25/07/2017
La noche del 10 de agosto de 1993 se grabó a fuego en la memoria colectiva del rock y el blues. En el majestuoso Madison Square Garden de Nueva York, Norberto “Pappo” Napolitano, el inconfundible Carpo argentino, fue invitado a compartir escenario con nada menos que B.B. King, el Rey del Blues. Fue un encuentro de titanes, un puente entre continentes y estilos que, más allá de los acordes y la maestría musical, dio origen a una anécdota singular y un apodo que se convertiría en una metáfora entrañable de su amistad: “The Cheeseman”.

Este sobrenombre, aparentemente trivial, encierra una historia de respeto, camaradería y la profunda conexión que solo la música puede forjar, trascendiendo barreras idiomáticas y culturales. Años después de aquel histórico concierto, y tras la trágica partida de Pappo en 2005, B.B. King recordaría con cariño y admiración al guitarrista argentino, revelando el origen de ese particular apodo que lo inmortalizó en su memoria.
- El Origen de “The Cheeseman”: Un Vínculo Inesperado y un Regalo Inolvidable
- Más Allá del Queso: Admiración Musical y Filosofía Universal del Blues
- El Adiós a un Amigo: La Reflexión de B.B. King
- El Poder de los Apodos: Narrativas en Miniatura
- Preguntas Frecuentes sobre Pappo y B.B. King
- Un Legado de Amistad y Universalidad
El Origen de “The Cheeseman”: Un Vínculo Inesperado y un Regalo Inolvidable
Todo comenzó mucho antes del Madison Square Garden, durante la primera visita de B.B. King a Argentina en 1994. Pappo, con su característica espontaneidad y calidez, decidió presentarse en el hotel del legendario bluesman con un obsequio muy particular: “Se apareció con una botella de vino y un gran queso”, relataría King años más tarde al periodista Enrique Lopetegui. No era un queso cualquiera, sino un “queso enoooorme, redondo”, tan impactante que quedó grabado de por vida en la memoria del Rey del Blues.
Fue en ese momento, con ese gesto tan argentino y genuino, que B.B. King acuñó el apodo: “Desde entonces, lo recuerdo como ‘The Cheeseman’. Pappo es ‘The Cheeseman’.” Este sobrenombre es más que una simple descripción; es una metonimia, una figura retórica donde una parte (el queso) representa el todo (la persona y el encuentro). El queso no solo fue un alimento; fue un símbolo de bienvenida, de hospitalidad, de una conexión que se estableció más allá de las palabras. Era la esencia de Pappo, su generosidad y su autenticidad, encapsuladas en un regalo que desafiaba las formalidades.
La calidad del obsequio también dejó su huella: “¿Me estás bromeando? ¡Excelente! Los dos: el queso y el vino”, afirmó King. Esta anécdota, aparentemente sencilla, es el cimiento de una relación basada en el respeto mutuo, la admiración y la calidez humana. Demuestra cómo un acto de generosidad puede trascender lo material y convertirse en el inicio de una leyenda compartida.
Más Allá del Queso: Admiración Musical y Filosofía Universal del Blues
La relación entre Pappo y B.B. King no se limitó a un queso y un apodo; se cimentó en una profunda admiración musical. B.B. King, una de las figuras más influyentes del blues, no escatimó elogios para el Carpo. Cuando se le preguntó si Pappo había “revivido” su carrera, King, con humildad, respondió: “No lo sabía. Pero sé que somos amigos y hemos sido amigos desde que estuve [en Argentina en 1994].” Esta declaración subraya la verdadera naturaleza de su vínculo: no una transacción profesional, sino una amistad genuina.

Para B.B. King, la habilidad de Pappo como guitarrista era innegable. “Pappo es un buen guitarrista, un buen amigo y un gran músico”, sentenció. Esta afirmación es crucial, especialmente en el contexto de un debate que, lamentablemente, aún persiste en algunos círculos: la idea de que solo las personas de ciertas razas o nacionalidades pueden tocar blues auténtico. B.B. King, con la sabiduría que solo una vida dedicada a la música puede dar, desmanteló este mito con una claridad meridiana:
“No sé de dónde salen esas cosas, pero creo que, en este mundo, cualquier persona puede aprender cualquier cosa. ¿Sos hispano, verdad? ¡Y aquí estás hablando en inglés conmigo! Si podés hablar en inglés… Yo no puedo hablar en español fluidamente, sólo sé unas pocas palabras. Pero ahí está la prueba: si vos podés hablar en inglés y yo conozco algunas palabras en español, eso significa que cualquier persona puede aprender lo que quiera. Eso contradice lo que esas personas dicen, ¿no? No creo [que los blancos o latinos no puedan tocar blues]. La música es para todos.”
Esta declaración es una poderosa metáfora de la universalidad del arte. Para King, la música no tiene color, ni fronteras, ni credos. Es un lenguaje universal que trasciende cualquier prejuicio. Su propia experiencia y la de Pappo eran la prueba viviente de esta verdad. La habilidad y la pasión son las únicas monedas de cambio en el reino del blues.
La Autenticidad como Filosofía Musical
Otro mito que B.B. King desarticuló con su propia carrera fue la noción de que tocar “bien” significa tocar “rápido”. El Rey del Blues siempre hizo énfasis en la precisión, el sentimiento y el buen gusto, más que en la velocidad vertiginosa. Su consejo para los músicos jóvenes es una metáfora de la autenticidad y el autoconocimiento:
“No soy muy rápido. Simplemente, hago lo que hago. No trato de hacer lo que tú haces o lo que ellos hacen o lo que alguien más hace. Sólo hago lo que hago y trato de hacerlo de la mejor manera que pueda. […] Llega un momento en el que te das cuenta que vos sos vos. No importa quién sea tu ídolo. Te das cuenta de que la mejor versión de tu ser es cuando te dedicás a lo que mejor hacés, y eso es ser vos mismo. Ese es mi consejo para los músicos jóvenes.”
Esta filosofía, que Pappo también encarnaba a su manera con su estilo inconfundible, es un recordatorio de que la verdadera maestría reside en encontrar y cultivar la propia voz, en ser fiel a uno mismo. B.B. King, con su humildad característica, se negó a ser catalogado como el “número uno”, siempre señalando a otros gigantes como Eric Clapton, Muddy Waters, Lonnie Johnson o Andrés Segovia, el “padre de la guitarra” en su opinión. Esta capacidad de reconocer la grandeza en otros es, en sí misma, una metáfora de la verdadera humildad y la riqueza de un espíritu generoso.
El Adiós a un Amigo: La Reflexión de B.B. King
La noticia de la muerte de Pappo en febrero de 2005 llegó a B.B. King con cierto retraso, “quizás una semana después de que pasó”. Pero el impacto fue profundo. En una conversación posterior con Enrique Lopetegui en su autobús personal, King compartió sus sentimientos y su particular visión sobre la vida y la muerte. Su reacción no fue de juicio, sino de profunda tristeza y aceptación filosófica.
“No voy a hablar mucho al respecto porque era un amigo. […] Pappo era un buen amigo, y a un buen amigo lo extrañás. Pero creo en Dios. Creo que Dios nos lleva cuando [Dios] está listo. Y sin importar lo que el hombre esté tratando de hacer, creo que cuando Dios está listo, nos lleva.” Esta es una poderosa metáfora de la fe y la resignación ante lo ineludible, una forma de encontrar paz en la tragedia.
King también se negó a juzgar las circunstancias de la muerte de Pappo, un acto de profunda empatía y respeto por la autonomía individual. “¿Quién soy yo para criticar a Pappo o a cualquier otra persona? Soy simplemente una persona. Y creo que, lo que sea que Pappo haya estado haciendo, estoy seguro de que lo estaba disfrutando. Y si él estaba feliz, yo estoy feliz por él, incluso si a veces hacemos o no hacemos cosas que otros piensen que debemos o no debemos hacer. Pero si alguien hace algo por sí mismo, sin tratar de lastimar a nadie, yo estoy con esa persona. Cien por ciento. Cada hombre debe vivir su propia vida y cada mujer debe vivir su propia vida. ¿Qué somos? ¿Quiénes somos? No somos Dios. No podemos decirle a nadie lo que debe hacer. La gente es crítica. Yo no.” Esta declaración es una metáfora de la libertad personal y la no-crítica, un testamento a la sabiduría de vivir y dejar vivir, de respetar la individualidad hasta en sus últimas consecuencias.

Cuando se le pidió describir la técnica de Pappo como guitarrista, B.B. King ofreció la respuesta más elocuente posible, una que encapsula la esencia de la originalidad y la identidad musical: “No podría, Pappo es Pappo. Como yo. Yo soy yo. Vos lo describís, ella lo describe, ellos lo describen, pero yo soy B.B. King y toco como B.B. King. Así era Pappo. Por lo menos para mí.” Esta afirmación es la metáfora definitiva de la autenticidad, la idea de que los verdaderos artistas son únicos e irrepetibles, su arte es una extensión de su propio ser. Pappo no era una imitación; era un original, un sonido propio, y B.B. King lo reconoció plenamente.
El Poder de los Apodos: Narrativas en Miniatura
La historia de “The Cheeseman” nos invita a reflexionar sobre el poder de los apodos. Un apodo no es simplemente un nombre alternativo; es una forma condensada de narrativa, una metáfora o metonimia que encapsula una característica, un evento, una anécdota o una cualidad distintiva de una persona. Son etiquetas afectivas que revelan un vínculo, una percepción, una historia compartida.
En el caso de Pappo, “The Cheeseman” es una metonimia que evoca el inicio de su amistad con B.B. King, un momento de generosidad y sorpresa que forjó un lazo. Pero Pappo tuvo otros apodos que también actuaban como pequeñas metáforas de su persona:
- Pappo: Este, su apodo más conocido, tiene orígenes curiosos. Se dice que al principio era con una sola ‘p’ y luego se duplicó. Una teoría popular es que nació de la deformación de “Papá” o de la expresión “Bien Papi” que le decían los chicos del barrio por su habilidad en la guitarra. En latín, “pappus” era un término afectuoso para hombres mayores, quizás aludiendo a la barba, o incluso derivado de palabras relacionadas con “comer” o “alimentar”. En cualquier caso, el nombre se convirtió en una metáfora de su figura paterna para el rock y el blues argentino.
- Carpo: Este apodo alude al dominio que poseía al mover el carpo de su mano mientras tocaba la guitarra. Es una metonimia de su destreza instrumental, una forma de reconocer su habilidad técnica y su maestría con las seis cuerdas.
- Napo: Una simple abreviatura de su apellido Napolitano. Menos metafórica, pero igualmente una forma de identificación cercana y familiar.
Cada uno de estos apodos, y especialmente “The Cheeseman”, son como pequeños poemas que resumen una faceta de la identidad de Norberto Napolitano. Son testimonios de cómo las personas son percibidas y recordadas, y cómo un simple nombre puede llevar consigo una profunda carga de significado y afecto.
Preguntas Frecuentes sobre Pappo y B.B. King
A continuación, respondemos algunas de las preguntas más comunes sobre la relación entre estas dos leyendas de la música:
¿Por qué B.B. King le decía “The Cheeseman” a Pappo?
B.B. King le puso el apodo “The Cheeseman” a Pappo porque en su primer encuentro en Argentina, Pappo se presentó en el hotel de King con un regalo muy particular: una botella de vino y un queso enorme y redondo. Este gesto de generosidad y la singularidad del obsequio quedaron grabados en la memoria del Rey del Blues.
¿Cuándo se conocieron Pappo y B.B. King?
Se conocieron por primera vez en Argentina en 1994, durante la visita de B.B. King al país. La amistad se consolidó cuando Pappo fue invitado a tocar con B.B. King en el Madison Square Garden de Nueva York el 10 de agosto de 1993, aunque el encuentro con el queso fue la primera vez que se vieron fuera de escena.

¿Qué pensaba B.B. King de la habilidad de Pappo como guitarrista?
B.B. King tenía una alta estima por la habilidad de Pappo. Lo describió como “un buen guitarrista, un buen amigo y un gran músico”. Para King, Pappo era único: “Pappo es Pappo. Como yo. Yo soy yo… Así era Pappo.”
¿Pueden los músicos blancos o latinos tocar blues según B.B. King?
Sí, absolutamente. B.B. King fue enfático al desmentir el mito de que solo las personas negras o anglosajonas pueden tocar blues. Él afirmó categóricamente: “La música es para todos. Cualquier persona puede aprender cualquier cosa.” Citó a Pappo como ejemplo y argumentó que la capacidad de aprender y la pasión son universales.
¿Cuál era la filosofía de B.B. King sobre la interpretación musical?
B.B. King priorizaba la precisión, el buen gusto y la autenticidad sobre la velocidad en la interpretación. Su consejo a los músicos jóvenes era ser ellos mismos: “Te das cuenta de que la mejor versión de tu ser es cuando te dedicás a lo que mejor hacés, y eso es ser vos mismo.”
¿Cómo reaccionó B.B. King a la muerte de Pappo?
B.B. King se enteró de la muerte de Pappo tiempo después y expresó su tristeza por la pérdida de un amigo. Con una perspectiva filosófica, afirmó su creencia de que “Dios nos lleva cuando [Dios] está listo” y se negó a juzgar las circunstancias de su fallecimiento, enfatizando que “cada hombre debe vivir su propia vida”.
Un Legado de Amistad y Universalidad
La historia de Norberto “Pappo” Napolitano y B.B. King es mucho más que la anécdota de un queso y un apodo. Es un testimonio vibrante de que la música no conoce barreras. “The Cheeseman” se erige como una metáfora perdurable de una amistad profunda, de un respeto mutuo que trascendió la fama y los estilos. Es el recordatorio de que, en el vasto universo del blues, la autenticidad y la conexión humana son los acordes más poderosos.
Pappo, el hombre del queso, el Carpo, el Rey del Blues argentino, dejó una huella imborrable. Y la forma en que el mismísimo B.B. King lo recordaba, con ese apodo tan particular, solo engrandece su leyenda, demostrando que en el lenguaje universal de la música, un simple gesto de amistad puede resonar por siempre, como el blues mismo, sin importar de dónde venga el sonido o quién lo interprete. Su legado sigue resonando, inspirando a generaciones a encontrar su propia voz y a celebrar la diversidad en todas sus formas.
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