06/06/2011
En el vasto y laberíntico universo de Julio Cortázar, cada relato es una puerta que se abre a realidades superpuestas, a la vez extrañas y profundamente íntimas. “Lejana”, uno de los cuentos más sutiles y enigmáticos de su célebre colección Bestiario, no es la excepción. Esta obra maestra nos sumerge en la psique de Alina Reyes, una joven de la alta burguesía porteña, cuya aparente vida de privilegios esconde un abismo de insomnio y una obsesiva conexión con un “otro yo” distante y sufriente. Pero más allá de la trama psicológica, “Lejana” es un prodigio de la construcción narrativa, donde las metáforas no son meros adornos estilísticos, sino la médula misma que da forma a la identidad fragmentada de su protagonista y al destino ineludible de su fusión. Este artículo desentrañará cómo Cortázar utiliza un tejido de metáforas para explorar la dualidad, la transformación y la búsqueda de una identidad auténtica, invitando al lector a un viaje por los intrincados senderos de la mente y el lenguaje.

La Metáfora de la Dualidad: Alina y Su Otro Yo
El corazón de “Lejana” late al ritmo de una dualidad inquietante: la de Alina Reyes, la joven acomodada que vive en un Buenos Aires de tés y convenciones, y la de “la lejana”, una mujer indigente, golpeada y desdichada que existe en algún lugar remoto, posiblemente Budapest. Esta separación no es una simple invención de una mente perturbada; es la metáfora central de una psique escindida, donde la racionalidad de la vida burguesa de Alina choca violentamente con una irracionalidad que le es intrínseca. Cortázar, a diferencia de Borges, no sitúa lo irracional fuera del relato, sino dentro del personaje. Alina no solo percibe a la lejana, sino que sabe sus sufrimientos, siente sus golpes, experimenta su frío y su humillación. Esta conexión es tan visceral que la distancia geográfica se disuelve, convirtiendo a la mendiga en una proyección, un espejo oscuro de una parte de Alina que ha sido reprimida o rechazada por su entorno social.
Los sentimientos de Alina hacia esta figura son complejos y contradictorios, un crisol de emociones que reflejan la ambivalencia de su propia identidad. Experimenta ternura por la lejana, una compasión que se extiende a su sufrimiento, pero también una profunda envidia por esa existencia cruda y despojada, quizás más auténtica en su dolor. “Allí es el frío, allí me pegan y me ultrajan (lo he soñado, no es más que un sueño, pero cómo adhiere y se insinúa… y él me pega y yo lo amo, no sé si lo amo pero me dejo pegar… entonces es seguro que lo amo” reza el diario de Alina, revelando una atracción masoquista y una extraña forma de amor por su propia victimización proyectada. Esta contradicción no es un fallo, sino una potente metáfora de la lucha interna: el deseo de escapar de la falsedad de su “yo” social y abrazar una verdad más dolorosa, pero quizás más liberadora. La lejana es, en esencia, la metáfora de la sombra de Alina, su alter ego desamparado que clama por reconocimiento y fusión.
El Diario como Espejo y Campo de Batalla Metáforico
El diario de Alina Reyes no es un mero registro cronológico de eventos; es un espacio vivo, una metáfora en sí mismo de la mente de la protagonista, donde la linealidad del tiempo y la narrativa se rompen constantemente. Es un campo de batalla donde la racionalidad intenta contener la creciente irrupción de lo irracional. Alina escribe para dar sentido a sus visiones, para contener la locura que se le insinúa, pero el propio acto de escribir se convierte en un catalizador para la metamorfosis. Sus juegos de palabras, sus acertijos de la memoria en busca de rimas y anagramas – “átale, demoníaco Caín, o me delata, Ana usó tu auto, Susana” – no son distracciones banales. Son una metáfora de su intento desesperado por manipular la realidad a través del lenguaje, por despojar a las palabras de su significado convencional y darles una nueva vida que refleje su propia búsqueda de identidad.
Estos juegos lingüísticos son el “catalizador” de su imaginación, un medio para acceder a la “otra” Alina. Al liberar el lenguaje de su función referencial, Alina busca liberarse a sí misma de las cadenas de lo cotidiano. El diario se convierte así en el lienzo donde Alina “literaturiza” su propia personalidad, un proceso de auto-objetivación donde se ve a sí misma como otra persona y escribe sobre esta dualidad. Este acto de escritura es la primera etapa de la fusión, un ensayo mental de lo que inevitablemente sucederá. La fragmentación del texto, la superposición de planos temporales y la ambigüedad en el uso de los pronombres personales (pasando de “yo” a “ella” y viceversa) son técnicas narrativas que refuerzan la metáfora de una identidad que se descompone y se reconfigura en las páginas del diario.
El Puente: Umbral de Transformación y Fusión Metáforica
Si la dualidad es el motor y el diario el vehículo, el puente sobre el Danubio es la metáfora del umbral definitivo en “Lejana”. No es solo un cruce físico entre dos orillas, sino un espacio liminal, una “zona sagrada” como la denominó Noé Jitrik, que actúa como pasarela y bisagra entre dos realidades opuestas y dos identidades que buscan fusionarse. Es el punto de no retorno, el lugar donde la fantasía de Alina se materializa y la irrealidad interior del personaje supura hasta hacerse tangible. La descripción del puente – “helado”, “desolado” – y el entorno invernal de Budapest intensifican la sensación de aislamiento y la crudeza del encuentro, contrastando con la vida “cálida” y superficial de Alina en Buenos Aires.
En este escenario despojado de toda ritualidad burguesa, Alina se encamina hacia su encuentro con la mendiga. La frase “Ahora estoy cruzando un puente helado, ahora la nieve me entra por los zapatos rotos. No es que sienta nada. Sé solamente que es así, que en el instante mismo… en que el chico de los Rivas me acepta el té y pone su mejor cara de tarado” encapsula la simultaneidad de realidades que vive Alina. El puente representa esa franja desconocida, el espacio donde la contradicción se resuelve a través de la fusión. Es la culminación de un viaje interior, un acto de voluntad para vencer su “manía” y unirse con esa parte de sí misma que ha negado. La vacilación de Alina al llegar al puente, el deseo de “dar vuelta, volver a la ciudad conocida”, es la última resistencia de su “yo” anterior antes de la inminente transformación.

El Final Abierto: Una Metáfora de la Mutación Identitaria
El clímax de “Lejana” es un momento de profunda carga metafórica. Alina se encuentra con la mendiga en el puente, y lo que sigue es un abrazo, un acto de fusión que trasciende lo físico. “la mujer del puente se apretó contra su pecho y las dos se abrazaron, rígidas y calladas en el puente, con el río trizado golpeando en los pilares”. En este abrazo, una de las mujeres llora: Alina. Pero la revelación más impactante viene después: “¿qué Alina es la que abre los ojos y ve que la otra se aleja?, lejana, vestida de ella, fantasma hecha figura, no da vuelta la cara para mirar por última vez su desprendida condición de haber convivido golpeada en el hielo, lo que importa es el yendo sin retorno, dejando en los hombros de la otra, ‘sus fatigas incontables’”. Este desenlace es una poderosa metáfora de la mutación identitaria.
El cambio de narrador, de la primera persona del diario de Alina a una tercera persona omnisciente, es en sí mismo una metáfora de la imposibilidad de Alina de narrar su propia transformación desde su intimidad. Al fusionarse con la lejana, su “yo” anterior deja de existir como entidad separada. La Alina burguesa se despoja de sus “fatigas incontables” – sus insomnios, sus aburrimientos, sus contradicciones – y las transfiere a la figura de la mendiga que ahora, vestida con la ropa de Alina, se aleja. Esto puede interpretarse no como la victoria de una sobre la otra, sino como una completa transformación o una ruptura definitiva de la personalidad en dos partes autónomas, donde la focalización pasa de Alina a la mendiga. Es un final que no ofrece certezas, sino una ambigüedad que invita al lector a reflexionar sobre la naturaleza de la identidad y la disolución del yo. La “lejana” no es solo una parte de Alina, sino que se convierte en la “nueva” Alina, o al menos en su manifestación dominante, dejando atrás la identidad que la oprimía.
Cortázar y la Esfera del Cuento: Metáfora de la Perfección Narrativa
Para comprender la profundidad de “Lejana” y el uso de la metáfora en la obra de Cortázar, es fundamental recordar su propia concepción del cuento. Cortázar describía el cuento como una esfera: “Muy severo: alguna vez lo he comparado con una esfera; es algo que tiene un ciclo perfecto e implacable; algo que empieza y termina satisfactoriamente como la esfera en que ninguna molécula puede estar fuera de…”. Esta metáfora de la esfera encaja perfectamente con “Lejana”. A pesar de su aparente ambigüedad y la irrupción de lo fantástico, el cuento tiene una estructura impecable y un desenlace inevitable que, aunque abierto a múltiples interpretaciones, cierra un ciclo. La dualidad de Alina, su viaje interior, la construcción de la lejana y su eventual fusión son elementos que giran en torno a un eje central, formando una unidad compacta y autosuficiente, como una esfera. La historia de Alina es una progresión implacable hacia la resolución de su escisión, y la metáfora es el vehículo que permite que esta progresión se sienta orgánica y predestinada, a pesar de su carácter irracional.
La maestría de Cortázar reside en su capacidad para tejer lo fantástico con lo cotidiano, haciendo que lo inverosímil se sienta natural. En “Lejana”, la metáfora no es una figura retórica que embellece el texto; es el mecanismo a través del cual la realidad se expande, se deforma y se revela en nuevas dimensiones. El “neofantástico” cortazariano, como lo clasifica Alazraki, no busca jugar con los miedos del lector, sino abrir una ruta de acceso a un “orden segundo” de la realidad a través de la metáfora. Es un medio de “conocer poéticamente a estratos de la realidad que se resisten a un conocimiento lógico”. La experiencia de Alina, aunque fantástica, resuena con la lucha universal por la autoaceptación y la integración de las diferentes facetas del yo.
Tabla Comparativa: Las Realidades de Alina Reyes
| Aspecto | Alina Reyes (el "yo" burgués) | La Lejana (el "otro yo" proyectado) |
|---|---|---|
| Ubicación Principal | Buenos Aires, hogar familiar, círculos sociales | Budapest, puentes helados, calles solitarias |
| Condición Social | Alta burguesía, riqueza, comodidades | Mendiga, pobreza, sufrimiento físico |
| Estado Psicológico | Insomnio, aburrimiento, búsqueda de sentido, escisión | Sometimiento, dolor, resiliencia, autenticidad cruda |
| Forma de Expresión | Diario personal, juegos de palabras, monólogo interno | Silencio, sufrimiento físico, presencia etérea |
| Sentimientos de Alina hacia ella | Ternura, compasión, pero también envidia y fascinación | (Alina se siente atraída y repelida a la vez) |
| Representación Metáforica | El "falso yo", lo socialmente impuesto, la contención | El "yo verdadero", lo reprimido, lo auténtico, la liberación |
Preguntas Frecuentes sobre "Lejana" y sus Metáforas
- ¿Qué siente Alina por la lejana?
- Alina experimenta una compleja mezcla de emociones. Siente ternura y compasión por el sufrimiento de la mendiga, pero también una profunda envidia por su existencia cruda y despojada, que percibe como más auténtica. Hay una necesidad imperiosa de fusión, una atracción hacia esa parte rechazada de sí misma, incluso si implica dolor y ultraje, lo que revela un deseo de liberarse de su "falso yo" burgués.
- ¿Qué papel juega el diario en la conexión entre Alina y la lejana?
- El diario es mucho más que un registro; es el campo de batalla metafórico donde se libra la lucha por la identidad de Alina. A través de la escritura, especialmente mediante juegos de palabras y anagramas, Alina intenta comprender y controlar su conexión con la lejana. Es el espacio donde su imaginación cobra fuerza y donde la realidad se deforma, permitiendo que su "otro yo" se manifieste y cobre vida propia. Es el primer paso hacia la materialización de lo imaginado.
- ¿Cómo se manifiesta la metáfora del "puente" en el cuento?
- El puente sobre el Danubio es la metáfora central de la transición y la fusión. Representa un umbral, un espacio liminal donde las dos realidades de Alina (la burguesa y la mendiga) convergen. Es el punto de no retorno donde lo mental se hace físico, y donde la identidad de Alina se disuelve y se reconstituye. La descripción del puente helado y desolado intensifica la sensación de un paso hacia una realidad cruda y definitiva.
- ¿Cómo termina el cuento "Lejana" y qué significado tiene su final?
- El cuento culmina con el encuentro y el abrazo de Alina y la mendiga en el puente. Sin embargo, no es una simple reunión, sino una fusión y una mutación de identidad. Una de las Alinas (la burguesa) llora y se ve a la otra (la mendiga, ahora vestida con sus ropas) alejarse, llevando consigo "sus fatigas incontables". El final es ambiguo: sugiere que Alina Reyes se ha desprendido de su identidad anterior para convertirse en la lejana, o que la parte reprimida de su ser ha tomado el control, dejando atrás la vida que la oprimía. Es una metáfora de la disolución del yo y la emergencia de una nueva, aunque incierta, identidad.
- ¿Qué nos dice "Lejana" sobre el estilo de Cortázar y el uso de la metáfora?
- "Lejana" es un claro ejemplo del "neofantástico" cortazariano, donde la metáfora no es un adorno sino un mecanismo narrativo fundamental. La irrealidad no está fuera, sino dentro de los personajes, y la metáfora es el vehículo que permite explorar esta realidad interior y su manifestación. Cortázar utiliza la metáfora para romper la linealidad, explorar la dualidad psíquica y permitir que lo imaginado cobre vida, llevando al lector a estratos de la realidad que escapan a la lógica convencional. La obra es una "esfera" perfecta, donde cada elemento contribuye a un ciclo completo de transformación.
En definitiva, “Lejana” de Julio Cortázar es un testimonio brillante de cómo la literatura puede trascender la simple narración para adentrarse en las profundidades de la psique humana. Las metáforas que lo atraviesan – la dualidad de Alina, el diario como espejo, el puente como umbral, y el final como mutación – no son meros recursos estilísticos; son la esencia misma de la historia, los pilares sobre los que se construye la compleja identidad de su protagonista. A través de ellas, Cortázar nos invita a cuestionar nuestras propias realidades, a reconocer esas “otras” voces que habitan en nuestro interior y a contemplar la posibilidad de que, en algún puente helado de nuestra existencia, también podamos encontrarnos con nuestra propia “lejana”. Es un cuento que, como la esfera que Cortázar describía, es perfecto en su ciclo implacable, dejándonos con una sensación de incomodidad fecunda y la certeza de que las fronteras entre lo real y lo imaginado son, en la obra del maestro, más difusas que nunca.
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