14/05/2024
En el vasto tapiz de la historia y la literatura prehispánica, pocas figuras resplandecen con la intensidad y profundidad de Nezahualcóyotl, el tlatoani de Texcoco, cuyo nombre, “Coyote en Ayuno”, ya insinúa la introspección y la búsqueda espiritual que caracterizaron su vida y obra. Más allá de su faceta como gobernante, Nezahualcóyotl fue un poeta y filósofo cuya mente inquieta exploró los grandes enigmas de la existencia humana. Sus composiciones, imbuidas de una profunda sensibilidad, no solo reflejan la cosmovisión náhuatl, sino que trascienden barreras culturales y temporales, invitándonos a meditar sobre la fugacidad de la vida, la inevitabilidad de la muerte y la persistente búsqueda de un sentido más allá de lo terrenal. A través de un lenguaje rico en imágenes y metáforas, Nezahualcóyotl nos legó un invaluable testimonio de su pensamiento, un diálogo íntimo con el universo y con el misterio de la divinidad que sigue resonando con fuerza en nuestros días.

- La Efímera Danza de la Existencia: "No para siempre en la Tierra"
- El Vuelo de las Metáforas: Jade, Oro y la Universalidad de la Muerte
- El Alma en Busca de lo Eterno: "Flor y Canto"
- El Enigma del Dador de la Vida: Entre la Proximidad y el Misterio
- La Búsqueda Infatigable: "Como si entre las flores buscáramos a alguien"
- Preguntas Frecuentes sobre Nezahualcóyotl y sus Metáforas
La Efímera Danza de la Existencia: "No para siempre en la Tierra"
El punto de partida de la reflexión de Nezahualcóyotl es, sin duda, la dolorosa pero ineludible conciencia del cambio y la transitoriedad. En lengua náhuatl, a esta fugacidad se le denomina cáhuitl, “lo que nos va dejando”. Todo lo que existe en tlaltícpac, “sobre la Tierra”, está condenado a desaparecer. Esta idea central se condensa en una de sus frases más célebres y conmovedoras, que actúa como el epicentro de su poema “No para siempre en la tierra”:
Yo, Nezahualcóyotl, lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la Tierra?
No para siempre en la Tierra:
sólo un poco aquí.
Esta pregunta retórica es una invitación a la introspección. La metáfora de “vivir con raíz en la Tierra” evoca la imagen de un árbol firmemente anclado, sugiriendo permanencia y arraigo. Sin embargo, el propio poeta responde negativamente, desvelando la ilusión de una existencia perpetua. La vida en la Tierra es solo un breve paso, una estancia momentánea. La imagen de la “raíz” se convierte así en un contrapunto irónico a la realidad de la impermanencia, subrayando la fragilidad de nuestra conexión con el mundo material.
Nezahualcóyotl profundiza en esta idea a través de una serie de poderosas analogías que ilustran cómo ni siquiera lo más valioso o hermoso puede escapar a la disolución. Utiliza elementos preciosos y símbolos de gran estima en su cultura para enfatizar la universalidad de la decadencia:
Aunque sea de jade se quiebra,
aunque sea de oro se rompe,
aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la Tierra:
sólo un poco aquí.
El jade, el oro y las plumas de quetzal representaban la riqueza, la nobleza y la belleza suprema en el mundo prehispánico. Al afirmar que incluso estos elementos se quiebran, se rompen y se desgarran, Nezahualcóyotl eleva la metáfora a un plano universal. Si lo inanimado y valioso es efímero, ¿cuánto más no lo serán los seres humanos, con sus “rostros y corazones”?
El Vuelo de las Metáforas: Jade, Oro y la Universalidad de la Muerte
La riqueza metafórica de Nezahualcóyotl no se detiene en la descripción de la fragilidad material; se extiende a la condición humana misma, equiparando la vida a formas de arte y naturaleza destinadas a desvanecerse. La idea de que “los rostros y corazones, más frágiles aún, por muy nobles que hayan sido, como flores habrán de secarse y, cual si fueran pinturas, quedarán borrados”, es una de las imágenes más poéticas y desoladoras de su obra.
Como una pintura nos iremos borrando.
Como una flor,
nos iremos secando
Aquí sobre la Tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
de la preciosa ave de cuello de hule,
nos iremos acabando.
La metáfora de la vida como una “pintura” que se borra o una “flor” que se seca resalta la delicadeza y la transitoriedad de la existencia. Las pinturas, aunque bellas, son susceptibles al paso del tiempo y al olvido. Las flores, con su esplendor efímero, son el arquetipo de la belleza perecedera. La “vestidura de plumaje de ave zacuán” añade otra capa de simbolismo, aludiendo a la fugacidad de la apariencia y la gloria mundana. Estas imágenes no solo son estéticamente impactantes, sino que encapsulan una profunda verdad filosófica: todo lo que percibimos y somos en la Tierra está sujeto a un ciclo ineludible de nacimiento, florecimiento y desvanecimiento.
La universalidad de este destino es un tema recurrente en la poesía de Nezahualcóyotl. Al dirigirse a “señores” y “águilas y tigres” (símbolos de guerreros y nobles), el poeta subraya que la muerte no distingue rangos ni poder. Todos, sin excepción, están destinados a ir “al lugar de los descarnados”, una metáfora para el reino de los muertos.
Comparación: Nezahualcóyotl y Jorge Manrique ante la Muerte
Resulta fascinante observar cómo esta reflexión sobre la universalidad de la muerte trasciende culturas y épocas. Las ideas de Nezahualcóyotl encuentran un eco notable en la poesía medieval europea, específicamente en las “Coplas a la muerte de su padre” de Jorge Manrique. Ambos poetas, separados por océanos y siglos, captaron la misma verdad fundamental.
| Aspecto | Nezahualcóyotl (Cultura Náhuatl) | Jorge Manrique (Cultura Medieval Española) |
|---|---|---|
| Metáfora de la Transitoriedad Humana | “Como una pintura nos iremos borrando. Como una flor, nos iremos secando.” “Aunque sea de jade se quiebra, aunque sea de oro se rompe.” | “Nuestras vidas son los ríos que van a dar en la mar, que es el morir.” “¿Qué se hizo el rey don Juan? / Los infantes de Aragón, / ¿qué se hicieron?” |
| Universalidad de la Muerte | Dirigido a “señores”, “águilas y tigres”. Todos irán “al lugar de los descarnados”. | “Así, con tal estado, / los reyes y señores / que con tanto trabajo / juntaron y allegaron / riquezas.” “Los poderosos reyes, / que, por la tierra y mar / con guerra, con fatiga y con afán / ganaron y señorearon.” |
| Destino Final | “Tendremos que desaparecer, nadie habrá de quedar.” “Al lugar de los descarnados.” | “Dan con un paso en la muerte, / como se fue el maestro Jorge.” “Polvo, sombra, nada.” |
| Visión de la Muerte | Ineludible, generadora de tristeza, pero también catalizadora de búsqueda de trascendencia. | Igualadora, inevitable, pero camino hacia la vida eterna (en el contexto cristiano). |
Ambos poetas, a pesar de sus disímiles contextos culturales y religiosos, convergen en la idea de que la muerte es el gran igualador, despojando a todos de sus distinciones terrenales. La “persuasión de que en la Tierra sólo por breve tiempo dura la reunión de los rostros y corazones es raíz de la tristeza”, pero, para Nezahualcóyotl, también es el “principio de nuevas formas de pensamiento”.
El Alma en Busca de lo Eterno: "Flor y Canto"
Frente a la desoladora realidad de la transitoriedad, Nezahualcóyotl no se sume en la desesperación. Su pensamiento, como el de un verdadero filósofo, busca una salida, una forma de trascender la finitud. La pregunta “¿A dónde iremos donde la muerte no existe?” lo impulsa a una búsqueda profunda. Aunque las doctrinas religiosas de su tiempo ofrecían consuelo (la supervivencia de guerreros, la vida en los jardines de Tláloc), el poeta expresa una incertidumbre genuina, una duda que lo lleva a inquirir sobre Quenonamican, “donde de algún modo se vive”, o “donde la muerte no existe”.
La respuesta a esta angustia existencial la encuentra Nezahualcóyotl en la metáfora de “flor y canto” (in xóchitl in cuícatl). Esta expresión náhuatl no se refiere solo a la poesía o a la música, sino que abarca el arte en su sentido más elevado, el conocimiento, la sabiduría y la verdad. Es a través de la creación artística y la expresión filosófica que el ser humano puede aspirar a una forma de permanencia. Fortaleciendo el corazón (yóllotl, el núcleo dinámico del ser), Nezahualcóyotl afirma haber descubierto el significado profundo de esta metáfora como un puente entre lo terrenal (tlaltícpac) y lo divino, entre la vida y el misterio de los dioses y los muertos.
Por fin lo comprende mi corazón:
escucho un canto,
contemplo una flor...
¡Ojalá no se marchiten!
Este pasaje es un punto de inflexión. La tristeza de la fugacidad se transforma en un anhelo de perdurabilidad a través del arte. Las flores y cantos, que en un principio eran símbolos de lo efímero, se convierten ahora en la vía hacia lo eterno. El poeta desea que sus creaciones no se marchiten, que perduren más allá de su propia existencia. Y en un acto de fe poética, afirma:
No acabarán mis flores,
no cesarán mis cantos.
Yo, cantor, los elevo,
se reparten, se esparcen.
Aun cuando las flores
se marchitan y amarillecen,
serán llevadas allá,
al interior de la casa
del ave de plumas de oro.
Aquí, “flor y canto” se convierte en una metáfora de la trascendencia. Aunque el cuerpo y la vida se desvanezcan, la obra artística, la palabra verdadera, el pensamiento profundo, pueden alcanzar un plano donde la muerte no tiene poder. La “casa del ave de plumas de oro” podría interpretarse como un reino de inmortalidad o de memoria colectiva, donde la esencia de la creación perdura. Es la convicción de que el arte es un camino hacia lo perenne, una forma de dejar una huella imperecedera.
El Enigma del Dador de la Vida: Entre la Proximidad y el Misterio
La búsqueda de Nezahualcóyotl no se limita a la trascendencia personal, sino que se extiende al misterio de la divinidad. Su pensamiento se dirige a Tloque Nahuaque, el “dueño de la cercanía y la proximidad”, que también es Moyocoyatzin, “el que se está inventando a sí mismo”. Este ser supremo es la fuente de toda existencia, pero a la vez, permanece enigmático y elusivo, “como la noche y el viento”.
A través de sus cantos, Nezahualcóyotl explora la naturaleza paradójica de esta deidad. El Dador de la Vida es el artista cósmico que, en su “libro de pinturas”, dibuja los destinos y las formas de todo lo que existe en la Tierra. La metáfora del “libro de pinturas” sugiere un diseño divino, una predestinación que, sin embargo, no anula la angustia humana frente a lo desconocido.
Con flores escribes, Dador de la vida
con cantos das color
con cantos sombreas
a los que han de vivir en la Tierra.
Después destruirás a águilas y tigres,
sólo en tu libro de pinturas vivimos,
aquí sobre la Tierra.
Con tinta negra borrarás
lo que fue la hermandad,
la comunidad, la nobleza.
Tú sombreas a los que han de vivir en la Tierra.
Esta es una de las metáforas más complejas. El Dador de la Vida es tanto creador como destructor. Escribe con “flores” y “cantos” (belleza, vida) pero también borra con “tinta negra” (muerte, olvido). Esta dualidad refleja la arbitrariedad percibida de lo divino, la incomprensibilidad de sus designios. A pesar de su “cercanía y proximidad” (Tloque Nahuaque), el ser humano no puede aprehender completamente al Dador de la Vida. La relación es de reverencia y búsqueda, pero no de amistad íntima, como lo expresa Nezahualcóyotl:
Nadie puede ser amigo
del Dador de la vida...
Esta afirmación, lejos de ser un lamento de soledad, es una aceptación de la naturaleza trascendente e incomprensible de lo divino. El hombre, con su limitada percepción, no puede pretender entender o controlar a la deidad. Sin embargo, esta incomprensión no detiene la búsqueda, sino que la intensifica.
La Búsqueda Infatigable: "Como si entre las flores buscáramos a alguien"
La culminación del pensamiento de Nezahualcóyotl sobre la divinidad se encuentra en la persistencia de la búsqueda, a pesar de la imposibilidad de una comprensión total. La metáfora final que sintetiza esta relación compleja es profundamente poética y reveladora:
Nadie en verdad
es tu amigo,
¡oh Dador de la vida!
Sólo como si entre las flores
buscáramos a alguien,
así te buscamos,
nosotros que vivimos en la Tierra,
mientras estamos a tu lado.
Esta imagen es magistral. Buscar a alguien “entre las flores” sugiere una búsqueda que es a la vez hermosa y elusiva. Las flores, que antes simbolizaban la belleza efímera y el arte trascendente, ahora se convierten en el velo a través del cual se vislumbra lo divino. El Dador de la Vida está presente (“a tu lado”), es el “dueño de la cercanía y la proximidad”, pero su naturaleza es tan abrumadora y misteriosa que solo podemos percibirlo de forma indirecta, como un susurro entre la fragancia de las flores, una presencia sentida pero no plenamente aprehendida.
La “embriaguez” que el Dador de la Vida nos proporciona, como menciona el poeta, puede interpretarse como un estado de éxtasis místico o de desconcierto ante la grandeza de lo divino. Es un estado que nos “enloquece”, nos saca de nuestra normalidad, permitiéndonos vislumbrar, aunque sea por un instante, la magnificencia de la creación y del creador.
La dialéctica del pensamiento de Nezahualcóyotl es clara: aunque nadie pueda ser amigo del Dador de la Vida en el sentido humano, ni reinar a su lado, la existencia humana encuentra su propósito en la incansable búsqueda de lo divino. Invocarlo, buscarlo, es ya una forma de encontrarlo, de estar “a su lado, junto a él”. La duda inicial (“¿eres tú verdadero, tienes raíz?”) es superada por la aceptación del misterio y la convicción de que la invocación y la alabanza dan “tranquilidad y raíz al corazón”. Así, las flores y los cantos, el arte y la reflexión filosófica, se erigen como el camino más humano para acercarse al incomprensible pero omnipresente Dador de la Vida.
Preguntas Frecuentes sobre Nezahualcóyotl y sus Metáforas
¿Cuál es la frase más conocida de Nezahualcóyotl?
Una de las frases más emblemáticas y representativas del pensamiento de Nezahualcóyotl, que encapsula su reflexión sobre la transitoriedad de la vida, es: “¿Acaso de veras se vive con raíz en la Tierra? No para siempre en la Tierra: sólo un poco aquí.” Esta línea poética es central en su poema “No para siempre en la tierra” y resume su visión de la fugacidad de la existencia humana.
¿Qué quiso decir Nezahualcóyotl con su poesía?
Nezahualcóyotl, el “Coyote en Ayuno”, quiso expresar en su poesía una profunda meditación sobre la condición humana y el universo. Sus obras abordan temas como la fugacidad del tiempo y de la vida, la inevitabilidad de la muerte, la posibilidad de la trascendencia a través del arte (el “flor y canto”), y el enigma de la divinidad, a la que llama el “Dador de la Vida” o “dueño de la cercanía y la proximidad”. A través de sus versos, Nezahualcóyotl buscaba comprender el propósito de la existencia humana frente a la vastedad y el misterio de lo divino, y cómo encontrar sentido y permanencia en un mundo transitorio.
¿Qué expresa la metáfora "acaso de veras se vive con raíz en la tierra"?
La metáfora “¿Acaso de veras se vive con raíz en la Tierra?” expresa una profunda reflexión sobre la temporalidad y la permanencia de la existencia humana. La “raíz en la Tierra” simboliza el arraigo, la estabilidad y la perpetuidad. Al formular esta pregunta de manera retórica y responder negativamente (“No para siempre en la Tierra: sólo un poco aquí”), Nezahualcóyotl subraya la idea de que la vida en el plano terrenal es inherentemente transitoria y efímera. La metáfora nos invita a cuestionar la ilusión de una existencia duradera y a reconocer la fragilidad de nuestra conexión con el mundo material, recordándonos que todo, incluso lo más valioso como el jade o el oro, está destinado a desvanecerse.
¿Qué pensaba Nezahualcóyotl sobre la existencia humana?
Nezahualcóyotl concebía la existencia humana como inherentemente transitoria y llena de misterio. Creía que el hombre vive “sólo un poco aquí” en la Tierra, y que todo, incluso lo más precioso, está destinado a romperse y desaparecer. Esta conciencia de la fugacidad generaba en él una mezcla de tristeza y angustia, pero también lo impulsaba a una búsqueda constante de sentido y trascendencia. Pensaba que, aunque la vida terrenal es breve, el ser humano tiene la capacidad de crear y de buscar lo verdadero a través del “flor y canto” (el arte y la sabiduría), lo cual puede perdurar más allá de la muerte. Respecto a la relación con el “Dador de la Vida”, Nezahualcóyotl consideraba que la divinidad es enigmática e incomprensible, a la que nadie puede ser amigo en el sentido humano. Sin embargo, es precisamente en la búsqueda y la invocación de este ser supremo, aunque sea “como si entre las flores buscáramos a alguien”, donde el hombre puede hallar un propósito y vivir “a su lado, junto a él” en la Tierra, encontrando una forma de arraigo y paz en el misterio de la existencia.
La poesía de Nezahualcóyotl, tejida con la urdimbre de estas poderosas metáforas, se erige como un faro de sabiduría que ilumina la condición humana. Desde la fragilidad del jade que se quiebra hasta la inmortalidad de las flores y los cantos que se elevan, el rey poeta de Texcoco nos legó un universo de reflexión que sigue siendo tan relevante hoy como lo fue hace siglos. Su obra nos invita a mirar más allá de la superficie, a confrontar nuestra propia finitud con la serenidad de quien ha comprendido que la verdadera raíz de la existencia no reside en la permanencia terrenal, sino en la incansable búsqueda de lo trascendente y en la expresión de la belleza que florece, aunque sea por un instante, en este breve paso por la Tierra.
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