21/04/2023
La frase “Todo lo que ates en la tierra, será atado en el cielo; todo lo que desates en la tierra, será desatado en el cielo” pronunciada por Jesús, resuena a través de los siglos, invitándonos a reflexionar sobre un poder y una responsabilidad que trascienden lo meramente humano. Estas palabras, que se encuentran en el Evangelio de Mateo, han sido objeto de diversas interpretaciones a lo largo de la historia, generando un rico debate teológico sobre su verdadero alcance y aplicación. Al igual que el filósofo Gabriel Marcel sugirió que decir “Te amo” a alguien es afirmar “Nunca morirás”, o como la Beata Magdalena Panattieri expresó su deseo de que sus seres queridos estuvieran con ella en el cielo, la capacidad de “atar y desatar” se presenta como un vínculo profundo entre la voluntad divina y la acción humana.

Este artículo busca explorar las múltiples facetas de esta metáfora bíblica, desentrañando su significado a la luz de diferentes contextos y perspectivas. ¿Es un poder reservado para unos pocos elegidos, o una autoridad conferida a todos los creyentes? ¿Se refiere a la dispensación de la misericordia y el perdón, o a la regulación de la vida eclesiástica? Acompáñenos en este viaje para comprender cómo esta poderosa expresión bíblica impacta nuestra comprensión de la fe, el amor, la autoridad y la comunidad cristiana.
El Amor como Vínculo Salvífico: Una Perspectiva de Misericordia
Una de las interpretaciones más conmovedoras de “atar y desatar” se centra en el poder del amor y la misericordia. Desde esta perspectiva, la capacidad de atar y desatar se entiende como la facultad de los cristianos, como miembros del Cuerpo de Cristo, de ser canales de la gracia y el perdón de Dios. Es la capacidad de ser un “cordón salvador” que conecta a otros con la familia divina. Si una persona está conectada con nosotros a través del amor, está intrínsecamente conectada con Cristo y, por ende, con la comunidad de salvación.
El Padre Ron Rolheiser ilustra esta idea con un ejemplo poderoso: si amamos a un familiar o amigo que se ha alejado de la fe o se muestra indiferente a la religión, ese vínculo de amor actúa como una conexión inquebrantable. Mientras exista ese amor, y la persona no lo rechace, no puede perderse. Este concepto resuena con la afirmación de Gabriel Marcel de que amar a alguien es decirle “Nunca morirás”, sugiriendo que el amor tiene una cualidad perdurable y salvífica que trasciende las barreras humanas. Para Rolheiser, la objeción de que “solo Cristo tiene este poder” es irónica, ya que los creyentes son el Cuerpo de Cristo; es Cristo quien actúa a través de ellos. Y la objeción de que “es demasiado bueno para ser verdad” es, precisamente, la esencia de la encarnación: Dios se hizo hombre para hacer posible lo que parecía imposible.
Esta visión enfatiza que el amor es el poder supremo en la vida, siendo Dios mismo amor. Cuando amamos a alguien y ese amor es recíproco, nuestra pertenencia al cuerpo de Cristo nos concede la autoridad de incluir a ese ser amado en nuestra visión del cielo, tal como lo expresó la Beata Magdalena Panattieri. Es una visión que subraya la naturaleza inclusiva y redentora del amor divino manifestado a través de los creyentes.
¿Poder Exclusivo de Pedro o de Toda la Iglesia?
La frase “atar y desatar” aparece en Mateo 16:19, donde Jesús se dirige específicamente a Pedro después de su confesión de fe: “Tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi comunidad… Te daré las llaves del reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.” A primera vista, esto podría sugerir que este poder es exclusivo de Pedro y, por extensión, de la jerarquía eclesiástica.
Sin embargo, la misma garantía se repite en Mateo 18:18, esta vez dirigida a todos los discípulos de Jesús (el “tú” singular de 16:19 se convierte en un “ustedes” plural en 18:18). Esto lleva a la interpretación de que el poder de atar y desatar, aunque entregado a Pedro como figura central y fundamento de la iglesia, se extiende a toda la comunidad de creyentes. Cuando los creyentes hacen la misma confesión de fe que Pedro, reconociendo a Jesús como el Cristo, el Hijo del Dios viviente, ellos también se convierten en parte de esa “roca” inquebrantable y participan de esta autoridad divina.

El P. Ron Rolheiser argumenta que es esta confesión de fe y amor lo que constituye la “roca” contra la cual ningún poder, ni siquiera el infierno, puede prevalecer. Al confesar la fe, los creyentes se convierten en miembros del Cuerpo de Cristo, y al tocarlos, la gente toca a Cristo mismo. Jesús aseguró: “el que cree en mí, hará las mismas obras que yo mismo, y aún mayores obras” (Juan 14:12), lo que refuerza la idea de una autoridad compartida por los creyentes.
Atar y Desatar en el Contexto Rabínico: Ley y Autoridad
Para entender plenamente el significado de “atar y desatar”, es crucial considerar su uso idiomático en el judaísmo rabínico de la época de Jesús. Entre los rabinos, estos términos eran expresiones comunes para denotar tipos de conducta que estaban prohibidas (“atadas”) o permitidas (“desatadas”). También se referían a la imposición de una prohibición o excomunión (“atar”) o a la restauración de una persona a la comunidad (“desatar”).
Murray J. Harris explica que Jesús utilizó estos términos para describir la autoridad de Pedro (y por extensión de la iglesia) en la proclamación del evangelio del reino. En este sentido, “atar” significaría cerrar el reino a aquellos que permanecen impenitentes e incrédulos, mientras que “desatar” significaría abrir el reino a quienes se arrepienten y creen. Cuando los evangelistas declaran el perdón de pecados a quienes creen en Jesús, están “desatando” a esas personas, haciendo eco en la tierra de un veredicto ya establecido en el cielo.
Esta interpretación subraya que la iglesia no está creando nuevas reglas, sino que está declarando y ejecutando en la tierra un decreto divino ya establecido. Es una confirmación de la voluntad de Dios, no una imposición de la voluntad humana sobre Dios.
Autoridad en la Disciplina Eclesiástica: Mateo 18:18-20
El pasaje de Mateo 18:18-20 a menudo se malinterpreta como una promesa de poder ilimitado en la oración de acuerdo, pero su contexto real es la disciplina eclesiástica. David Christensen argumenta que estos versículos son una continuación de la enseñanza de Jesús sobre la corrección y la disciplina dentro de la asamblea (Mateo 18:15-17).
Jesús describe un proceso de tres pasos para la disciplina: confrontación privada, confrontación con testigos (dos o tres), y finalmente, si no hay arrepentimiento, llevar el asunto a la asamblea. En este contexto, “atar y desatar” se refiere a la autoridad de la iglesia para tomar decisiones judiciales sobre sus miembros. “Atar” significa prohibir, imponer una sanción o, en casos extremos, excomulgar a alguien de la comunidad. “Desatar” significa permitir, perdonar o restaurar a la persona a la comunión.

La construcción griega “shall have been bound in heaven” (habrá sido atado en el cielo) sugiere que la iglesia no está ratificando las decisiones de Dios, sino que está ejecutando en la tierra decisiones que ya han sido tomadas o establecidas en el cielo. La autoridad de la iglesia en la disciplina proviene de la autoridad conferida por el cielo. Cuando la iglesia sigue el proceso de disciplina delineado por Jesús, sus decisiones están alineadas con la voluntad de Dios y respaldadas por Su autoridad.
El “cualquier cosa que pidan” en Mateo 18:19, en este contexto, no se refiere a peticiones de oración en general, sino a la resolución de disputas o asuntos legales dentro de la comunidad. El término griego puede significar “demanda judicial” o “caso legal”. Y la referencia a “dos o tres” en el versículo 20 no se refiere a la cantidad de personas orando, sino a la cantidad de jueces necesarios para emitir un veredicto en la ley rabínica. Jesús promete su presencia y autoridad cuando la iglesia se reúne para deliberar sobre decisiones disciplinarias, asegurando que sus juicios justos reflejan la voluntad divina.
Tabla Comparativa de Interpretaciones de “Atar y Desatar”
| Aspecto | Perspectiva de la Misericordia (P. Rolheiser) | Perspectiva Rabínica/Eclesiástica (M. Harris/D. Christensen) |
|---|---|---|
| Enfoque Principal | Dispensar misericordia y perdón a través del amor. | Regular la conducta y aplicar disciplina eclesiástica. |
| Quien lo Ejerce | Todos los creyentes como Cuerpo de Cristo. | Pedro y, por extensión, toda la iglesia en su función judicial. |
| Significado de “Atar” | Mantener a alguien conectado por el amor; no permitir que se pierda. | Prohibir, declarar impenitente, excomulgar. |
| Significado de “Desatar” | Conectar a alguien con Cristo y la salvación a través del amor. | Permitir, perdonar, restaurar a la comunión. |
| Relación con el Cielo | El amor en la tierra resuena con la voluntad divina de salvación. | La iglesia ejecuta en la tierra decisiones ya establecidas en el cielo. |
| Contexto Bíblico Clave | Mateo 16:19, Juan 14:12 (énfasis en el amor). | Mateo 16:19, Mateo 18:18-20 (énfasis en autoridad y disciplina). |
Tabla Comparativa: Mateo 16:19 vs. Mateo 18:18
| Característica | Mateo 16:19 | Mateo 18:18 |
|---|---|---|
| Destinatario | Pedro (singular “tú”) | Los Discípulos (plural “ustedes”) |
| Contexto Inmediato | Confesión de fe de Pedro, fundación de la iglesia. | Proceso de disciplina eclesiástica. |
| Las “Llaves del Reino” | Mencionado explícitamente a Pedro. | No mencionado directamente, pero implícito en la autoridad. |
| Implicación | Autoridad fundacional y de liderazgo de Pedro. | Autoridad judicial y de discernimiento de la comunidad. |
| Significado Implícito | Poder para admitir o excluir del reino. | Poder para regular la vida moral y la comunión de la iglesia. |
El Amor: La Roca Inquebrantable
Independientemente de la interpretación específica, el hilo conductor que une todas las comprensiones de “atar y desatar” es el amor. El amor es la fuerza fundamental que subyace a la misericordia, al perdón, y también a la disciplina justa. Dios es amor, y al final, solo el amor prevalecerá. Incluso a un nivel puramente humano, el amor demuestra ser una fuerza capaz de resistirlo todo, una verdadera roca sobre la cual se puede construir. Esta verdad se magnifica exponencialmente dentro del contexto de la encarnación, donde el amor divino se manifiesta a través de la humanidad de Cristo y, por extensión, a través de Su Cuerpo, la Iglesia.
Cuando amamos, no solo estamos expresando un sentimiento, sino que estamos participando en la naturaleza misma de Dios. Este amor, en su forma más pura y sacrificial, se convierte en el fundamento sobre el cual Jesús edificó Su iglesia. Por lo tanto, cuando amamos a alguien y ese amor es correspondido, nuestra conexión con el Cuerpo de Cristo nos habilita para una declaración profunda: nuestro cielo, nuestra visión de la salvación, incluye a ese ser amado. Este es un recordatorio poderoso de que la autoridad de atar y desatar no es un poder arbitrario, sino uno arraigado en el amor que busca la reconciliación y la salvación.
Preguntas Frecuentes sobre “Atar y Desatar”
A menudo, la frase “atar y desatar” genera muchas dudas y malentendidos. A continuación, abordamos algunas de las preguntas más comunes para clarificar su significado.
¿Significa “atar y desatar” que podemos atar demonios?
Aunque el lenguaje de “atar” puede evocar imágenes de restricción de fuerzas malignas, la interpretación predominante en los contextos de Mateo 16 y 18, basada en el uso rabínico, se refiere a la autoridad para prohibir o permitir, y para ejercer disciplina dentro de la comunidad de fe. Si bien la Biblia habla de la autoridad de Jesús sobre los demonios y la de los creyentes para resistirlos, el significado primario de “atar y desatar” en estos pasajes no se centra en la guerra espiritual directa contra entidades demoníacas, sino en la autoridad judicial y moral de la iglesia. Sin embargo, algunos interpretan que la autoridad sobre los espíritus, tanto buenos como malos, está implícita en la capacidad de ejercer autoridad espiritual en nombre de Dios.

¿Es una “fórmula mágica” para que Dios haga lo que queramos en oración?
No. Interpretar Mateo 18:18-20 como una “oración de acuerdo” que obliga a Dios a conceder cualquier petición es sacar los versículos de su contexto. Como se explicó, el contexto de Mateo 18 es la disciplina eclesiástica y la resolución de disputas dentro de la comunidad. La promesa de que “donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” se refiere a la presencia de Cristo respaldando las decisiones justas y guiadas por el Espíritu Santo que la iglesia toma en asuntos de disciplina y reconciliación, no a una garantía incondicional de cualquier petición de oración.
¿Quién tiene el poder de atar y desatar?
Inicialmente, Jesús se lo confiere a Pedro (Mateo 16:19) como figura central de la iglesia. Sin embargo, en Mateo 18:18, extiende esta autoridad a todos los discípulos, y por extensión, a toda la iglesia. Esto significa que la autoridad para “atar y desatar” no es exclusiva de una persona o de la jerarquía, sino que reside en la comunidad de creyentes que confiesa a Jesús como el Cristo y actúa bajo la guía del Espíritu Santo. Es una autoridad que se ejerce en el contexto de la fe, el amor y la obediencia a las enseñanzas de Jesús.
¿Cómo se aplica “atar y desatar” en la vida cristiana hoy?
En la vida cristiana contemporánea, “atar y desatar” se manifiesta de varias maneras. Puede implicar la autoridad para declarar el perdón de pecados a aquellos que se arrepienten y creen en Cristo, liberándolos de la culpa. También se aplica en la disciplina de la iglesia, cuando se toman decisiones difíciles para corregir el pecado, restaurar a los arrepentidos a la comunión o, en casos extremos, remover a alguien que persiste en el pecado y no muestra arrepentimiento. Además, puede entenderse como la autoridad para establecer principios morales y éticos para la comunidad, declarando lo que es permitido (desatado) o prohibido (atado) según la voluntad de Dios revelada en las Escrituras. En un sentido más amplio y personal, es la capacidad de los creyentes para llevar la presencia de Cristo y su poder transformador a sus relaciones, actuando como agentes de reconciliación y amor.
¿Cuál es la relación entre el amor y “atar y desatar”?
La relación entre el amor y “atar y desatar” es fundamental. Desde la perspectiva de la misericordia, el amor es el vínculo que impide que una persona se pierda, conectándola con la salvación. En el contexto de la disciplina, el amor es la motivación subyacente de la corrección, buscando siempre la restauración y la reconciliación del individuo con Dios y la comunidad. El amor es la “roca” sobre la cual Jesús edificó Su iglesia, y es el poder supremo que valida y da sentido a la autoridad de atar y desatar. Sin amor, cualquier ejercicio de esta autoridad carecería de su esencia divina y de su propósito redentor.
En conclusión, “atar y desatar” es una metáfora rica y multifacética que encierra el poder y la responsabilidad de la iglesia y de cada creyente. No es una fórmula mágica ni un poder arbitrario, sino una autoridad divina delegada para manifestar el Reino de Dios en la tierra. Ya sea a través de la proclamación del perdón, la disciplina eclesiástica o la extensión del amor incondicional, los creyentes son llamados a ser instrumentos de la voluntad de Dios, atando lo que está atado en el cielo y desatando lo que está desatado. Es un recordatorio de la profunda conexión entre nuestras acciones en la tierra y su resonancia eterna en el cielo, todo ello fundamentado en el amor inquebrantable de Dios.
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