¿Quién fue Juan de Salisbury 1120-1180?

Policraticus: La Visión de Juan de Salisbury

17/07/2025

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En el fascinante tapiz del pensamiento medieval, pocas obras brillan con la intensidad y la originalidad del Policraticus, sive de nugis curialium et vestigiis philosophorum de Juan de Salisbury. Considerado el primer tratado sistemático sobre política de la Edad Media, esta obra maestra no solo ofrece una ventana a las complejidades del poder y la moral del siglo XII, sino que también establece las bases para debates que resonarían durante siglos. Lejos de ser una mera colección de ideas, el Policraticus es una defensa apasionada de un orden social y político fundamentado en principios éticos y una profunda visión humanista.

¿Qué defiende Juan de Salisbury en su Policraticus?
Las ideas de Juan de Salisbury presentes en el Policratus nos muestran una visión organicista de la sociedad, en la que se comparan las funciones sociales con las funciones del cuerpo.

Juan de Salisbury (1110-1180), un clérigo secular cuya mente se inclinaba hacia las cuestiones prácticas, plasmó en el Policraticus una amalgama de sabiduría clásica, teología cristiana y observación aguda de la vida cortesana. Su pensamiento, a menudo caracterizado como humanista, valoraba la dignidad humana y la inteligibilidad de la naturaleza a través de la razón. Pero, ¿qué defendió exactamente este influyente pensador en su obra cumbre? La respuesta reside en una intrincada red de conceptos que van desde una innovadora visión organicista de la sociedad hasta la justificación del tiranicidio, siempre bajo el prisma de la moderación y la primacía de la ley divina y natural.

Índice de Contenido

La Visión Organicista de la Sociedad: El Cuerpo Político

Una de las contribuciones más célebres y duraderas de Juan de Salisbury en el Policraticus es su concepción organicista de la sociedad. Inspirado en una supuesta carta de Plutarco al emperador Trajano (una creación propia de Salisbury), compara la comunidad política con un cuerpo animado, donde cada estamento y función social se asemeja a una parte específica del organismo humano. Esta metáfora no es meramente descriptiva, sino profundamente normativa, defendiendo una estructura de interdependencia y cooperación vital para la salud del conjunto.

En este intrincado modelo, Juan de Salisbury asigna roles muy específicos a cada miembro:

  • Los pies representan a los trabajadores, aquellos que sostienen y mueven el peso de todo el cuerpo.
  • Las manos son el ejército, encargadas de la defensa.
  • El vientre simboliza la administración de las finanzas, nutriendo el cuerpo.
  • El corazón corresponde al senado o a los consejeros del príncipe, fuente de sabiduría y guía.
  • La cabeza es el príncipe, quien dirige y lidera el cuerpo.
  • El alma de este cuerpo responde al clero, que debe inspirar las decisiones del gobernante, aportando la dirección moral y espiritual.

Esta analogía, lejos de justificar una jerarquía rígida sin más, enfatiza la necesidad de una cooperación recíproca entre todas las partes. Ningún miembro puede ser excluido o suprimido sin causar un daño grave al todo. La coherencia y la firmeza de la comunidad dependen de una unidad de voluntades y una unión de almas, orientadas hacia un bien común que trasciende los intereses privados. La justicia, para Salisbury, es el pilar que asegura la salud de este cuerpo político, implicando tanto la obligación de no hacer daño como la de prevenirlo. La responsabilidad de mantener la justicia recae en todos, desde el rey hasta el más humilde de los artesanos, pues la salud de cada uno depende de la salud del conjunto.

La Ley y la Autoridad Real: Señor y Siervo

Central en la defensa de Juan de Salisbury es la relación del gobernante con la ley. Aunque el poder del rey proviene de Dios, su legitimidad no es absoluta, sino que reside en el recto ejercicio de sus funciones y, crucialmente, en el cumplimiento de la ley. El príncipe, en la visión de Salisbury, es a la vez señor y siervo de la ley.

Esta dualidad es fundamental: el príncipe es señor porque tiene la autoridad para ejecutar la ley y mantener el orden, pero es siervo porque debe someterse a ella. Citando el Policraticus (L.IV, cap.2, p. 307): "Porque la autoridad del príncipe se basa en la autoridad de la ley. Que el príncipe se someta a las leyes es en verdad más importante que el poder imperial, de modo que el príncipe no debe considerar para sí lícito lo que se aparte de la equidad de la justicia." Esto significa que la equidad y la justicia son límites intrínsecos al poder real. Un gobernante que se desvía de estos principios pierde su legitimidad y se acerca a la tiranía.

El poder, aunque de origen divino ("Pues toda potestad proviene de Dios, el Señor, y con Él estuvo siempre desde la eternidad"), es ejercido por el príncipe como una "mano subordinada" de Dios. Por lo tanto, resistir la potestad del príncipe es resistir la disposición divina, que puede otorgarla o quitarla. Sin embargo, esta obediencia no es ciega, ya que el príncipe debe gobernar basándose en las virtudes morales, buscando la perfección cristiana. Salisbury, de alguna manera, "seculariza" la política al vincularla a las directrices de la naturaleza, pero la "sacraliza" al exigir a los gobernantes la sumisión a Dios y la ejecución de sus planes.

A diferencia de visiones que otorgan al pueblo un rol político activo, Salisbury considera al pueblo como súbdito y no como ciudadano, sin capacidad para disponer del poder o ser titular del gobierno. La estabilidad y el buen orden dependen del príncipe y su adhesión a la ley y la moral.

La Moderación como Pilar Filosófico

El concepto de moderación (modestia o moderatio) es un tema recurrente y central en la filosofía de Juan de Salisbury, permeando su ética y su pensamiento político. Influenciado por Cicerón y la Nueva Academia, Salisbury defiende un escepticismo moderado que, si bien acepta la existencia de verdades probables y fundamentos de conocimiento (fe, razón, sentidos), también reconoce la falibilidad humana y la necesidad de evitar el dogmatismo.

Para Salisbury, la virtud reside en el justo medio, y la moderación es el estándar más válido para juzgar el pensamiento y la acción humana. Cualquier acción que exceda este medio se convierte en una falta. Incluso un exceso de bondad puede ser perjudicial, lo que muestra su preocupación por el fanatismo. La discreción —la atención al tiempo, lugar, cantidad, persona y causa— es clave para determinar la acción virtuosa en cada circunstancia. Esto dota a su teoría moral de un carácter circunstancialista, pero no relativista.

Esta idea de moderación se aplica directamente al gobernante. El buen príncipe debe mostrar una "tranquila moderación de la mente", equilibrando la justicia con la misericordia para unificar a sus súbditos. Debe actuar rápidamente contra crímenes flagrantes, pero mostrar paciencia ante faltas menores que no pongan en peligro el orden público o la ortodoxia religiosa. La virtud real, el arte de gobernar, consiste en el uso moderado de la autoridad divina. Un gobernante moderado asegura un reinado pacífico y la salvación.

El reverso de la moderación es el anti-epicureísmo que Salisbury critica severamente. Aunque distingue entre Epicuro (quien pudo haber postulado un hedonismo moderado) y sus seguidores, condena el epicureísmo rampante de su tiempo, que se traduce en una búsqueda ilimitada del placer sensual y el servicio a los deseos personales. Esta falta de moderación, el deseo de riquezas, poder y notoriedad, es la raíz de la soberbia y la ambición, y, en última instancia, la base de la tiranía. Los "epicureístas" son aquellos que desean hacer su propia voluntad, transformando la afectividad en pasión y creyéndose semejantes a Dios en su voluntad arbitraria.

El Peligro de la Tiranía y la Justificación del Tiranicidio

Si la moderación es la virtud cardinal del buen gobernante, la tiranía es su antítesis directa, caracterizada por el uso inmoderado y arbitrario del poder. Juan de Salisbury no limita la tiranía al ámbito real o público; para él, cualquier persona que imponga su voluntad arbitrariamente sobre otro, sin importar su posición, es un tirano. Distingue entre el tirano privado, el eclesiástico y el público o real. El tirano es aquel que busca una dominación excesiva y utiliza su poder para esclavizar a la comunidad, privándola de su libre albedrío.

¿Qué defiende Juan de Salisbury en su Policraticus?
Las ideas de Juan de Salisbury presentes en el Policratus nos muestran una visión organicista de la sociedad, en la que se comparan las funciones sociales con las funciones del cuerpo.

La tiranía es un crimen contra el "cuerpo de la justicia misma", un ataque a la salud y la armonía del cuerpo político. En su obra, Salisbury explora la controvertida doctrina del tiranicidio, argumentando que, bajo circunstancias excepcionales, es legítimo eliminar a un tirano incorregible. Esta acción, aunque extrema, se justifica cuando los crímenes flagrantes del gobernante amenazan el bienestar de la comunidad y la religión. No se trata de una licencia para la rebelión indiscriminada, sino de una medida de último recurso, basada en el deber de cada miembro del cuerpo político de asegurar la justicia y la salud del conjunto. La erradicación del tirano se convierte así en una obligación moral y funcional para proteger el bien común.

Rey (Gobernante Justo)Tirano (Gobernante Injusto)
Legitimidad basada en la ley y la justicia.Gobierna por voluntad propia, sin ley.
Poder de Dios, usado como “mano subordinada”.Uso inmoderado del poder, con ambición y orgullo.
Se somete a la ley y la equidad.Considera lícito lo que se aparta de la justicia.
Dirige basándose en virtudes morales y perfección cristiana.Esclavo de sus pasiones y deseos, busca el placer sensual.
Asegura la paz, la unidad y la felicidad de la comunidad.Causa desunión, corrupción y esclavitud en el pueblo.
Tolera faltas menores, actúa contra crímenes flagrantes.Impone su voluntad arbitrariamente, oprime.
Su acción es servicio al orden moral.Su acción es un crimen contra la justicia.
Garantiza la libertad necesaria para la bondad moral.Niega la libertad a sus súbditos.

La Autoridad Papal y el Orden Moral

En el esquema de Juan de Salisbury, el clero ocupa el lugar del alma en el cuerpo político, inspirando las decisiones del gobernante y proveyendo la dirección espiritual. Salisbury defiende enérgicamente la autonomía y libertad de la autoridad papal en sus funciones, insistiendo en que la potestad real debe evitar su intervención en asuntos eclesiásticos. Este punto es crucial en el contexto de las tensiones entre el poder temporal y espiritual de su época.

Para Salisbury, el poder real debe estar al servicio de un orden moral superior, en el que tanto la Iglesia como el poder real están implicados. Aunque con funciones distintas, ambos regímenes deben coordinarse para la consecución de la felicidad humana. El régimen temporal no puede ser absorbido por el espiritual, pero el régimen espiritual se sirve de él para alcanzar la vida feliz. La Iglesia, como alma, tiene una primacía moral, aunque no necesariamente una absorción directa del poder temporal. Esta interdependencia subraya la convicción de Salisbury de que la política no puede desvincularse de la ética y la teología.

El Origen de la Sociedad y la Naturaleza Humana

Juan de Salisbury mantiene una postura clásica sobre el origen de la sociedad y el poder, influenciado por los estoicos y San Agustín de Hipona. Defiende que la sociedad surgió como consecuencia de la pérdida de un estado primitivo de felicidad y libertad, corrompido por el egoísmo humano. Esta caída original dio lugar a la necesidad de la dominación y la organización política para contener los vicios humanos. En contraste con Tomás de Aquino, quien postularía más tarde que la sociedad es un producto natural de la inclinación humana, Salisbury se alinea con una visión que ve la organización social como una respuesta a la imperfección y el pecado.

Sin embargo, a pesar de este origen pesimista, Salisbury también defiende la capacidad humana de mejora. Influenciado por Cicerón, sostiene que los seres humanos, aunque caídos, poseen las facultades de la razón y el lenguaje, dones divinos que les permiten transformarse de seres "animalísticos" en criaturas civiles. La educación es un elemento fundamental en este proceso. La naturaleza proporciona la base para las capacidades humanas, pero estas son solo potencialidades que deben ser desarrolladas y refinadas a través de la práctica y el esfuerzo consciente. La sociedad, por lo tanto, es el resultado de la cooperación activa de los hombres para vivir de acuerdo con sus inclinaciones naturales y para alcanzar la felicidad terrenal, que solo es posible en comunidad.

Preguntas Frecuentes sobre el Policraticus

¿Por qué se considera al Policraticus el primer tratado político medieval?

Se le considera el primer tratado político sistemático porque, a diferencia de escritos anteriores que abordaban temas de gobierno de manera fragmentada o como parte de obras teológicas, el Policraticus se dedica explícitamente a analizar la estructura, funciones, moralidad y legitimidad del poder político y social de manera integral. Ofrece una teoría coherente del Estado y del gobernante.

¿Cuál es la importancia de la metáfora del cuerpo en el Policraticus?

La metáfora del cuerpo político es fundamental porque no solo describe la sociedad como un conjunto de partes interdependientes, sino que también establece un marco normativo para su funcionamiento. Enfatiza la necesidad de la cooperación, la función específica de cada estamento y la importancia de la justicia para la salud y armonía del conjunto. Es una defensa de la unidad y el bien común sobre los intereses individuales.

¿Qué significa que el rey es "señor y siervo de la ley"?

Significa que el rey, aunque posee autoridad y poder para hacer cumplir la ley (señor), también está obligado a someterse a ella y a los principios de equidad y justicia (siervo). Su legitimidad yace en su adhesión a la ley divina y natural, y no en un poder absoluto. Si se desvía de la ley, su autoridad se debilita y corre el riesgo de convertirse en tirano.

¿Cómo entiende Juan de Salisbury la "moderación" en la política?

Para Salisbury, la moderación es el principio ético que guía toda virtud y acción correcta. En política, implica que el gobernante debe ejercer su poder con equilibrio, evitando los excesos (como la tiranía) y las deficiencias. Debe equilibrar la justicia con la misericordia, ser discreto en sus decisiones y no caer en la búsqueda desmedida de placeres o poder, lo que él asocia con el epicureísmo y la raíz de la tiranía.

¿Cuándo justifica Juan de Salisbury el tiranicidio?

Salisbury justifica el tiranicidio solo en circunstancias excepcionales, cuando un tirano comete "crímenes flagrantes" que amenazan gravemente el bien común y la religión, y después de que todas las demás vías para corregir al tirano han fallado. Lo ve como un acto de justicia, un deber de los miembros del cuerpo político para restaurar la salud del conjunto, no como una licencia para la rebelión fácil.

Conclusión: El Legado de un Pensador Pragmático

El Policraticus de Juan de Salisbury es mucho más que una curiosidad histórica; es un testamento a la capacidad del pensamiento medieval para abordar cuestiones complejas de gobernanza y moralidad con una profundidad sorprendente. Lo que Salisbury defendió fue una visión integral del orden social, donde la autoridad política, aunque divina en su origen, estaba intrínsecamente ligada a la ley, la justicia y la moderación. Su defensa de la autonomía eclesiástica y la primacía de la moral sobre el poder temporal sentaron precedentes importantes para el desarrollo posterior del pensamiento político occidental.

La obra de Salisbury se erige como un recordatorio de que la filosofía no debe ser un ejercicio estéril, sino una guía práctica para la vida, tanto individual como colectiva. Su "humanismo" se manifiesta en la convicción de que el conocimiento y la virtud son esenciales para alcanzar la felicidad, tanto en este mundo como en el siguiente. Al concebir la sociedad como un cuerpo vivo y interconectado, y al exigir que sus líderes se sometan a los más altos estándares éticos, Juan de Salisbury no solo iluminó los desafíos de su propio tiempo, sino que también ofreció principios atemporales sobre el buen gobierno y la vida virtuosa que resuenan hasta el día de hoy.

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