20/02/2013
La historia de la fundación de una de las civilizaciones más influyentes de la humanidad, la Antigua Roma, está envuelta en un velo de mitos y leyendas que se entrelazan con sus orígenes más profundos. Más allá de los registros históricos y arqueológicos, es el relato épico de dos hermanos, Rómulo y Remo, el que ha capturado la imaginación colectiva y se ha transmitido de generación en generación como la explicación fundamental del nacimiento de esta magnífica ciudad. Este mito no solo narra los inicios de Roma, sino que también establece las bases de su carácter, marcado por la determinación, el conflicto y un destino grandioso.

- La Legendaria Epopeya de Rómulo y Remo
- Orígenes Alternativos y Su Contexto Histórico
- La Loba Capitolina: Símbolo y Enigma Artístico
- Los Primeros Pasos de Roma: De Aldea a Reino
- Guerras, Expansión y Conflictos Internos de la República
- El Fin de la República y el Amanecer del Imperio
- Las "Fundaciones" en el Derecho Romano: Un Concepto Diferente
- Preguntas Frecuentes sobre la Fundación de Roma
La Legendaria Epopeya de Rómulo y Remo
El mito más célebre que explica la fundación de Roma es, sin duda, la leyenda de Rómulo y Remo, una narrativa rica en simbolismo y dramatismo. La historia se remonta a Ascanio, hijo del célebre héroe troyano Eneas, quien a su vez era vástago de la diosa Venus y Anquises. Ascanio, según la tradición, fundó la ciudad de Alba Longa en la orilla derecha del río Tíber. A lo largo de generaciones, sus descendientes gobernaron esta importante ciudad latina, hasta que el poder recayó en los hermanos Numitor y Amulio.
Amulio, movido por la ambición, destronó a su hermano Numitor. Para asegurar que Numitor no pudiera tener herederos que le disputaran el trono, Amulio condenó a su hija, Rea Silvia, a servir como sacerdotisa de Vesta. Este voto de castidad perpetua garantizaría que Rea Silvia permaneciera virgen y, por ende, sin descendencia. Sin embargo, el destino tenía otros planes. Marte, el formidable dios de la guerra, se enamoró de Rea Silvia y de su unión nacieron dos mellizos: Rómulo y Remo. Este origen divino otorgaba a los futuros fundadores de Roma una conexión directa con las fuerzas celestiales, augurando un destino extraordinario.
Al nacer los mellizos, y para salvarlos de la ira de Amulio, que temía la profecía de una descendencia vengadora, fueron arrojados al río Tíber dentro de una humilde canasta. La corriente los llevó hasta la zona de las siete colinas, cerca de la desembocadura del Tíber, donde la canasta encalló. Allí, en un acto de providencia, una loba, conocida como Luperca, se acercó a beber. Lejos de devorarlos, la loba los recogió y los amamantó en su guarida, ubicada en el Monte Palatino. Este acto de nutrición por parte de una fiera salvaje es uno de los elementos más icónicos de la leyenda, simbolizando la ferocidad y la resistencia que caracterizarían a la futura Roma. Finalmente, un pastor los encontró y rescató, llevándolos a su hogar donde su esposa los crió como si fueran suyos, dotándolos de una educación rústica pero robusta.
Una vez adultos, y habiendo descubierto su noble linaje, Rómulo y Remo regresaron a Alba Longa para cumplir con su destino. Repusieron a su abuelo Numitor en el trono, restaurando el orden legítimo. Con la misión de fundar una nueva ciudad, decidieron establecerla como una colonia de Alba Longa. El lugar elegido no fue otro que la ribera derecha del Tíber, precisamente donde habían sido amamantados por la loba, un sitio cargado de significado y predestinación. Sin embargo, la armonía entre los hermanos no duraría.
La leyenda narra que la ambición y el destino llevaron a los mellizos a una disputa fatal. Cerca de la desembocadura del río Tíber se alzaban siete colinas emblemáticas: los montes Aventino, Celio, Capitolio, Esquilino, Palatino, Quirinal y Viminal. Rómulo y Remo no lograron ponerse de acuerdo sobre cuál de estas colinas sería el lugar idóneo para fundar la nueva ciudad. Para resolver el conflicto, decidieron recurrir a la auguria, una práctica etrusca que consistía en interpretar el vuelo de las aves. Remo divisó seis buitres sobre una de las colinas, mientras que Rómulo observó doce buitres sobre el Palatino. Este presagio, favorable a Rómulo por el mayor número de aves, lo designó como el elegido para la fundación.
Para delimitar el perímetro de la nueva urbe, Rómulo trazó un surco con un arado en lo alto del Monte Palatino, declarando que mataría a cualquiera que osara traspasar esa línea sagrada. Remo, desobedeciendo y mostrando desprecio por la autoridad de su hermano y el presagio divino, cruzó la línea con arrogancia. En un acto de ira y determinación, Rómulo lo mató, consolidándose como el único y primer rey de Roma. Este trágico evento, que según la historia oficial de la Antigua Roma habría ocurrido en el año 754 a.C., no solo marcó el nacimiento de la ciudad, sino que también prefiguró su historia de conflictos, conquistas y la implacable búsqueda de poder.
Es importante destacar una curiosidad lingüística en torno a la loba Luperca. El término latín para loba, lupa, también era utilizado en la época con un sentido despectivo para referirse a las prostitutas. Esta doble acepción ha generado debates sobre la verdadera naturaleza de la "loba" que amamantó a los mellizos, sugiriendo algunos que pudo haber sido una mujer humana que los rescató y crió, en lugar de un animal, aunque la interpretación mítica de la loba es la más extendida y aceptada popularmente.
Orígenes Alternativos y Su Contexto Histórico
Aunque la leyenda de Rómulo y Remo es la más conocida y aceptada, otras fuentes antiguas proponen explicaciones alternativas para la fundación de Roma, muchas de las cuales la conectan con el mundo griego. Una de estas versiones relaciona directamente a los fundadores con ascendencia troyana, a través de Eneas, el príncipe troyano. Según esta leyenda, Eneas, tras la caída de Troya, se casó con la hija del rey latino, convirtiéndose a su vez en rey y estableciendo así una línea de descendencia que culminaría en Rómulo y Remo.

Esta interpretación no solo fue sostenida por historiadores griegos, sino que también encontró defensores en el propio mundo itálico, en contraposición a otras tradiciones que le atribuían un origen arcadio, vinculado al mito de Evandro, o aqueo, relacionado con Odiseo o Ulises. De esta manera, la historiografía griega buscaba otorgar a Roma un origen divino y helénico, una versión que la propia Roma terminaría asumiendo y promoviendo, quizás para legitimar su creciente poder y conectar su naciente civilización con las gloriosas tradiciones del mundo helénico.
Sin embargo, desde una perspectiva arqueológica e histórica moderna, la tradición de un origen troyano de Roma no puede considerarse completamente admisible. La fecha de la destrucción de Troya, estimada alrededor del 1200 a.C., contrasta drásticamente con los restos arqueológicos del poblamiento del Lacio y el Septimontium, que datan de un período posterior y muestran un asentamiento modesto, lejos de ser una ciudad importante en sus inicios. Los hallazgos sugieren un poblamiento semejante a otros muchos del Bronce Final en Italia, lo que indica que Roma no surgió como una gran metrópolis de inmediato, sino que fue un proceso gradual de desarrollo a partir de un pequeño asentamiento.
La Loba Capitolina: Símbolo y Enigma Artístico
La figura de Luperca, la loba que amamantó a Rómulo y Remo, se ha convertido en un símbolo perdurable de Roma, inmortalizado en innumerables representaciones artísticas alrededor del mundo. No obstante, la escultura más famosa y emblemática de Luperca, conocida como la Loba Capitolina, reside en los prestigiosos Museos Capitolinos en Roma.
Esta icónica estatua está hecha de bronce y, durante mucho tiempo, se creyó que era una obra de arte etrusca, datando de la antigüedad. Sin embargo, investigaciones recientes han arrojado luz sobre su verdadera cronología, revelando un dato sorprendente: la obra data en realidad de la Edad Media. Se estima que fue esculpida entre los siglos XI y XII. Lo más curioso es que las pequeñas figuras de Rómulo y Remo, que aparecen amamantándose de la loba, no son parte de la escultura original y fueron añadidas varios siglos después, durante el período del Renacimiento. Este descubrimiento ha reconfigurado la percepción histórica de una de las piezas más representativas del patrimonio romano, mostrando cómo la interpretación y la creación artística pueden evolucionar a lo largo del tiempo.
Los Primeros Pasos de Roma: De Aldea a Reino
Más allá del mito, la historia de Roma comienza como un pequeño pueblo ubicado estratégicamente a orillas del río Tíber. Este asentamiento, que eventualmente se convertiría en la capital de un vasto imperio y la cuna de Occidente, experimentó un crecimiento paulatino en tamaño y fuerza, impulsado principalmente por el comercio. La ubicación fluvial de la ciudad le proporcionó una vía esencial para el transporte de bienes, facilitando el intercambio y la prosperidad económica.
Durante sus primeras etapas, Roma fue gobernada por siete reyes, una sucesión que va desde el mítico Rómulo hasta Tarquinio el Soberbio. A medida que la ciudad crecía en tamaño y poder, absorbió y adaptó influencias culturales de sus vecinos. La civilización griega, que llegó a Roma a través de las colonias helénicas en el sur de Italia, proporcionó un modelo fundamental para la construcción de su propia cultura. De los griegos, los primeros romanos tomaron prestados conceptos cruciales en educación, religión y los fundamentos de la arquitectura, sentando las bases de su desarrollo cultural.
Los etruscos, ubicados al norte, también jugaron un papel significativo. Ofrecieron un modelo de comercio avanzado y lujo urbano. Etruria, al igual que Roma, estaba bien posicionada para el comercio, y los primeros romanos o bien aprendieron directamente las habilidades comerciales de los etruscos, o estas fueron enseñadas por ellos, quienes incursionaron en el área alrededor de Roma en algún momento entre el 650 y el 600 a.C., aunque su influencia se sintió mucho antes. El alcance exacto del papel de la civilización etrusca en el desarrollo de la cultura romana sigue siendo un tema de debate, pero su impacto temprano fue indudable.
Desde sus inicios, los romanos demostraron una notable habilidad para adoptar y mejorar los conocimientos y conceptos de otras culturas. El Reino de Roma creció rápidamente, transformándose de un modesto pueblo comerciante en una próspera ciudad entre los siglos VIII y VI a.C. El fin de la monarquía llegó en el 509 a.C., cuando el último de los siete reyes, Tarquinio el Soberbio, fue depuesto. Su rival político, Lucio Junio Bruto, lideró una reforma del sistema de gobierno, estableciendo así la República Romana, un hito que marcaría el inicio de una nueva era para Roma.

Guerras, Expansión y Conflictos Internos de la República
Aunque el comercio fue crucial en los primeros años de Roma, fue la guerra lo que la convirtió en una fuerza dominante en el mundo antiguo. Las Guerras Púnicas (264-146 a.C.) contra Cartago, una poderosa ciudad norteafricana, fueron decisivas. Estas guerras, libradas por el control del comercio en el Mediterráneo occidental, culminaron con la derrota de Cartago, consolidando la supremacía romana en la región. A pesar de las incursiones piratas que impedían un control marítimo absoluto, Roma alcanzó una dominancia casi total.
Mientras la República Romana crecía en poder y prestigio en el exterior, la ciudad de Roma comenzó a sufrir los efectos de la corrupción, la codicia y una creciente dependencia de la mano de obra esclava. La afluencia de esclavos, resultado de las conquistas territoriales, dejó a muchos ciudadanos romanos sin empleo, lo que dio origen a bandas de matones que se ofrecían al mejor postor entre los senadores ricos. La élite adinerada, los patricios, se enriqueció aún más a expensas de la clase trabajadora, los plebeyos, generando una profunda desigualdad social.
En el siglo II a.C., los hermanos Tiberio y Gayo Graco, ambos tribunos romanos, lideraron un movimiento en pro de una reforma agraria y política general. Sus esfuerzos, aunque finalmente los llevaron a ser asesinados, estimularon importantes reformas legislativas y, al menos superficialmente, redujeron la corrupción desenfrenada en el Senado romano. Para el momento del Primer Triunvirato, tanto la ciudad como la República de Roma se encontraban en pleno florecimiento, pero las tensiones internas persistían.
La sociedad romana de la República se hallaba profundamente dividida por clases e ideologías políticas. La clase dominante se autodenominaba optimates ("los hombres excelentes"), mientras que las clases bajas, o aquellos que simpatizaban con sus causas, eran conocidos como los populares ("el pueblo"). Es importante señalar que estos no eran partidos políticos formales, sino más bien etiquetas ideológicas. Los Optimates y Populares defendían visiones contrapuestas del poder y la sociedad.
| Concepto | Optimates | Populares |
|---|---|---|
| Definición | La "mejor gente", la aristocracia y sus aliados. | El "pueblo", aquellos que buscaban apoyo en las asambleas populares. |
| Valores Políticos | Tradicionales, conservadores; poder del Senado. | Reformistas, progresistas; poder a las asambleas populares. |
| Objetivos | Mantener el estatus quo y la primacía senatorial. | Democratización, reformas agrarias y sociales. |
| Figuras Ejemplares | Sila, Pompeyo (en ciertos momentos). | Hermanos Graco, Julio César. |
El Fin de la República y el Amanecer del Imperio
La tensión entre optimates y populares, junto con las ambiciones personales, condujo a la formación del Primer Triunvirato, una alianza informal entre tres de los hombres más poderosos de Roma: Marco Licinio Craso, Cneo Pompeyo Magno (Pompeyo el Grande) y Cayo Julio César. Aunque los romanos de la época no usaron este término, ni siquiera los propios miembros, esta coalición de poder intentaba mantener un equilibrio. Craso y Pompeyo se alineaban más con la facción optimate, mientras que César era un declarado populare.
Los tres hombres eran igualmente ambiciosos y su alianza les permitía vigilarse mutuamente mientras contribuían a la prosperidad de Roma. Craso, el hombre más rico de Roma (algunos argumentan que de toda la historia romana), era conocido por sus prácticas corruptas, llegando al extremo de forzar a ciudadanos adinerados a pagarle dinero de "seguridad" bajo la amenaza de incendiar sus casas. Aunque el motivo era cuestionable, Craso creó un rudimentario "departamento de bomberos" que, irónicamente, se volvería valioso para la ciudad. Tanto Pompeyo como César eran generales brillantes que, a través de sus conquistas, habían acumulado inmensas riquezas para Roma. Craso, sin embargo, anhelaba el mismo respeto militar que sus colegas. En el 53 a.C., lideró una fuerza considerable contra Partia, sufriendo una aplastante derrota en la Batalla de Carras, en la actual Turquía, donde fue asesinado al romperse las negociaciones de tregua.
Con la muerte de Craso, el Primer Triunvirato se desintegró, y la rivalidad latente entre Pompeyo y César estalló en una guerra civil. Pompeyo intentó eliminar a su rival por medios legales, logrando que el Senado ordenara a César regresar a Roma para ser juzgado por varios cargos. Sin embargo, en lugar de someterse, César tomó una decisión trascendental: en el 49 a.C., cruzó el río Rubicón con su ejército, una acción que significaba una declaración de guerra abierta contra la República. Entró en Roma a la cabeza de sus legiones, negándose a responder por los cargos y centrándose en eliminar a Pompeyo.
El enfrentamiento decisivo tuvo lugar en la Batalla de Farsalia, en Grecia, en el 48 a.C., donde el ejército numéricamente inferior de César logró una victoria aplastante sobre Pompeyo. Este último huyó a Egipto buscando refugio, pero fue asesinado a su llegada. La noticia de la victoria de César, contra todo pronóstico, se extendió rápidamente, y muchos antiguos aliados de Pompeyo se unieron prontamente a César, creyendo que estaba favorecido por los dioses.

Julio César se convirtió en el hombre más poderoso de Roma, marcando efectivamente el fin del período republicano al hacerse proclamar dictator por el Senado. Su inmensa popularidad entre el pueblo y sus esfuerzos por crear un gobierno centralizado y estable trajeron una prosperidad sin precedentes a la ciudad de Roma. Paradójicamente, fueron estos logros y su creciente poder lo que llevó a un grupo de senadores, incluidos Bruto y Casio, a asesinarlo en el 44 a.C. Los conspiradores temían que César se volviera demasiado poderoso y aboliera el Senado, poniendo fin a la República.
Tras su muerte, la lucha por el poder continuó. Marco Antonio, la mano derecha y primo de César, se unió con el sobrino y heredero de César, Cayo Octavio Turino (Octaviano), y el mejor amigo de César, Marco Emilio Lépido, formando el Segundo Triunvirato. Juntos, derrotaron a las fuerzas de Bruto y Casio en la Batalla de Filipos en el 42 a.C. Sin embargo, al igual que el primer triunvirato, esta alianza también fue inestable debido a las ambiciones de sus miembros. Lépido fue neutralizado cuando Antonio y Octaviano acordaron que gobernara Hispania y África, manteniéndolo fuera del centro de poder romano. Se decidió que Octaviano gobernaría las tierras occidentales del Imperio, mientras que Antonio se encargaría de las orientales.
La relación de Marco Antonio con la reina egipcia Cleopatra VII desestabilizó el equilibrio que Octaviano esperaba mantener, lo que inevitablemente condujo a un conflicto abierto. Las fuerzas combinadas de Antonio y Cleopatra fueron derrotadas en la decisiva Batalla de Actium, en el 31 a.C. Ambos se suicidaron poco después. Octaviano emergió como el único poder en Roma. En el 27 a.C., el Senado le otorgó poderes extraordinarios y asumió el nombre de Augusto, convirtiéndose así en el primer Emperador de Roma. Este momento es considerado por los historiadores como el punto en el que la historia de la República Romana termina y comienza la del vasto Imperio Romano.
Las "Fundaciones" en el Derecho Romano: Un Concepto Diferente
Es importante diferenciar el concepto de "fundación" en el contexto de la fundación de ciudades, como Roma, de las "fundaciones" como entidades legales o corporativas. El origen de las fundaciones tal como las conocemos en la actualidad, es decir, como organizaciones con fines benéficos o específicos, no proviene directamente ni de los griegos ni de los romanos en el sentido moderno. No obstante, en la época romana existían figuras de carácter corporativo que, aunque no se ajustaban a la definición estricta de una entidad legal moderna, eran reconocidas por el Derecho Romano como asociaciones de individuos.
Según el Código de Justiniano, una recopilación fundamental de constituciones imperiales promulgada por el emperador Justiniano en dos versiones (529 y 534 d.C.), estas instituciones eran conocidas como las "piae causae", o fundaciones u obras piadosas. Dentro del Derecho Romano, y bajo la creciente influencia del cristianismo, se les concedió personalidad jurídica a estas instituciones cuyo fin principal era el desarrollo de obras benéficas. Estas obras se dirigían a favor de los pobres, los enfermos, los ancianos y los niños abandonados, reflejando un incipiente sentido de caridad organizada.
En la Edad Media, el desarrollo de las fundaciones se vio notablemente influenciado por las corrientes ideológicas de la época. La Iglesia Católica, con su considerable poder social, instauró la práctica de que una parte del patrimonio personal fuera dedicado a la Iglesia o a causas e instituciones eclesiásticas tras la muerte de una persona. Esto era visto como un acto de retribución a Cristo, y la propia Iglesia era concebida como una "fundación divina", con el clero ejerciendo potestad sobre los testamentos y legados.
Hacia finales de la Edad Media, la actividad fundacional comenzó a ser desarrollada también por cuerpos seculares. Surgieron las denominadas "fundations in free towns", que se caracterizaban por ser operadas por ciudadanos laicos, independientes de la Iglesia. La participación municipal fue crucial, ya que estas instituciones fungían como entes fiscalizadores y administradores de las fundaciones con fines caritativos. Un hito importante fue la Reforma de Frankfurt en 1509, a partir de la cual se estableció una obligación de rendición de cuentas por parte de los administradores ante el Consejo Comunal.
Los siglos XVIII y XIX representaron un período crítico para las fundaciones y el fideicomiso, hasta el punto de que no fueron incluidas como figuras jurídicas en el influyente Código Napoleónico. Su evolución como instrumento legal continuaría, pero es importante entender que estas "fundaciones" históricas son un concepto distinto a la narrativa fundacional de una ciudad como Roma.
Preguntas Frecuentes sobre la Fundación de Roma
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la fundación y los primeros años de Roma:
- ¿Cómo se explica la fundación de Roma según la leyenda principal?
- La leyenda principal explica que la Antigua Roma fue fundada por los hermanos mellizos y semidioses, Rómulo y Remo. Tras ser abandonados y amamantados por una loba, y luego criados por un pastor, crecieron y decidieron fundar una ciudad en el lugar donde fueron rescatados. Una disputa sobre la ubicación y un presagio de aves llevó a Rómulo a trazar un límite sagrado. Cuando Remo lo desafió cruzándolo, Rómulo lo mató, convirtiéndose en el único fundador y primer rey de la ciudad, a la que llamó Roma en su honor. Esto ocurrió, según la tradición, el 21 de abril del 753 a.C.
- ¿Qué papel jugó Eneas en la fundación de Roma?
- Eneas, héroe troyano e hijo de Venus, es una figura clave en las leyendas que conectan a Roma con un origen divino y troyano. Se le considera el antepasado directo de Rómulo y Remo. Al casarse con la hija del rey latino, Eneas se convirtió en rey, estableciendo una línea de descendencia que culminaría con los fundadores de Roma, uniendo así a la ciudad con la grandeza y el poder de la antigua Troya. Aunque el vínculo arqueológico es débil, la conexión mítica fue importante para la identidad romana.
- ¿Es la historia de Rómulo y Remo históricamente precisa?
- La historia de Rómulo y Remo es una leyenda fundacional, no un registro histórico exacto. Si bien los historiadores y arqueólogos han encontrado evidencia de asentamientos en el área de Roma que datan del siglo VIII a.C., la narrativa de los mellizos, la loba y el fratricidio es un mito que explica los orígenes de la ciudad de una manera épica y simbólica. Sirvió para dar a Roma un origen glorioso y una conexión divina, elementos cruciales para su identidad y legitimidad en el mundo antiguo.
- ¿Qué otras teorías existen sobre el nombre de Roma?
- Además de la teoría de que Rómulo nombró la ciudad en su honor, otras leyendas sugieren que el nombre proviene de una mujer llamada Roma, quien viajó con Eneas y otros sobrevivientes de Troya. Se dice que Roma lideró a las mujeres en la quema de los navíos troyanos para forzar a los hombres a establecerse en las orillas del Tíber. Otras teorías sugieren que el nombre deriva de Rumon, el antiguo nombre del río Tíber, o de una palabra etrusca que pudo haber designado uno de sus asentamientos.
- ¿Cuándo se fundó Roma según la tradición?
- Según la tradición y la historia oficial de la Antigua Roma, la ciudad fue fundada el 21 de abril del 753 a.C. Este es el punto de partida para la cronología romana, conocida como ab urbe condita ("desde la fundación de la ciudad").
- ¿Qué se entiende por "piae causae" en el Derecho Romano?
- Las "piae causae" (obras piadosas) eran instituciones reconocidas por el Derecho Romano, especialmente bajo la influencia del cristianismo. Se les concedió personalidad jurídica para fines benéficos, como ayudar a pobres, enfermos, ancianos e hijos abandonados. Aunque no son "fundaciones" en el sentido moderno, representan un antecedente de las organizaciones caritativas, diferenciándose del concepto de la fundación de una ciudad.
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