¿Qué representa la princesa en la Sonatina?

La Sonatina: Metáfora del Alma en el Modernismo

03/12/2018

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La «Sonatina» de Rubén Darío, publicada por primera vez el 17 de junio de 1895 en el diario La Nación de Buenos Aires y posteriormente incluida en la célebre primera edición de Prosas profanas y otros poemas (1896), es sin duda una de las piezas más emblemáticas y reconocibles del Modernismo hispanoamericano. Su fama, que se extendió rápidamente, trascendiendo fronteras y lenguas, ha llevado a que sus alejandrinos resuenen en la memoria colectiva, siendo objeto de estudio, admiración y, curiosamente, también de parodias que atestiguan su indiscutible impacto cultural. Sin embargo, esta misma popularidad ha contribuido, paradójicamente, a una profunda incomprensión de su verdadero mensaje.

¿Qué figura retórica es la princesa está triste que tendrá la princesa los suspiros se escapan de su boca de fresa?
Sinestesia en la literatura y en lo cotidiano Rubén Darío también la utiliza en su poema "Sonatina", usa la sinestesia para describir la tristeza. "La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa."

Durante mucho tiempo, la «Sonatina» fue catalogada por una parte de la crítica como un poema vacuo, facilón e intrascendente, cuyo valor radicaba exclusiva y superficialmente en su belleza rítmica y formal. Críticos como Ricardo Gullón llegaron a afirmar que era un «poema sin asunto», cuya «pobreza intelectual» se compensaba únicamente con su música. Esta visión simplista desfigura el verdadero valor del movimiento modernista y, con ello, el significado hondo y perdurable de la obra de Rubén Darío. La «Sonatina», en realidad, vuela mucho más alto de lo que se le ha atribuido, convirtiéndose en una profunda expresión de la condición humana y, más específicamente, del alma en el Modernismo.

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Más Allá de la Melodía: El Verdadero Sentido de «Sonatina»

Lejos de ser un ejercicio poético sin sustancia, la «Sonatina» encierra un mensaje de gran profundidad, arraigado en las vivencias y la filosofía de su autor. El propio Rubén Darío, en su Historia de mis libros, desvela la clave al referirse al poema como el «sueño cordial de toda adolescente, de toda mujer que aguarda el instante amoroso. Es el deseo íntimo, la melancolía ansiosa, y es, por fin, la esperanza». Si bien esta descripción apunta al anhelo amoroso, es crucial entender que Darío, maestro de la alegoría, va mucho más allá de la mera espera romántica.

El marco intemporal y universal en el que se desarrolla la historia de la princesa no es casual. No es un castillo medieval específico, ni un exótico Oriente, sino un espacio que es «todo y nada a la vez», permitiendo que la figura central, la princesa de la boca de fresa y ojos azules, trascienda la anécdota. Esta princesa, angustiada y sin libertad, es, en última instancia, la metáfora del alma del propio Darío, un alma que busca redención a través del amor, anhelante de lo bello, lo verdadero y el misterio de lo trascendente.

Esta identificación del poeta con la angustia de la princesa se refuerza con el contexto biográfico de Darío en el momento de la escritura del poema. Agobiado por tragedias vitales y sentimentales como la muerte de su esposa Rafaela Contreras en 1893, un matrimonio forzado con Rosario Murillo bajo los efectos del alcohol dos meses después, y la muerte de su madre Rosa Sarmiento en mayo de 1895, justo un mes antes de la publicación de «Sonatina», el poema se convierte en un eco de su propia pena y búsqueda interior.

La Princesa como Metáfora del Alma: Un Vuelo Interior

La conexión entre la princesa y el alma del poeta no es una interpretación forzada, sino una lectura sostenida por múltiples elementos dentro y fuera del poema. En la «Sonatina» misma, encontramos versos reveladores:

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa

Y más adelante: «¡Oh, quién fuera hipsipila que dejó la crisálida!». Si la princesa simboliza el alma, la mariposa, dentro de la tradición occidental, es un antiquísimo y recurrente símbolo de lo anímico, de la psique que busca la liberación y la trascendencia. Darío ya había empleado esta imagen en poemas anteriores, como en el soneto «Venus» de su libro Azul... (1888, 1890), donde el alma del poeta anhela «dejar su crisálida y volar / hacia ti, y tus labios de fuego besar». Esta imagen reaparece en Cantos de vida y esperanza (1905), en el poema «Divina Psiquis», donde el alma busca un equilibrio entre sensualidad y espiritualidad, diciéndole:

Entre la catedral y las paganas ruinas
repartes tus dos alas de cristal.

Pero es en Prosas profanas donde encontramos la mayoría de los ejemplos que solidifican esta interpretación. Poemas como «Mía», «Dice Mía» y, especialmente, «El reino interior», dedicado a Eugenio de Castro y con una cita de Edgar Allan Poe «... with Psychis, my soul!», son clave. En «El reino interior», Darío describe su alma con atributos que calcan casi perfectamente los de la princesa de la «Sonatina»: es frágil, prisionera, una infanta real, pensativa, misteriosa, mariposa, tierna hermana de la Bella Durmiente del Bosque, y sueña. Esta correspondencia no deja lugar a dudas: la princesa triste es el alma confusa, frágil e indecisa del propio Rubén Darío.

Símbolos y Anhelos: Desentrañando la Angustia del Alma

Un estudio más detallado de los símbolos presentes en «Sonatina» refuerza aún más la idea de la princesa como el alma. La princesa es equiparada con una flor, que simbólicamente representa el centro y, por consiguiente, es una imagen arquetípica del alma. El rechazo de la rueca, un elemento con connotaciones sexuales, y del halcón, alegoría medieval de la mala conciencia del pecador, sugiere la búsqueda de la victoria sobre los instintos concupiscentes y una aspiración a una pureza o un ideal más elevado. Las hadas, por su parte, representan los poderes supranormales del alma humana, y la figura de la Bella Durmiente, con la que se asocia a la princesa, es un símbolo del ánima, el arquetipo femenino del inconsciente masculino.

El motivo de la liberación de la doncella por el caballero, central en el poema, tiene, según Juan Eduardo Cirlot, el simbolismo de la búsqueda del ánima y su liberación de la prisión a la que la someten fuerzas maléficas. En «Sonatina», la espera de la princesa no es solo por un amor carnal; si fuera así, cualquiera de los cuatro pretendientes de la tercera estrofa hubiera bastado. El alma de Rubén busca algo menos físico, anhela volar a otras tierras, alcanzar las cotas más altas. La llegada del príncipe idealiza la situación, pero el «beso de amor» simboliza la satisfacción tanto sexual como espiritual, la fusión última con lo divino. El poema, por tanto, exhibe una ambigüedad entre lo físico y lo espiritual, siendo un testimonio claro de la concepción o filosofía rubeniana sobre el alma.

Ecos Modernistas: «Sonatina» en el Corazón de una Época

La temática del alma angustiada, prisionera y anhelante no es exclusiva de Darío; es una constante en la literatura modernista a ambos lados del Atlántico. La «Sonatina» se inscribe perfectamente en este contexto, dialogando con obras de otros autores contemporáneos que exploraron inquietudes similares.

Amado Nervo y las Resonancias del Alma

La obra de Amado Nervo (1870-1919), amigo y colega de Rubén Darío, ofrece notables paralelismos con la interpretación del alma en «Sonatina». En su poema «La Bella del bosque durmiente» (En voz baja, 1909), Nervo retoma el motivo de la princesa que espera al caballero, aunque con un giro: ambos son ancianos, y ella, aun recriminando la tardanza, le ofrece compañía y amor fraterno, lo que subraya la evolución del anhelo a una dimensión más allá de lo puramente romántico.

¿Qué mensaje transmite el poema
Según las palabras de Rubén, el tema de «Sonatina» es la espera del amor por parte de la mujer, la alegoría de las ansias amorosas de las jóvenes.

La imagen del alma-mariposa también resuena en Nervo, como se ve en «Como una mariposa» (El arquero divino, 1922):

Como una mariposa se para en un espino,
posáronse las alas del Ensueño divino
en mi alma triste y hosca.

Pero quizás el fragmento más revelador se encuentra en el prólogo al poemario La amada inmóvil (1922), fechado en 1912. Aquí, Nervo describe su alma de una manera que evoca directamente a la princesa de Darío:

Mi pobre alma está encerrada en esta fortaleza del cuerpo. Es una triste princesa metida en una torre impenetrable, con cinco mezquinas ventanillas (los cinco sentidos) para adivinar el inmenso mundo exterior... Mi alma, la infantina prisionera... sabe que los muertos amados... que, adquirieron el principio del vuelo, pugnan por acercarse a ella, la solicitan, la aguardan.

Esta descripción es casi un calco de la situación de la princesa en su castillo, con la diferencia de que Nervo sustituye al hada madrina de Darío por un «raciocinio piadoso» que consuela a la princesa, prometiéndole la fusión de su alma con la del amado en un «divino beso de amor», un eco de la promesa final de la «Sonatina».

Otras Voces Modernistas y la Princesa del Alma

La presencia de esta temática se extiende a otros precursores y figuras del Modernismo. Manuel Gutiérrez Nájera, en su poema «Ondas muertas» (1887), anterior a la «Sonatina», alude a una «negra corriente de agua» condenada a perpetua «prisión», que el poeta equipara directamente con su alma: «Como ella, de nadie sabidas, como ella, de sombras cercadas / sois vosotras también, las obscuras / silenciosas corrientes del alma.» Los atributos de su alma —prisionera, silenciosa, solitaria y anhelante de fuga— coinciden con los de la princesa de Darío, confirmando la universalidad de este motivo.

Incluso en la prosa de Valle-Inclán, en Sonata de otoño (1902), se encuentran resonancias. El Marqués de Bradomín, al referirse a Concha, exclama: «Mi alma se contagió: —¡Yo te quiero más, princesa!». Y tras la muerte de Concha, lamenta: «¡La pobre Concha había muerto! ¡Había muerto aquella flor de ensueño... ¿Volvería a encontrar otra pálida princesa, de tristes ojos encantados, que me admirase siempre magnífico?». Estas descripciones evocan directamente la imagen de la princesa pálida y melancólica de Darío, demostrando la persistencia de esta figura arquetípica del alma en el imaginario modernista.

Tabla Comparativa: La Princesa y el Alma

Elemento/AtributoEn la Princesa de «Sonatina»Como Metáfora del Alma
Estado GeneralTriste, pálida, muda, sin risa ni color.Angustiada, prisionera, sin libertad.
Anhelo PrincipalSer golondrina/mariposa, volar, ir a otras tierras.Búsqueda de libertad, trascendencia, unión con lo divino.
EntornoCastillo real, silla de oro, tules, jaula de mármol.El cuerpo como prisión, el mundo material como confinamiento.
RechazosRueca, halcón.Instintos carnales, mala conciencia, limitaciones terrenales.
EsperanzaLlegada del caballero, beso de amor.Redención por el amor, fusión con lo ideal, superación de la muerte.
Símbolos AsociadosMariposa, flor, Bella Durmiente.Psique, ánima, centro, belleza interior.

La Princesa Eterna: Un Legado para Todas las Épocas

En los cuarenta y ocho versos que componen la «Sonatina», Rubén Darío logra la universalización de los más grandes temas de la filosofía del hombre: el alma, la sensualidad, lo espiritual, el bien y el mal. Lo hace a partir de una anécdota aparentemente simple —la imagen de una princesa entristecida—, a la que añade la inconfundible musicalidad de su palabra. Cien años después de su publicación, y a punto de celebrar el centenario de la primera edición de Prosas profanas, la «Sonatina» trasciende su época para convertirse en un poema para todas las épocas, un espejo en el que el ser humano sigue reconociendo sus anhelos más profundos, sus prisiones internas y su sempiterna búsqueda de la liberación y la plenitud.

Preguntas Frecuentes sobre «Sonatina»

¿Qué mensaje transmite el poema «Sonatina»?

El poema «Sonatina» transmite el mensaje de la angustia y el anhelo del alma humana, representada por la princesa, que se siente prisionera en su existencia y busca la libertad, el amor ideal y la trascendencia. Es una alegoría de la búsqueda de lo bello, lo verdadero y el misterio de lo divino, así como una expresión de la melancolía y la esperanza ante las limitaciones de la vida.

¿Qué figura retórica es «La princesa está triste, ¿qué tendrá la princesa? / Los suspiros se escapan de su boca de fresa»?

En la expresión «Los suspiros se escapan de su boca de fresa», Rubén Darío utiliza la figura retórica de la sinestesia. La sinestesia consiste en la atribución de una sensación (en este caso, el color y el sabor de la fresa) a un objeto o concepto que no le corresponde naturalmente (la boca o los suspiros), creando una fusión de sentidos que enriquece la descripción y evoca una imagen sensorial más vívida y compleja.

¿Qué representa la princesa en la Sonatina?

La princesa en «Sonatina» representa la metáfora del alma del propio Rubén Darío, y por extensión, del alma humana en general. Simboliza un ser confuso, frágil e indeciso, que se siente atrapado por las convenciones, las circunstancias vitales y la materialidad, anhelando una redención a través de un amor ideal, la libertad y la unión con lo trascendente o divino.

¿Qué le pasa a la princesa en el poema?

En el poema, la princesa se encuentra triste, pálida y sin alegría («ha perdido la risa, que ha perdido el color»). Se siente confinada y aburrida en su palacio real («presa en sus oros, está presa en sus tules, / en la jaula de mármol del palacio real»). Fantasea con ser una golondrina o una mariposa para poder volar y escapar de su encierro, persiguiendo «la libélula vaga de una vaga ilusión». Su principal anhelo es la llegada de un caballero ideal, un príncipe que la rescate con un «beso de amor» y la libere de su melancolía y su prisión existencial.

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