17/03/2022
El siglo XIX fue una época de efervescencia musical, un lienzo donde genios como Franz Liszt y Frédéric Chopin pintaron obras inmortales. Ambos, pilares del Romanticismo, compartieron escenarios, círculos sociales y un profundo respeto por el arte del piano. Sin embargo, su relación fue una compleja melodía de admiración, desencuentros y, para algunos, una sutil corriente de celos. ¿Realmente Liszt albergaba envidia hacia Chopin? Esta es una pregunta que ha resonado a lo largo de los años, invitándonos a explorar las profundidades de su conexión personal y artística.

La vida de estos dos maestros, aunque a menudo entrelazada, se desarrolló con matices propios que definieron su individualidad. Chopin, con su don prodigioso para fusionar la melodía con una audaz sensibilidad armónica y una técnica pianística brillante, compuso algunas de las obras más queridas de la música clásica. Sus composiciones, como las intrincadas nocturnos o las emotivas baladas, son testimonio de su genio. Por otro lado, Liszt, el virtuoso por excelencia, deslumbró al mundo con su destreza técnica y sus innovadoras composiciones, que a menudo empujaban los límites de lo posible en el piano.
- La Intrincada Relación: Admiración y Desencuentros
- La Crítica de Liszt: ¿Una Semilla de Rivalidad?
- ¿Celos de Virtuoso a Compositor?
- Un Legado Póstumo: El Monumento y la Biografía de Liszt
- La Controversial Biografía: Críticas y Reinterpretaciones
- Las Canciones Polacas: Un Homenaje a Través de la Transcripción
- Más allá de la Rivalidad: Compositores con un Eco Chopiniano
- Preguntas Frecuentes (FAQs)
- Conclusión
La Intrincada Relación: Admiración y Desencuentros
Franz Liszt y Frédéric Chopin se conocieron por primera vez en París en 1831, poco después de la llegada de Chopin a la vibrante capital francesa. Ambos se movían en los mismos círculos aristocráticos y artísticos, compartiendo una devoción por sus respectivas patrias, Hungría y Polonia. Inicialmente, su relación estuvo marcada por un profundo respeto mutuo por el talento del otro. Liszt, un pianista ya consagrado y una figura carismática, no dudaba en expresar su admiración por la originalidad y la poesía de la música de Chopin. Chopin, a su vez, reconocía la asombrosa virtuosismo de Liszt.
Sin embargo, a pesar de esta admiración inicial, su asociación fue a menudo descrita como “desafortunada en el mejor de los casos y a menudo viciada por malentendidos y poca calidez”. Un incidente en particular se cita a menudo como un punto de inflexión. Se cuenta la anécdota de que Liszt utilizó las habitaciones de Chopin, durante la ausencia de este último, para un encuentro amoroso con Marie Pleyel. Dado que Chopin era un amigo cercano de Camille Pleyel, la madre de Marie, la conducta de Liszt lo dejó en una posición bastante incómoda y, sin duda, afectó la confianza entre ellos.
Este tipo de roces, sumados a las diferencias en sus personalidades y enfoques artísticos, contribuyeron a una relación a veces tensa. Mientras Liszt era un artista extrovertido y un showman, Chopin era más reservado, prefería los salones íntimos a las grandes salas de conciertos. Estas divergencias, aunque no necesariamente indicativas de celos, sí sentaron las bases para posibles fricciones.
La Crítica de Liszt: ¿Una Semilla de Rivalidad?
Un momento clave que alimentó las especulaciones sobre la supuesta envidia de Liszt ocurrió tras un concierto de Chopin en la Salle Pleyel de París el 26 de abril de 1841. Liszt, quien también era un prolífico crítico musical, escribió una extensa reseña que fue objeto de diversas interpretaciones. Aunque Liszt expresó su admiración inequívoca por Chopin como artista, la crítica no alabó a Chopin como compositor. Este detalle, aparentemente menor, fue tomado con gran ofensa por Chopin, su círculo de amigos y sus familiares.
La omisión de un elogio a la faceta compositiva de Chopin, especialmente viniendo de un músico de la estatura de Liszt, se interpretó como una falta de reconocimiento o, peor aún, como una muestra de rivalidad. Para Chopin, cuya identidad artística estaba intrínsecamente ligada a su obra como creador, este desaire público debió ser particularmente hiriente. La crítica de Liszt, aunque quizás no intencionadamente maliciosa, sembró dudas sobre su genuina apreciación del genio compositivo de Chopin, avivando la idea de una posible envidia subyacente.
¿Celos de Virtuoso a Compositor?
La pregunta central de si Liszt estaba celoso de Chopin a menudo se responde con la afirmación de que Liszt estaba profundamente resentido por ser percibido principalmente como un virtuoso. A pesar de su innegable talento como intérprete, sus composiciones, a diferencia de las de Chopin, “apenas recibieron una sola palabra de elogio”. Esta disparidad en la recepción crítica de sus obras pudo haber generado una frustración considerable en Liszt.
Mientras Chopin era aclamado por la profundidad y originalidad de sus composiciones, Liszt, a menudo, era encasillado como el pianista de dedos rápidos y ejecución deslumbrante, pero con una obra compositiva menos valorada. Esta situación pudo haber provocado un sentimiento de injusticia o incluso envidia por parte de Liszt hacia la capacidad de Chopin de ser reconocido tanto como intérprete como compositor de primera línea. De hecho, se ha sugerido que fue este resentimiento lo que pudo haber impulsado a Liszt a distanciarse de la deslumbrante virtuosismo y estilo de Chopin, una acción que, paradójicamente, podría haber contribuido al propio retiro de Chopin a una autoimpuesta reclusión.
Es importante recordar que los celos entre artistas no siempre se manifiestan como una animosidad abierta, sino a menudo como una lucha interna por el reconocimiento y la validación. La frustración de Liszt por la falta de aprecio de su obra compositiva, en contraste con el éxito de Chopin en este ámbito, es un argumento convincente para la existencia de una forma de celos profesionales, aunque no necesariamente personales.
Un Legado Póstumo: El Monumento y la Biografía de Liszt
A pesar de las tensiones y los desencuentros, la relación entre Liszt y Chopin no careció de momentos de reconciliación y un respeto duradero. Se encontraron por última vez en diciembre de 1845. Tras la muerte de Chopin en octubre de 1849, Liszt tomó acciones significativas que demuestran una profunda consideración y admiración por su colega. Mandó erigir un monumento en memoria de Chopin, un gesto que subraya su aprecio por el legado del polaco.

Más allá del monumento, Liszt se embarcó en la monumental tarea de escribir la primera monografía sobre la vida y obra de Chopin, convirtiéndose así en su primer biógrafo. Este libro, titulado sencillamente “F. Chopin por F. Liszt”, fue un intento de inmortalizar a su amigo y colega. Liszt, al iniciar este proyecto, subrayó que los nombres de ambos no necesitaban más explicaciones, lo que evidenciaba su convicción de que eran figuras de igual estatura en el p firmamento musical.
Sin embargo, la escritura de la biografía no estuvo exenta de desafíos. Liszt necesitaba información fiable y recurrió a Ludwika, la hermana de Chopin, para hacerle preguntas. La familia no se sintió complacida al recibir consultas sobre la relación entre Chopin y George Sand tan solo dos semanas después del funeral del compositor. Ludwika sugirió enérgicamente a Liszt que contactara a la “viuda oficial”, Jane Stirling, una de las antiguas alumnas de Chopin. No obstante, Stirling tampoco quiso hablar. Esta dificultad para obtener información precisa y el momento inoportuno de sus preguntas demuestran la complejidad y sensibilidad que rodeaban la memoria de Chopin.
La decisión de Liszt de escribir este libro estuvo motivada por varios factores. Con la muerte de Chopin y Mendelssohn, Liszt pudo haber sentido que el movimiento romántico había perdido a dos figuras seminales. Lentamente, comenzó a sentirse cada vez más solo, “el último representante de una tendencia”. Liszt tenía un fuerte sentido de la herencia artística, que era central en su pensamiento, así como la enseñanza de las artes y el papel social del artista. Su intención era liberar al artista de todas las limitaciones y restricciones para que pudiera seguir los impulsos de la inspiración y, al hacerlo, cumplir su vocación. La biografía de Chopin, aunque imperfecta, fue un intento de contribuir a esta visión.
La Controversial Biografía: Críticas y Reinterpretaciones
La biografía de Chopin escrita por Liszt, aunque un acto de homenaje, se convirtió en un tema controversial. Escrita originalmente en francés, la obra fue criticada por estar “llena de afirmaciones engañosas” y por “divulgar una serie de referencias biográficas”. Un estudioso la describió no tanto como una monografía fiable, sino como “el retrato—complejo, a veces grandilocuente, a veces patético—de un gran artista y amigo admirado”.
La obra fue duramente criticada por “mostrar un gusto abominable al publicar un libro terrible sobre Chopin”. Se la calificó de “turgente en el mejor de los casos, llena de digresiones inútiles y desinformación”. Hoy en día, la mayoría de los musicólogos concuerdan en que el libro fue en gran parte obra de la amante de Liszt en ese momento, Carolyne Wittgenstein, lo que añadió otra capa de controversia y dudas sobre su autoría principal.
Sin embargo, es importante considerar otras perspectivas. Si bien las críticas a la biografía son válidas en cuanto a su precisión histórica, algunos argumentan que no es tan mala como se ha sugerido. Se la ve como una “representación inspirada de Chopin y el mundo en el que vivió”. Está llena de “vuelos románticos, interconexiones veladas, visiones de paisajes y citas literarias”, haciendo referencia a obras de Dante, Petrarca, Tasso, Shakespeare, Goethe, Byron y Miczkiewicz. Carolyne Sayn-Wittgenstein, la pareja de Liszt en ese momento, lo ayudó principalmente con las descripciones del trasfondo histórico polaco, lo que sugiere que su contribución no fue solo en la escritura, sino también en la investigación y contextualización.
Publicada inicialmente por entregas, el editor sugirió una versión revisada en 1874. La tarea de reelaborar el texto recayó en Carolyne, y esta segunda edición, significativamente ampliada entre 1876 y 1879, causó “una buena cantidad de malentendidos”, probablemente debido a las adiciones y reinterpretaciones que contenía. A pesar de sus defectos, la biografía de Liszt sigue siendo una fuente fascinante para entender la percepción de Chopin por parte de sus contemporáneos y la compleja dinámica entre estos dos genios musicales.
Las Canciones Polacas: Un Homenaje a Través de la Transcripción
Mientras Liszt lidiaba con la escritura de la biografía de Chopin, no tuvo tales problemas al crear una serie de seis transcripciones de las Canciones Polacas, Op. 74 de Chopin. Liszt poseía una asombrosa capacidad de respuesta a la imaginería poética. Creía firmemente que las imágenes puramente musicales de ideas poéticas podían proyectarse al oyente y que él podía ilustrar dicha imaginería sin necesidad de palabras. En el caso de Chopin, los textos polacos simplemente estorbarían, por lo que no es sorprendente que Liszt proporcionara títulos en alemán para sus transcripciones.
Estas transcripciones no eran meras copias, sino transformaciones que llevaban el sello distintivo del estilo de Liszt. En la primera, “Maiden’s Wish” (El deseo de la doncella), Liszt combinó la parte del piano con la vocal, y la sencilla melodía es tratada con tres elaboradas variaciones. Ilumina el texto original, que describe a una chica que, a su vez, sería el sol o un pájaro para mostrar su amor. Con su ritmo de mazurca, melodía sencilla y cantable, rinde un delicioso homenaje a la belleza y al amor.
“Frühling” (Primavera) fue compuesta como un lamento de alguien que vaga por un valle agradable, solo para que su belleza le recuerde a una persona amada que ha muerto. Liszt proporciona un arreglo sencillo, con la línea vocal doblada en octavas, como un lamento por un amante fallecido.

“Das Ringlein” (El Anillo) narra la historia de un joven que descubre su anillo aún en el dedo de una joven, a pesar de que ella lo ha rechazado y se ha casado con otro. El ritmo de mazurca deja inmediatamente claro que no es una historia de tristeza, sino de ira. Liszt procede sin problemas al “Bacchanal”, una oda al amor y al vino. Liszt colorea audazmente la melodía brillante y festiva con glissandos, dejando abundantemente claro que el amor es mucho menos fiable que la bebida.
Liszt captura bellamente el estado de ánimo de Chopin en su quinta transcripción, “Meine Freuden” (Mis Alegrías). Es una canción apasionada sobre una hermosa mujer y su amante. Liszt proporciona un puro derroche lírico con una grandeza casi operística, con el amante incapaz de resistir el placer de tomarla en sus brazos y besarla salvajemente al ritmo de una mazurca. En las manos de Liszt, la conclusión “Homeward” (Hacia Casa) se convierte en un corto esbozo sinfónico, transformando completamente las composiciones originales de Chopin. En términos de popularidad, las transcripciones de Liszt han superado con creces las canciones originales de Chopin y se han convertido en piezas de encore muy populares, demostrando el poder de la interpretación y transformación de Liszt.
Más allá de la Rivalidad: Compositores con un Eco Chopiniano
La delicadeza, la emotividad y el romance son adjetivos que a menudo se asocian con las composiciones atemporales de Frédéric Chopin para piano. Sin embargo, su música no tiene el monopolio de estas cualidades. Muchos compositores, al igual que Chopin, comprendieron el poder expresivo del piano y forjaron sus propias identidades creativas, dejando un legado de música que resuena con un espíritu Chopiniano.
Aquí presentamos una tabla con algunos compositores cuyas obras guardan similitudes o fueron influenciadas por el estilo único de Chopin:
| Compositor | Periodo | Conexión con Chopin / Estilo Chopiniano |
|---|---|---|
| John Field | 1782-1837 | Pianista y compositor irlandés, creador del género "Nocturno", que Chopin perfeccionaría. Su influencia es evidente en los nocturnos de Chopin. |
| Maria Szymanowska | 1789-1831 | Pianista y compositora polaca, su estilo musical es paralelo al punto de partida compositivo de Chopin, con un impacto obvio en su lenguaje maduro. |
| Mikhail Glinka | 1804-1857 | Compositor ruso que tomó lecciones de John Field. Su música temprana, como su Nocturno de 1828, muestra la influencia de Field y similitudes con Chopin. |
| Clara Schumann | 1819-1896 | Pianista y compositora alemana. Campeona de las obras de Chopin, lo conoció y tocó sus piezas. Su propio nocturno de 1836 fue del agrado de Chopin. |
| Thomas Tellefsen | 1823-1874 | Pianista y compositor noruego, fue alumno y amigo de Chopin. Sus composiciones están claramente influenciadas por el estilo chopiniano. |
| Carl Filtsch | 1830-1845 | Niño prodigio rumano, alumno de Chopin. Su comprensión innata y su forma de tocar eran tan cercanas al espíritu de Chopin que este lo consideraba único. |
| Gabriel Fauré | 1845-1924 | Compositor francés. Sus nocturnos, escritos décadas después de Chopin, evocan la poignancy y elegancia del polaco, mostrando una profunda obsesión por la escritura para piano. |
| Juliusz Zarębski | 1854-1885 | Compositor polaco-ucraniano, alumno de Liszt. Su música, influenciada por su herencia y su formación, resuena con el delicado toque y la expresividad romántica de Chopin. |
Estos compositores, cada uno a su manera, compartieron las prioridades artísticas y el toque delicado de Chopin, dejando piezas increíblemente conmovedoras y románticas que aún podemos disfrutar hoy en día. Su existencia demuestra que el legado de Chopin trasciende su propia obra, inspirando a generaciones de músicos y compositores.
Preguntas Frecuentes (FAQs)
A menudo surgen dudas sobre la relación entre Liszt y Chopin y otros aspectos de sus legados. A continuación, abordamos algunas de las preguntas más comunes:
¿Liszt estaba celoso de Chopin?
La evidencia sugiere que Franz Liszt pudo haber albergado celos profesionales hacia Frédéric Chopin, particularmente en lo que respecta a la recepción de sus obras compositivas. Liszt, a menudo encasillado como un virtuoso deslumbrante, se sentía frustrado por la falta de reconocimiento de sus propias composiciones en comparación con el unánime elogio que recibían las de Chopin. Su crítica de 1841, donde admiraba a Chopin como artista pero no como compositor, fue un claro indicio de esta tensión subyacente. Sin embargo, estos celos no impidieron que Liszt admirara profundamente a Chopin y contribuyera significativamente a su legado póstumo, erigiendo un monumento y escribiendo su biografía.
¿Asistió Liszt al funeral de Chopin?
El texto proporcionado no especifica si Franz Liszt asistió al funeral de Chopin. Sin embargo, sí indica que, tras la muerte de Chopin en octubre de 1849, Liszt tomó iniciativas importantes para honrar su memoria. Mandó erigir un monumento en su honor y comenzó a escribir la primera monografía sobre su vida y obra. Estas acciones demuestran que Liszt estaba profundamente conmovido por la pérdida de Chopin y se sintió impulsado a preservar su legado, independientemente de su asistencia al servicio fúnebre.
¿Quiénes son los mejores intérpretes de Chopin?
El siglo XX fue una época dorada para el piano, y numerosos intérpretes han dejado una huella indeleble en la interpretación de las obras de Chopin. Si bien la elección del "mejor" es subjetiva y depende del gusto personal, algunos pianistas son universalmente aclamados por su virtuosismo, sensibilidad y profunda comprensión del repertorio chopiniano. Entre ellos destacan figuras como Artur Rubinstein, famoso por su habilidad para combinar técnica, tono y emoción en sus interpretaciones de Chopin. Otros pianistas excepcionales que han sobresalido en el repertorio de Chopin incluyen a Vladimir Horowitz, Martha Argerich y Evgeny Kissin, quienes combinan una técnica brillante con una intensa expresividad emocional. Cada uno de estos maestros aportó una perspectiva única, pero todos compartieron la capacidad de capturar la esencia poética y dramática de la música de Chopin, convirtiéndose en referentes ineludibles para cualquier amante de su obra.
Conclusión
La relación entre Franz Liszt y Frédéric Chopin es un fascinante estudio de la compleja dinámica que puede existir entre dos genios creativos. Más allá de la anécdota de los celos, lo que emerge es un vínculo matizado por el respeto mutuo, las tensiones profesionales y, en última instancia, un profundo aprecio por el arte del otro. Las acciones de Liszt tras la muerte de Chopin, desde la erección del monumento hasta la escritura de su biografía y las magistrales transcripciones de sus canciones polacas, demuestran un compromiso duradero con el legado de su colega.
La historia de Liszt y Chopin nos enseña que las relaciones entre artistas rara vez son lineales; están tejidas con hilos de admiración, competencia y la búsqueda incesante de la expresión artística. Ambos contribuyeron de manera inmensurable al canon de la música clásica, y su interacción, con todas sus complejidades, solo añade una capa más rica al tapiz de sus extraordinarias vidas.
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