad de hacer «uso público de la propia razón en todos los asuntos». Este uso público se refiere a la libertad de un «erudito» o «pensador» para expresar sus ideas y críticas ante la «totalidad del público lector del mundo», sin restricciones por su posición privada (como funcionario, militar o clérigo). En contraste, el «uso privado de la razón» se refiere a la aplicación de la razón en el cumplimiento de un rol o función específica, donde se debe obedecer sin cuestionar públicamente. Kant vio esto como un equilibrio necesario para el progreso social: se obedece en el ámbito privado, pero se critica libremente en el ámbito público, impulsando así el avance de la razón y la sociedad hacia un futuro de paz perpetua y justicia.

Metafísica en Kant: ¿Una Ciencia Imposible o Redefinida?

A pesar de su demoledora crítica a la metafísica dogmática, Kant no declaró imposible *toda* metafísica. Por el contrario, la consideraba una «aspiración irrenunciable del espíritu humano», un «coronamiento de todo el desarrollo de la razón humana». Lo que Kant buscaba era una metafísica redefinida, una metafísica crítica que, consciente de sus límites, pudiera establecer los principios *a priori* de la experiencia y la moralidad.

¿Qué dice Kant de la metafísica?
A pesar de todo, Kant entiende que la Metafísica es "el coronamiento de la razón humana" y lo mismo que incita a la extralimitación, puede ser, si se mira críticamente, instrumento de corrección de errores: Por ello mismo es también la metafísica lo que corona todo el desarrollo de la razón humana.

La metafísica que Kant criticó era aquella que pretendía conocer objetos trascendentes (más allá de la experiencia) de forma especulativa, a partir de meros conceptos puros. Esta era la metafísica racionalista, que él consideraba una «logomaquia» vacía. En este punto, encontramos una fascinante coincidencia con el pensamiento de Tomás de Aquino, a pesar de sus profundas diferencias sistemáticas:

AspectoImmanuel KantTomás de Aquino
Origen del ConocimientoLa mente impone estructuras *a priori* (espacio, tiempo, categorías) a la experiencia. No hay intuición intelectual de lo material singular o de lo inmaterial.Todo conocimiento intelectual parte de la experiencia sensible (principio: «nada hay en el intelecto que no haya estado antes en los sentidos»). El intelecto abstrae las formas universales de lo material.
Conocimiento de lo Inmaterial/DiosImposible para la razón teórica. Las «ideas trascendentales» (Dios, alma) son conceptos de la razón, no objetos de conocimiento. Solo postulados de la razón práctica.No hay intuición directa de lo espiritual o de la esencia divina. El conocimiento de Dios es «negativo» (lo que no es) y por «analogía» (a partir de los efectos en el mundo), pero no un conocimiento exhaustivo de su esencia.
Límites del Conocimiento MetafísicoEstrictos: limitado a los fenómenos (lo experimentable). La metafísica dogmática (conocimiento de lo «en sí») es una «ilusión trascendental» y conduce a antinomias.Existen límites claros: el intelecto humano, al ser forma de un cuerpo, tiene como objeto adecuado la esencia de lo material. El conocimiento de lo inmaterial es «desproporcionado», indirecto y siempre limitado.
Crítica a la «Ontoteología»Critica la metafísica dogmática que pretende conocer a Dios como objeto supremo del ser, derivando su existencia de meros conceptos (*a priori*).Critica la idea de que lo primero en el ser sea lo primero en el conocimiento. Rechaza argumentos *a priori* para la existencia de Dios y enfatiza el camino *a posteriori* y analógico, que reconoce la finitud del ser conocido.

Ambos filósofos, a pesar de partir de epistemologías radicalmente distintas, comparten la convicción de que la metafísica humana está intrínsecamente limitada. Kant denuncia la «ontoteología» que pretende derivar la existencia de Dios de meros conceptos, una empresa que, para él, carece de fundamento real. Tomás de Aquino, por su parte, aunque admite un conocimiento existencial de Dios a partir de la creación (vía *a posteriori*), insiste en que nuestro conocimiento de la esencia divina es eminentemente negativo y analógico, nunca una intuición directa o completa. El «ser» (ens) de la metafísica tomista es el ser finito, no un «ser que abstrae de lo finito y lo infinito» como en la tradición escolástica posterior.

La crítica kantiana, por tanto, fue eficaz contra la metafísica racionalista de su tiempo, que era la única que él conocía. Sin embargo, no invalida una metafísica que, como la aristotélica-tomista, parte de la experiencia sensible y asciende, con humildad y consciente de sus limitaciones, hacia un conocimiento analógico y negativo de lo inmaterial. Kant nos legó no una metafísica total, sino una «metafísica de la moral» y una «metafísica de la naturaleza», que establecen los principios *a priori* que hacen posible la experiencia y la vida moral.

En última instancia, la filosofía de Kant es un llamado a la humildad intelectual y a la responsabilidad moral. Nos invita a reconocer que, aunque no podemos conocerlo todo, sí podemos actuar de acuerdo con la razón, construir un mundo más justo y mantener la esperanza en un futuro donde la virtud sea recompensada. Su legado sigue siendo un faro para quienes buscan navegar las complejidades de la razón y la existencia humana.

Preguntas Frecuentes (FAQ)

¿Qué es el Idealismo Trascendental de Kant?

Es la teoría filosófica de Kant que postula que nuestra experiencia del mundo no es un reflejo directo de las cosas en sí mismas (noúmenos), sino que está moldeada por las estructuras *a priori* de nuestra mente, como el espacio, el tiempo y las categorías del entendimiento. Solo podemos conocer los fenómenos, es decir, las cosas tal como se nos aparecen.

¿Cuál es la diferencia entre fenómenos y noúmenos?

Los fenómenos son los objetos de nuestra experiencia, las cosas tal como las percibimos y las entendemos. Los noúmenos son las cosas en sí mismas, su realidad subyacente e independiente de nuestra percepción. Según Kant, solo podemos tener conocimiento de los fenómenos, mientras que los noúmenos son incognoscibles para la razón teórica.

¿Qué es el Imperativo Categórico?

Es el principio supremo de la moralidad en la filosofía de Kant. Es un mandato incondicional y universal que nos dice cómo debemos actuar, independientemente de nuestros deseos o las consecuencias. Se diferencia de los imperativos hipotéticos (condicionales) y se formula de varias maneras, siendo la más conocida: «Obra solo según una máxima tal que puedas al mismo tiempo querer que se torne en ley universal».

¿Por qué Kant dice que no podemos conocer a Dios pero debemos creer en Él?

Kant argumenta que la existencia de Dios no puede ser probada por la razón teórica (no es un objeto de experiencia posible y los argumentos tradicionales son falaces). Sin embargo, postula la creencia en Dios como una necesidad de la razón práctica. Para que el «Sumo Bien» (la unión de virtud y felicidad proporcionada) sea posible en un futuro, es racionalmente necesario postular un ser que garantice esta armonía, y ese ser es Dios.

¿Qué significa «Sapere aude!» en la filosofía de Kant?

«Sapere aude!» (¡Atrévete a saber!) es el lema de la Ilustración, según Kant. Significa tener el valor de usar la propia razón y el propio entendimiento sin la guía de otro. Es un llamado a la autonomía intelectual y a la liberación de la inmadurez auto-infligida por la dependencia de dogmas o autoridades externas.

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