05/12/2019
El agua, elemento primordial y fuente de vida, fluye a través de nuestra existencia no solo en ríos y océanos, sino también en el caudal inagotable de nuestro lenguaje. Desde tiempos inmemoriales, la humanidad ha recurrido a este líquido vital para dar forma a sus pensamientos más profundos, transformando sus características —su fluidez, su fuerza, su capacidad de nutrir o destruir— en poderosas figuras retóricas. Las metáforas acuáticas nos permiten navegar por conceptos abstractos, expresar emociones complejas y, a menudo, manipular percepciones. En este artículo, exploraremos la riqueza de estas expresiones, adentrándonos en un relato clásico de la literatura hispana y analizando cómo las metáforas del agua se manifiestan en el discurso cotidiano y la arena política.

- "Dos pesos de agua": Un Relato que Fluye a Través del Tiempo
- El Agua como Espejo de Nuestro Lenguaje: Metáforas Acuáticas
- Preguntas Frecuentes
- ¿Cuál es el mensaje principal de "Dos pesos de agua"?
- ¿Por qué se utilizan metáforas de agua, como "inundar" o "marea", en el discurso político?
- ¿Cómo puedo identificar si una frase es un símil o una metáfora?
- ¿Son las metáforas siempre negativas o manipuladoras?
- ¿Qué otras figuras literarias se relacionan con el agua?
- Conclusión
"Dos pesos de agua": Un Relato que Fluye a Través del Tiempo
La literatura es un espejo donde se reflejan las verdades más crudas de la condición humana, y "Dos pesos de agua", el conmovedor cuento de Juan Bosch publicado en 1937, es un claro ejemplo de ello. Este relato, que resuena con una vigencia asombrosa cada vez que la naturaleza despliega su fuerza incontrolable, como ocurrió recientemente con la tormenta tropical Franklin, nos sumerge en la desesperación de Remigia, una mujer humilde de la comunidad de Paso Hondo. Su pueblo está asolado por una sequía inclemente, y la vida, incluida la de su amado nieto, pende de un hilo.
En un sueño que parece una epifanía, un ángel se le aparece a Remigia, prometiéndole "una lluvia de agua" si quema dos velas en su altar. La mujer, movida por una fe inquebrantable y una necesidad apremiante, cumple con el rito. Lo que sigue es una manifestación de la naturaleza tan violenta como la desesperación que la precedió: una lluvia torrencial que, lejos de ser la bendición esperada, se convierte en una fuerza destructora que arrasa su hogar y, trágicamente, cobra la vida de su nieto. El deseo de agua de Remigia era tan intenso que la llevó a arriesgarlo todo, incluso lo más preciado.
A primera vista, "Dos pesos de agua" se erige como una potente historia sobre la codicia y las devastadoras consecuencias de los deseos desmedidos. Remigia, al buscar una solución mágica y rápida a su problema, se ciega ante los posibles peligros de su petición, transformando una necesidad vital en una demanda insaciable. Sin embargo, la profundidad del cuento de Bosch trasciende esta lectura moral individual.
El relato es también una aguda crítica social. Bosch utiliza la historia de Remigia para denunciar la cruda desigualdad y la escasez de recursos básicos, como el agua, en los pueblos más empobrecidos. El hecho de que Remigia deba recurrir a la superstición y la magia para obtener un recurso tan fundamental es un testimonio desgarrador de la desesperación que embarga a quienes viven en condiciones de extrema pobreza y abandono. No es solo la codicia de Remigia, sino la negligencia de un sistema que la empuja a esa desesperación, lo que precipita la tragedia. La "lluvia de agua" se convierte en una metáfora de las promesas vacías o las soluciones mal concebidas que, en lugar de aliviar el sufrimiento, lo exacerban.

En un giro inspirador, el cuento ha sido reinterpretado por el Grupo de Teatro Incart, un pionero conjunto teatral dominicano compuesto por pacientes con cáncer. Para ellos, "Dos pesos de agua" adquiere un nuevo significado, centrándose en la esperanza frente a la enfermedad. A través de la fe de Remigia, el grupo encuentra un eco de su propia lucha y resiliencia, transformando una historia de tragedia en un mensaje de que, incluso en los momentos más oscuros, la vida puede ser plena y el arte puede sanar.
El Agua como Espejo de Nuestro Lenguaje: Metáforas Acuáticas
La omnipresencia y la naturaleza multifacética del agua la convierten en una fuente inagotable de metáforas en nuestro idioma. Su capacidad de fluir, inundar, arrastrar, nutrir o secar, nos permite conceptualizar una vasta gama de experiencias y fenómenos. Las "metáforas de inundación" son particularmente poderosas y, a menudo, utilizadas en discursos que buscan evocar emociones fuertes y moldear la opinión pública.
Consideremos, por ejemplo, el verbo "inundar". Literalmente, significa cubrir un lugar con agua. Metafóricamente, lo usamos para describir una abundancia o un desborde: una empresa puede estar inundada de pedidos, o una oficina inundada de solicitudes. Sin embargo, en el ámbito político, esta metáfora adquiere una connotación más oscura. Cuando se habla de un país siendo inundado por invasores o hordas de migrantes, la imagen evoca una amenaza incontrolable, un desastre natural que amenaza con borrar la identidad o la estabilidad.
De manera similar, el término "swamped" (atascado o anegado), aunque de origen anglosajón, encuentra equivalentes en español que transmiten una sensación de saturación o desborde. Un bote puede ser anegado por las olas, o una ciudad inundada por una marea. Metafóricamente, nos sentimos atascados de trabajo o un destino turístico puede estar saturado de visitantes. En el discurso político, la idea de un lugar anegado por personas de una cultura diferente busca generar temor a la pérdida de control y a la alteración cultural, presentando a los inmigrantes no como individuos, sino como una masa sin forma que amenaza con desbordar los límites.
La acción de "verter" también se presta a metáforas. Literalmente, se vierte agua, pero también la sangre puede verterse de una herida, o las lágrimas pueden verterse por el rostro. En un sentido más amplio, la gente puede verterse de un estadio al final de un partido, o el dinero puede verterse en una cuenta. Cuando se aplica al movimiento de personas, como miles de personas vertiéndose por la frontera, la imagen es la de un flujo incontrolado y posiblemente peligroso.

La "ola" es otra metáfora acuática sumamente común. Más allá de las olas del mar o las olas de calor, hablamos de una ola de crímenes, una ola de protestas o una ola de escándalos. Estas expresiones transmiten la idea de un aumento repentino y generalizado de algo, a menudo con una connotación de fuerza imparable. La advertencia de una nueva ola de migrantes ilegales utiliza esta imagen para suscitar pánico y urgencia, implicando que el fenómeno es masivo e ineludible.
La "marea", con su flujo y reflujo, también se utiliza metafóricamente. Así como la marea sube y baja, hablamos de nadar contra la marea de la opinión o de dejarse llevar por ella. También se alude a la marea creciente de la delincuencia o la necesidad de contener la marea de la violencia. Esta metáfora es particularmente efectiva porque sugiere un movimiento natural pero poderoso que, si no se controla, puede arrastrarlo todo a su paso. En el contexto migratorio, hablar de una marea entrante de migrantes busca evocar la misma sensación de una fuerza ineludible y potencialmente destructiva que debe ser detenida.
Incluso los movimientos más pequeños de agua, como el "flujo" o el "goteo", tienen su uso metafórico. Un río fluye, y también el tráfico fluye o la conversación fluye libremente. Un goteo de sangre o un goteo de clientes. Políticamente, se puede hablar de un flujo constante de refugiados, que si bien suena más neutral, puede ser enmarcado como una carga. Y un goteo de solicitantes de asilo puede ser presentado como una amenaza creciente, sugiriendo que ese pequeño goteo podría convertirse en una inundación, alimentando miedos infundados.
El problema inherente a muchas de estas metáforas es su efecto de deshumanización. Al reducir a las personas a meros volúmenes de agua –inundaciones, olas, flujos– se les niega su individualidad, su agencia y su humanidad. Se les presenta como un fenómeno natural incontrolable y, a menudo, peligroso, despojándolos de sus historias, sus motivaciones y sus derechos. Comprender el poder de estas metáforas es crucial para discernir cuándo se utilizan para manipularnos, permitiéndonos ver más allá de la retórica y reconocer la realidad de las personas que migran, que se mueven, que llegan y que viajan, en lugar de inundar o fluir.
Símil y Metáfora: Clarificando las Aguas de la Retórica
En el vasto océano del lenguaje, el símil y la metáfora son dos de las figuras retóricas más utilizadas, a menudo confundidas, pero fundamentales para embellecer y dar profundidad a nuestros textos. Ambas buscan establecer una relación de semejanza entre dos elementos, pero lo hacen de maneras distintas.

El símil, o comparación, es una figura retórica que establece una relación de semejanza de manera explícita entre dos elementos. Para ello, utiliza nexos comparativos claros, como "como", "cual", "parecido a", "igual que", "tan... como", "más que", entre otros. Es una comparación directa, fácil de identificar, que busca ilustrar una idea o cualidad. Un ejemplo clásico, que incluso se menciona en la información proporcionada, es cuando decimos que dos personas son tan parecidas como dos gotas de agua. Aquí, el "como" es el nexo que hace evidente la comparación. Otros ejemplos incluyen: Corre tan rápido como un rayo; Su voz era suave como la seda; o El cielo estaba oscuro cual boca de lobo.
Por otro lado, la metáfora es una figura retórica que establece una relación de semejanza de manera implícita, sustituyendo un término por otro con el que guarda una correspondencia. En la metáfora, no se utiliza un nexo comparativo explícito; en lugar de decir que algo "es como" otra cosa, se afirma directamente que "es" esa otra cosa, o se hace una referencia que la evoca. Es una fusión conceptual, una identidad poética. Por ejemplo, en lugar de decir Ella es como una flor en su juventud (símil), una metáfora diría Ella está en la flor de la vida. Aquí, "la flor de la vida" sustituye la idea de la juventud, estableciendo una equivalencia directa.
La diferencia principal, entonces, reside en la presencia o ausencia de los nexos comparativos. El símil dice que A es *como* B, mientras que la metáfora dice que A *es* B, o simplemente usa B para referirse a A. Ambas figuras enriquecen el lenguaje, permitiéndonos expresar ideas de forma más vívida y evocadora, pero la metáfora tiende a ser más condensada y sugerente, mientras que el símil es más explícito y aclaratorio.
| Característica | Símil | Metáfora |
|---|---|---|
| Tipo de Comparación | Directa y explícita | Indirecta e implícita |
| Nexos Comparativos | Sí (como, cual, igual que, tan... como, etc.) | No (o se sobreentienden) |
| Estructura Común | A es como B | A es B / B de A |
| Ejemplo | Sus ojos brillan como estrellas. | Sus ojos son estrellas. |
| Función Principal | Aclara, ilustra, compara explícitamente | Transforma, evoca, sustituye, identifica |
Preguntas Frecuentes
¿Cuál es el mensaje principal de "Dos pesos de agua"?
El mensaje principal es una advertencia sobre las consecuencias de los deseos excesivos y la codicia. También funciona como una crítica social a la desigualdad y la desesperación que la falta de recursos básicos puede generar en las poblaciones más vulnerables.
¿Por qué se utilizan metáforas de agua, como "inundar" o "marea", en el discurso político?
Se utilizan para evocar emociones fuertes, como el miedo y la urgencia. Estas metáforas a menudo buscan deshumanizar a las personas (por ejemplo, los migrantes), reduciéndolas a una fuerza natural incontrolable y amenazante, lo que facilita la manipulación de la opinión pública y la justificación de políticas restrictivas.

¿Cómo puedo identificar si una frase es un símil o una metáfora?
Busca los nexos comparativos. Si la frase utiliza palabras como "como", "cual", "parecido a", "igual que", es un símil. Si la frase establece una identidad directa o una sustitución sin esos nexos, es una metáfora. Por ejemplo, "Sus dientes son perlas" es una metáfora; "Sus dientes son blancos como perlas" es un símil.
¿Son las metáforas siempre negativas o manipuladoras?
No, en absoluto. Las metáforas son herramientas lingüísticas poderosas y omnipresentes que enriquecen nuestro lenguaje y nuestra capacidad de expresión. Pueden ser utilizadas para crear belleza, claridad, humor, o para explicar conceptos complejos. Su impacto depende enteramente del contexto y la intención del hablante o escritor. En la literatura, son esenciales para la creación de imágenes y la profundidad narrativa.
¿Qué otras figuras literarias se relacionan con el agua?
Además del símil y la metáfora, otras figuras literarias pueden relacionarse con el agua. Por ejemplo, la personificación (cuando se otorgan cualidades humanas a objetos inanimados, como "el río murmuraba secretos"), la hipérbole (exageración, como "lloró un mar de lágrimas"), o la metonimia (usar una parte para referirse al todo, como "beberse la botella" para referirse al líquido).
Conclusión
El agua, en su esencia y en su representación lingüística, nos enseña sobre la dualidad de la vida: su capacidad de nutrir y destruir, de dar forma y de desdibujar. Desde el relato trágico de Remigia en "Dos pesos de agua" hasta los discursos políticos que buscan moldear nuestra percepción de la realidad, las metáforas acuáticas demuestran el poder intrínseco del lenguaje. Son herramientas que, en manos expertas, pueden construir puentes de entendimiento o muros de división. Comprender cómo funcionan estas figuras retóricas no solo enriquece nuestra apreciación literaria, sino que también afila nuestra capacidad crítica para navegar por el torrente de información que nos inunda diariamente. Al final, el dominio del lenguaje es una clave para la libertad de pensamiento, permitiéndonos ver más allá de la superficie y sumergirnos en la profundidad del significado.
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