28/07/2025
Las metáforas son las venas por las que fluye el entendimiento humano, permitiéndonos aprehender conceptos abstractos a través de imágenes tangibles y poderosas. En el vasto campo de la historia y la filosofía, pocos han explorado su potencial con la agudeza de Reinhart Koselleck, un pensador cuyo trabajo sobre la historia conceptual y los tiempos históricos es ampliamente reconocido. Sin embargo, en los últimos años, un aspecto particular de su obra ha cobrado especial relevancia: su peculiar y fascinante uso de la metáfora de la lava para describir la memoria. Esta imagen, tanto vívida como contundente, nos invita a una reflexión profunda sobre la naturaleza, la persistencia y la individualidad de nuestros recuerdos más intrínsecos.

Desde la publicación de su artículo “Glühende Lava, zur Erinnerung geronnen” (Lava incandescente, coagulada en memoria) en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, la metáfora de la lava se ha convertido en un sello distintivo de la concepción de la memoria de Koselleck. Aunque famosa desde entonces, esta imagen volcánica ya había aparecido en otras ocasiones en su obra y notas personales, siempre con el propósito de ilustrar una distinción crucial: la diferencia entre la memoria individual y física, y aquella que se distancia de lo escrito o narrado. Para Koselleck, la lava encarna la imposibilidad de una memoria colectiva en el sentido más puro, enfatizando el carácter profundamente personal e intransferible de ciertas experiencias mnemónicas.
- La Lava como Huella Indeleble de la Memoria Individual
- La Memoria: Entre lo Fluido y lo Petrificado
- La Explosión de la Memoria Salvaje: Una Experiencia Incontrolable
- La Intransmisibilidad de la Experiencia Carnal y el Veto a la Memoria Colectiva
- Preguntas Frecuentes sobre la Metáfora de la Lava y la Memoria de Koselleck
- Conclusión: Un Legado Ardiente para la Reflexión Mnemónica
La Lava como Huella Indeleble de la Memoria Individual
Koselleck sostiene que, si bien muchas memorias tienden a desvanecerse o perder su fuerza sensorial con el tiempo, existen otras que permanecen físicamente fijas, grabadas en nuestro ser como una cicatriz permanente. Es en este punto donde la metáfora de la lava adquiere su mayor potencia. La memoria, según él, tiene una doble faceta: puede ser móvil y cambiante, pero al mismo tiempo posee aspectos que él define como permanentes e inasibles. En una nota de 1993 sobre la guerra, Koselleck lo expresa con una claridad impactante:
“La memoria puede ser irregular y móvil, pero sus tramos son inamovibles e inatacables, únicos y duraderos. Una masa de lava coagulada, una vez incandescente y fluyente, se vierte en el cuerpo y deposita capas inamovibles sobre las que el resto de la vida se construye o se desliza. Estas capas no necesitan ser descubiertas. Simplemente están ahí, presentes. Cuando uno se refiere a ellas, los olores, el oído y la vista, el sentimiento y el tacto pueden activarse como si estuvieran presentes.”
Esta descripción subraya una dimensión fundamental de la memoria: su conexión intrínseca con lo corporal y lo sensorial. La lava, al solidificarse, crea una huella inamovible que no requiere un esfuerzo consciente de rememoración. Olores, sabores, sonidos y sensaciones táctiles se reactivan espontáneamente, transportando al individuo a la vivencia original con una inmediatez asombrosa. Esta “presencia carnal” de la memoria es lo que la hace tan poderosa y, a la vez, tan personal.
La Memoria: Entre lo Fluido y lo Petrificado
La metáfora de la lava no se limita a la inmovilidad. La lava es, por naturaleza, una materia fundida que, una vez fría y en estado sólido, adquiere formas diversas. Su liquidez y movilidad iniciales le confieren una capacidad de gran transmutación en color, forma y temperatura. Esta inestabilidad inicial también caracteriza a la memoria y a los relatos que los protagonistas de las experiencias ofrecen, cuyas interpretaciones se transforman cada vez que son evocadas. Sin embargo, esta forma salvaje y caprichosa, que la hace incontrolable en su origen, contrasta con la fijeza de la lava petrificada.
Koselleck subraya las variaciones de la memoria, no tanto pensando en una fluidez de la narración, sino en el papel que juega la perspectiva individual. Un ejemplo claro de esto lo encontramos en su propia historia, nuevamente, enfocándose en la individualidad que prevalece en la memoria a pesar de la existencia de experiencias compartidas:
“Todo historiador lo sabe al interrogar a testigos. Yo mismo compruebo mis recuerdos hablando con mi amigo que me salvó la vida en cautiverio ruso. Sigo hablando con él, y nos damos cuenta de que estuvimos en el mismo campo de prisioneros en Karaganda durante un año y medio, y sin embargo tenemos recuerdos muy diferentes de las mismas situaciones. Tanta gente, tantas memorias. Así que, como dije, la memoria está ligada a la experiencia personal.”
Esta dualidad de la lava —su fase ardiente y fluida, y su posterior solidificación— refleja la compleja naturaleza de la memoria, que puede ser inestable y cambiante en su narración, pero inamovible en su núcleo experiencial. La metáfora de la lava, por tanto, oscila entre lo frío y lo caliente, lo fluido y lo estático, lo explosivo y lo petrificado, y lo controlable y lo incontrolable.
La Explosión de la Memoria Salvaje: Una Experiencia Incontrolable
La imagen de una erupción volcánica evoca algo que quema, arrasa y deja cicatrices en el cuerpo y el paisaje. La lava es explosiva, algo subterráneo que emerge de repente, salvaje e incontrolable, dejando rastros imborrables. Existe una afinidad natural entre una erupción volcánica y la memoria, cuyos efectos y poder difícilmente podemos prever. Una memoria que erupciona salpica recuerdos como chispas ardientes, modificando el paisaje mnemónico.
Esta “memoria salvaje”, un término que Saul Friedländer empleó, es incontrolable y surge inesperadamente, sin ser cultivada o invocada. Al igual que las malas hierbas que crecen sin nuestro cuidado, esta memoria posee un alto grado de autonomía. No es una memoria que se busca o se domina, sino una a la que uno se somete, una sensibilidad mnemónica que queda inscrita para siempre en el cuerpo. Esta memoria, que arroja chispas a su alrededor, contiene una gran potencialidad, cuyo uso y consecuencias no pueden definirse de antemano porque está ligada a una red de recuerdos previos y futuros aún no manifestados.

Aunque Koselleck no profundizó en la dimensión destructiva de la lava, su capacidad de arrasar y transformar el terreno es innegable. Sin embargo, en su metáfora, el énfasis recae en el potencial explosivo de la memoria, que quema y deja marcas, más que en un bloqueo o contaminación. Es una memoria que se impone, que irrumpe con una fuerza avasalladora, y que no requiere un esfuerzo de “excavación” benjaminiana, sino que simplemente “está ahí”, presente y activa.
La Intransmisibilidad de la Experiencia Carnal y el Veto a la Memoria Colectiva
Uno de los puntos más controvertidos y centrales en la concepción de la memoria de Koselleck, reforzado por la metáfora de la lava, es su firme defensa de la individualidad de la memoria frente a la posibilidad de que esta adquiera una forma colectiva. Cualquier intento de crear una memoria colectiva conduce, para él, a un problema de orden ontológico: mientras que el sujeto es fácilmente atribuible en la memoria individual, lo mismo no ocurre en el caso del sujeto colectivo.
La “presencia carnal” de las experiencias, como las vividas por Koselleck en su cautiverio tras la Segunda Guerra Mundial (sensaciones de incertidumbre, hambre, frío, miedo), se vertieron en su cuerpo “como lava ardiente y se coagularon allí”. Desde ese momento, estas experiencias podían ser recordadas de forma inamovible y sin cambios. Esta asociación de la memoria con algo físico refuerza la idea de una memoria intransmisible. Koselleck mantuvo su posición, advirtiendo contra la manipulación del pasado e insistiendo en la imposibilidad de transmitir verdaderamente las memorias. Lo que sí reconoce es la existencia de condiciones comunes bajo las cuales se forma una memoria, algo que desarrolla en relación con las memorias de guerra. Es decir, hay un nivel colectivo que Koselleck admite, pero que es previo a la constitución de una memoria en sí misma.
La noción de Primärerfahrung (experiencia primaria) es clave aquí, entendiendo la memoria como una experiencia individual que preserva una especie de “poder de veto”. Koselleck admitía que cuando escuchaba o leía testimonios que él mismo había dado, le parecían meras creaciones literarias, ya que no tenían la misma presencia en su cuerpo. Esta es la esencia de la intransmisibilidad: la imposibilidad de que la “lava coagulada” de la experiencia de uno se vierta y se congele de la misma manera en el cuerpo de otro. La experiencia de la verdad, como su encuentro con un guardia polaco que le hizo comprender los horrores del Holocausto, fue una revelación personal, una “lava” que se vertió en él y no pudo ser transmitida de la misma forma a sus camaradas. Esto subraya la experiencia primaria como fundamento de la memoria, un ancla inamovible en el cuerpo del individuo.
Comparativa: Memoria Individual vs. Memoria Colectiva (Según Koselleck)
| Aspecto | Memoria Individual | Memoria Colectiva (Crítica de Koselleck) |
|---|---|---|
| Naturaleza | Física, carnal, sensorial, intransmisible. | Construida, narrativa, susceptible a manipulación. |
| Forma | Capas inamovibles de lava coagulada, cicatrices. | Relatos que se desprenden de la experiencia inicial. |
| Sujeto | Claramente atribuible al individuo. | Problema ontológico en la atribución del sujeto. |
| Autonomía | Alta, emerge espontáneamente (memoria salvaje). | Baja, puede ser “literatura” o manipulación. |
| Activación | Sin esfuerzo de rememoración (sentidos se activan). | Requiere esfuerzo de recuerdo o narración. |
Ambigüedades de la Metáfora de la Lava
| Dicotomía | Aspecto de la Lava | Paralelo en la Memoria |
|---|---|---|
| Fluidez vs. Estabilidad | Lava líquida y móvil vs. lava petrificada. | Narraciones cambiantes vs. núcleo inamovible. |
| Destrucción vs. Creación | Arrasa el paisaje vs. forma nueva topografía. | Impacto drástico vs. base para nuevas experiencias. |
| Controlable vs. Incontrolable | Erupción salvaje vs. forma solidificada. | Memoria que surge sin ser invocada vs. recuerdo fijo. |
| Frío vs. Caliente | Magma ardiente vs. roca fría. | Intensidad sensorial vs. permanencia silenciosa. |
Preguntas Frecuentes sobre la Metáfora de la Lava y la Memoria de Koselleck
- ¿Por qué Koselleck eligió la lava como metáfora para la memoria?
- Koselleck eligió la lava para enfatizar la naturaleza física, inamovible y, a menudo, explosiva de ciertas experiencias mnemónicas. Al igual que la lava se vierte en el cuerpo y se solidifica, dejando capas permanentes, algunas memorias se graban de forma indeleble, activando los sentidos sin esfuerzo consciente. También ilustra la tensión entre la fluidez de la narración y la fijeza del núcleo experiencial.
- ¿Cómo se relaciona la metáfora de la lava con la idea de Koselleck sobre la memoria colectiva?
- La metáfora de la lava refuerza la crítica de Koselleck a la memoria colectiva. Al destacar el aspecto corpóreo e intransmisible de la memoria individual (la lava se vierte en *un* cuerpo), Koselleck argumenta que es imposible que una experiencia tan personal y sensorial se transfiera y se coagule de la misma manera en un sujeto colectivo. Para él, cualquier intento de memoria colectiva corre el riesgo de manipulación o se convierte en una mera construcción narrativa despojada de su “presencia carnal”.
- ¿Qué significa que la memoria es “salvaje” o “incontrolable” en esta metáfora?
- La memoria es “salvaje” e “incontrolable” en el sentido de que, al igual que una erupción volcánica, surge de forma inesperada y con una fuerza avasalladora. No es una memoria que se busca o se domina, sino una a la que el individuo se somete. Sus efectos son difíciles de prever y no requieren un esfuerzo consciente para ser activados, ya que se manifiestan a través de la reactivación sensorial.
- ¿La metáfora de la lava de Koselleck implica que la memoria es destructiva?
- Aunque la lava es intrínsecamente destructiva al arrasar con todo a su paso, Koselleck no se detiene en este punto. Su énfasis está en el potencial explosivo de la memoria que “quema y deja marcas” y en la formación de nuevas capas y topografías mnemónicas. La destrucción es más un preludio a la creación de una nueva base para la vida y los recuerdos.
- ¿Qué papel juega la “experiencia primaria” en la concepción de la memoria de Koselleck?
- La “experiencia primaria” (Primärerfahrung) es fundamental. Se refiere a aquellas experiencias directas e individuales que se graban en el cuerpo como lava coagulada, manteniendo un “poder de veto” sobre otras narrativas. Estas memorias son la base inamovible y auténtica de la memoria, y su intransmisibilidad es clave para Koselleck, ya que son la esencia de la memoria individual.
Conclusión: Un Legado Ardiente para la Reflexión Mnemónica
La audacia y la disruptividad de Reinhart Koselleck al ir contra el paradigma de la memoria colectiva, tan influyente desde pensadores como Maurice Halbwachs, ofrecen un panorama estimulante para continuar pensando la tensión entre lo colectivo, lo individual y el aspecto físico que atesora la memoria. La metáfora de la lava no es solo un recurso literario; es una herramienta conceptual que ilumina la complejidad de cómo recordamos, cómo esas memorias se anclan en nuestro cuerpo y cómo resisten o se transforman en el tiempo. Nos obliga a confrontar la idea de que, si bien compartimos experiencias, la vivencia y la permanencia de la memoria son, en última instancia, un fenómeno profundamente personal e intransferible. La lucidez con la que Koselleck describe la memoria a través de la metáfora de la lava contrasta con su elusivo, y a veces problemático, rechazo de la memoria colectiva y una asociación limitada y obstinada con la manipulación del pasado. Sin embargo, su contribución es innegable: nos ha legado una imagen ardiente y duradera para reflexionar sobre la naturaleza de la memoria, una erupción de pensamiento que sigue moldeando nuestra comprensión del pasado y de nosotros mismos.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a La Lava Ardiente como Metáfora de la Memoria puedes visitar la categoría Metáforas.
