¿Cuál era la crítica que los escritores de Boedo hacían a los de Florida?

Metáforas en Pugna: Florida y Boedo, Duelo de Letras

01/09/2019

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En la efervescente Buenos Aires de la década de 1920, la literatura no era solo un pasatiempo, sino un campo de batalla donde las ideas, las formas y el compromiso social se enfrentaban con fervor. En este crisol de modernidad y tradición, dos grupos literarios emergieron, marcando un hito en la cultura argentina: el Grupo de Florida y el Grupo de Boedo. Sus nombres, tomados de calles emblemáticas de la ciudad, se convirtieron en potentes metáforas de sus filosofías opuestas, encapsulando un debate que, aunque a veces tildado de “broma” por algunos de sus protagonistas, reflejó profundas divisiones estéticas, ideológicas y sociales.

¿Quién es el principal representante del grupo Florida?
Los jóvenes de Florida, descendientes en su mayoría de las clases que tradicionalmente administraron la cultura argentina, incorporaron procedimientos vanguardistas en la renovación formal de la literatura argentina; sus principales representantes fueron Jorge Luis Borges, Xul Solar, Oliverio Girondo, Eduardo González ...

Este artículo desentrañará las propuestas de cada grupo, las agudas críticas que se lanzaron mutuamente —a menudo cargadas de un ingenioso y mordaz lenguaje metafórico— y las diferencias que los separaron, así como los puntos de encuentro que, paradójicamente, los unieron en la construcción de una literatura nacional moderna. Nos adentraremos en el corazón de esta “grieta” cultural para comprender su verdadero alcance y su legado duradero.

Índice de Contenido

El Crisol de la Vanguardia: ¿Qué Proponía el Grupo de Florida?

El Grupo de Florida, cuyo epicentro era la céntrica y cosmopolita calle homónima, se erigió como el estandarte de la renovación formal y la vanguardia estética en la literatura argentina. Sus miembros, a menudo vinculados a las élites económicas o a una clase media acomodada, miraban hacia Europa en busca de inspiración. Su principal plataforma fue la revista Martín Fierro, fundada en febrero de 1924, bajo la dirección de Evar Méndez y codirigida por Oliverio Girondo.

La propuesta central del Grupo de Florida era la de romper con los esquemas y reglas artísticas entonces vigentes. Su “Manifiesto”, publicado en el cuarto número de Martín Fierro el 15 de mayo de 1924 y redactado por Oliverio Girondo, es una declaración de principios vibrante y desafiante. Declaraba una guerra abierta contra la “impermeabilidad hipopotámica del honorable público” y la “funeraria solemnidad del historiador y del catedrático que momifica cuanto toca”. Esta última, una metáfora potente que evoca la imagen de un conocimiento árido y petrificado, incapaz de captar la vitalidad del presente. El Manifiesto proclamaba que “todo es nuevo bajo el sol, si todo se mira con unas pupilas actuales y se expresa con un acento contemporáneo”, una clara invitación a la innovación y a la mirada fresca.

La búsqueda de innovaciones vanguardistas se materializó en el cuestionamiento a la métrica y la rima en la poesía, pilares de la lírica tradicional. Abrazaron corrientes europeas como el ultraísmo, el dadaísmo y el surrealismo, buscando una “literatura pura”, desvinculada de compromisos políticos explícitos. Este “artepurismo” se inclinaba por la brevedad, la ausencia de anécdota y, sobre todo, por el uso audaz de la metáfora como eje de la expresión poética. Jorge Luis Borges, figura central del grupo a su regreso de Europa, fue un ferviente exponente del ultraísmo, explorando nuevas formas de lenguaje y percepción.

Además de la renovación estética, el grupo de Florida también buscaba un nivel de legitimación del escritor por parte del Estado, abogando por premios y concursos institucionales que determinaran el prestigio literario. Esta postura contrastaba fuertemente con la del Grupo de Boedo, que desconfiaba de tales “patrocinios” oficiales.

En esencia, el Grupo de Florida propuso una “revolución para el arte”, donde la forma y la experimentación eran primordiales, y donde la literatura, como un espejo de la modernidad, debía reflejar un espíritu cosmopolita y renovador.

¿Qué propone el grupo de Florida?
El Grupo de Florida se caracterizó fundamentalmente por la búsqueda de innovaciones vanguardistas relacionadas con las formas, como el cuestionamiento a la métrica y la rima en la poesía. Apoyaron el surrealismo, el dadaísmo, el ultraísmo y en general todas las corrientes de vanguardia europeas de la época.

Boedo: La Voz del Pueblo y el Arte Comprometido

En el otro extremo del espectro cultural de Buenos Aires, el Grupo de Boedo se congregaba en torno a la Editorial Claridad y sus revistas Los Pensadores y Claridad, ubicadas en la popular y tanguera calle Boedo. Este grupo, de marcado enfoque sociopolítico, se identificaba con los sectores obreros y populares, y concebía el arte como una herramienta fundamental para la transformación social.

A diferencia de Florida, Boedo sostenía que a “nuevos tiempos correspondían nuevas formas de vida”, no solo nuevas formas de arte. Su objetivo era cambiar las condiciones de existencia del hombre, y la literatura debía ser un medio para lograrlo. Su “arte para la revolución” se nutría del realismo social y de la influencia de escritores rusos como Dostoievsky y Tolstoi, así como de figuras europeas como Émile Zola y Henri Barbusse, quienes aportaban una mirada naturalista, a menudo cruda y violenta, sobre la realidad cotidiana.

Antonio Zamora, fundador de Editorial Claridad, concebía la editorial como una “universidad popular”, democratizando el acceso a la lectura con publicaciones a precios accesibles. Los temas recurrentes en sus páginas eran la revolución social, la injusticia, el capitalismo, y el repudio a las dictaduras y el imperialismo. Creían firmemente en la educación como motor de progreso popular, encarnando la frase de Sarmiento: “educar al soberano”.

Miembros destacados como Elías Castelnuovo, Leónidas Barletta, Roberto Mariani y Álvaro Yunque, cultivaron preferentemente la prosa (cuento y novela) para expresar sus preocupaciones sociales, retratando la vida de los trabajadores, los inmigrantes y los desposeídos. Su literatura era una denuncia, un grito por los oprimidos, buscando interpelar a un público más amplio que la élite intelectual.

El Duelo de las Metáforas: Las Críticas de Boedo a Florida

La polémica entre Boedo y Florida fue, en gran medida, una batalla de palabras, donde el uso de metáforas se convirtió en un arma afilada para descalificar y posicionar al adversario. La crítica de Boedo hacia Florida era incisiva y, a menudo, cargada de un tono popular y despectivo, buscando resaltar la superficialidad y el elitismo que, a su juicio, caracterizaban a sus contrincantes.

Roberto Mariani inició la contienda con su nota “Martín Fierro y yo” en Extrema Izquierda, acusando a la revista de Florida de un “anticontenidismo” funcional al orden establecido y de un “escandaloso respeto” hacia figuras como Leopoldo Lugones, a quien criticaban por su adhesión al fascismo. Mariani reprochaba a Florida su “desprecio al criollismo y su tendencia extranjerizante”, a pesar de que su revista llevaba el nombre de un gaucho emblemático. Llegaron a referirse a Martín Fierro como “un gaucho matrero que degeneró en niño fifí”, una metáfora de la desnaturalización y la pérdida de autenticidad.

Las páginas de Los Pensadores y Claridad no escatimaron en epítetos y descripciones satíricas para los escritores de Florida, creando un rico léxico de descalificación: los llamaban “literatos a la bergamota” que hacían “literatura fifí” para “las niñas”, sugiriendo una escritura delicada y superficial. Se burlaban de su lenguaje “pulido, elevado, ampuloso, diáfano, amerengado”, contrastándolo con la rudeza y la autenticidad que, según ellos, debía tener la literatura argentina, un “conglomerado rústico”.

¿Cuáles son las diferencias entre el grupo Florida y el grupo Boedo?
Los primeros (Boedo) estaban más ligados a sectores plebeyos de los barrios del sur de Buenos Aires y los segundos estaban vinculados a la pequeña-burguesía porteña, clase media acomodada e incluso algunos como Victoria Ocampo provenían de sectores ligados a la oligarquía y burguesía terrateniente.

Las metáforas más recurrentes de Boedo para describir a los de Florida eran las que aludían a su falta de virilidad o autenticidad: “poetas maricas”, “remononos” (afeminados, elegantes sin sustancia), “jazzbandistas” (superficiales, modernos sin profundidad) o “diáfanos” (transparentes, vacíos). Se les acusaba de “carecer de sexo definido” o de ser “hombres que debían ser mujeres”, una forma de denostar su estilo y su supuesta desconexión con la “realidad viril” del pueblo. La crítica a su “espermatorrea verbal” era una metáfora brutal para su supuesta verborrea sin contenido.

También se mofaban de su proceso creativo y sus fuentes de inspiración. Los “remononos se nutren de nubecillas y de plumones de cisne”, los “jazzbandistas tragan libracos franceses con tapas y todo, los vomitan y se los vuelven a engullir”, mientras que los “diáfanos se alimentan de peras”. Estas imágenes pintaban a los escritores de Florida como seres etéreos, imitadores de lo extranjero, incapaces de conectar con la sustancia de la vida argentina. La frase “el último feto de Rubén Darío” para describir la dirección de Martín Fierro era un ataque directo a su herencia modernista y a su supuesta falta de originalidad. Boedo también atacaba la “literatura macarrónica” y la “literatura populachera”, aunque esta última crítica a veces se dirigía a publicaciones de bajo nivel general, no solo a Florida.

Para Boedo, la literatura de Florida tenía “muchas palabras y pocas ideas”, “escribía largo y pensaba corto”, y su originalidad consistía en “retorcerle el cogote a las palabras y entreverarlas en una forma ambigua y descabellada, haciendo del discurso una verdadera riña de gallos”. Esta última metáfora evocaba la imagen de un lenguaje caótico y sin propósito, un mero espectáculo verbal sin un mensaje claro o socialmente relevante. En última instancia, la crítica de Boedo se resumía en la acusación de “carencia de ideales y de honestidad”, y de estar alineados con el conservadurismo político (“Están con Mussolini y nosotros con Lenin”), un contraste tajante con su propia militancia de izquierda.

Más Allá de la Antinomia: Un Debate que Trasciende la Literatura

Aunque la “grieta” entre Florida y Boedo se presentó como una oposición irreconciliable, la realidad fue más compleja. Figuras como Jorge Luis Borges, Roberto Arlt y Raúl González Tuñón navegaron, en distintos momentos, entre ambos “bandos”, lo que llevó a algunos a considerar la rivalidad como una “broma” o una estrategia de marketing. El propio Borges llegó a afirmar que la discusión era “inútil” y que “demasiado se conversó de Boedo y Florida, escuelas inexistentes”, aunque luego aceptara su existencia en el debate. Sin embargo, más allá de la “broma”, las diferencias ideológicas, estéticas y sociales eran palpables y generaron un debate necesario para el campo cultural argentino.

El Grupo de Florida, con su énfasis en la renovación de las formas, la experimentación y el cosmopolitismo, buscaba conectar a la literatura argentina con las corrientes de vanguardia europeas. Su “revolución para el arte” implicaba un quiebre con el modernismo y el realismo decimonónico, y una apuesta por un lenguaje que reflejara la velocidad y la complejidad de la vida moderna. La metáfora era su herramienta predilecta para crear nuevas realidades y desfamiliarizar lo conocido.

Por su parte, el Grupo de Boedo, con su “arte para la revolución”, se volcó a la temática social, al realismo crudo y a la búsqueda de un público amplio, más allá de los círculos de élite. Veían la literatura como un vehículo para la denuncia y la concienciación, utilizando un lenguaje directo y contundente, aunque no exento de metáforas que servían para satirizar y revelar las injusticias.

A pesar de sus diferencias, ambos grupos compartían un espíritu de transgresión y un deseo de romper con las normas establecidas. Ambos intentaron legitimar sus objetivos frente a lo canónico, y su polémica —que, como se vio, incluyó un rico intercambio de metáforas y epítetos— contribuyó a la emergencia de una nueva literatura argentina, más diversa y consciente de su papel en la sociedad. La “falsa antinomia” sirvió, irónicamente, para dinamizar el campo literario y forzar una definición de lo que significaba ser un escritor en la Argentina del siglo XX.

¿Cuáles son las 9 metáforas de carrera?
El método de metáforas múltiples de Morgan (1986) se utiliza para desarrollar una visión ecléctica de los estudios de carrera. Se consideran nueve metáforas clave para la carrera: la carrera como herencia, construcción, ciclo, correspondencia, recorrido, encuentros y relaciones, roles, recurso e historia .

Tabla Comparativa: Florida vs. Boedo – Un Contraste Esencial

CriterioGrupo de FloridaGrupo de Boedo
Enfoque PrincipalArtístico-literario, renovación de formasSociopolítico, arte al servicio de la revolución social
Estética DominanteVanguardismo (ultraísmo, surrealismo, dadaísmo), formalismo, arte puroRealismo social, naturalismo, literatura comprometida
Lugar de ReuniónConfitería Richmond, Café Tortoni (centro de Buenos Aires)Café El Japonés, Editorial Claridad (barrio de Boedo)
Publicaciones ClaveMartín Fierro, Proa, InicialLos Pensadores, Claridad, Extrema Izquierda
Temática CentralExperimentación formal, cosmopolitismo, vida urbana moderna, introspecciónInjusticia social, vida obrera, inmigración, denuncia política
Figuras ClaveJorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Ricardo Güiraldes, Leopoldo Marechal, Norah LangeElías Castelnuovo, Leónidas Barletta, Roberto Mariani, Álvaro Yunque, César Tiempo
Orientación PolíticaMayormente apolítica o conservadora, algunos nacionalistasIzquierda (socialistas, anarquistas, comunistas)
Metáfora CentralEl arte como fin en sí mismo, la belleza por la bellezaEl arte como herramienta de cambio, la verdad por la justicia

Preguntas Frecuentes (FAQs)

¿Fue real la rivalidad entre Florida y Boedo?

Aunque algunos de sus protagonistas, como Jorge Luis Borges, la consideraron una “broma” o una estrategia de marketing literario para generar publicidad, la rivalidad reflejó diferencias genuinas y profundas en cuanto a concepciones estéticas, ideológicas y sociales. Si bien no siempre hubo un antagonismo personal extremo, las posturas de cada grupo eran claramente opuestas y dieron lugar a un debate cultural muy real y significativo para la época.

¿Qué es el “ultraísmo” y cómo se relaciona con el Grupo Florida?

El ultraísmo fue una vanguardia literaria surgida en España a principios del siglo XX, que buscaba la renovación radical de la poesía. Se caracterizaba por el uso intensivo de la metáfora, la eliminación de la rima y la métrica tradicional, la concisión, la ausencia de anécdota y la búsqueda de imágenes chocantes y novedosas. Jorge Luis Borges, tras su estancia en Europa, fue uno de los principales introductores y promotores del ultraísmo en Argentina, convirtiéndolo en una de las banderas estéticas del Grupo de Florida.

¿Por qué se dice que Roberto Arlt y Raúl González Tuñón “navegaron” entre ambos grupos?

Roberto Arlt y Raúl González Tuñón son ejemplos de escritores cuyas obras y trayectorias desafiaron las rígidas categorizaciones de Florida y Boedo. Aunque la temática social de la obra de Arlt (sus personajes marginales, su lenguaje crudo) lo acercaba a Boedo, fue Ricardo Güiraldes (de Florida) quien lo ayudó a publicar su primera novela. Similarmente, Raúl González Tuñón, aunque inicialmente asociado a Florida, desarrolló una poesía de fuerte contenido social y revolucionario que lo vinculó estrechamente con las preocupaciones de Boedo. Esto demuestra que la “grieta” no era tan absoluta y que el talento individual a menudo trascendía las fronteras impuestas por los grupos.

¿Cuál fue el legado de esta polémica para la literatura argentina?

La polémica entre Florida y Boedo fue fundamental para la modernización de la literatura argentina. Al confrontar visiones sobre el arte, su función social y sus formas, ambos grupos contribuyeron a un debate esencial sobre la identidad literaria del país. Forzaron la reflexión sobre la relación entre la literatura nacional y las corrientes extranjeras, la importancia de la experimentación estética y el compromiso social del escritor. La vitalidad de esta disputa generó una nueva masa de lectores y consolidó un campo literario argentino más complejo y autónomo.

¿Qué papel jugaron las revistas literarias en esta época?

Las revistas literarias fueron el pulmón de estos movimientos. Eran el principal medio de difusión de ideas, manifiestos, poemas y críticas. Funcionaron como espacios de encuentro, debate y consolidación de grupos, permitiendo a los jóvenes escritores y artistas dar a conocer sus propuestas de manera inmediata. Revistas como Martín Fierro, Los Pensadores y Claridad no solo publicaban textos, sino que eran trincheras desde donde se libraba la batalla cultural, utilizando el lenguaje y las metáforas como armas para moldear el futuro de la literatura.

En retrospectiva, la contienda entre el Grupo de Florida y el Grupo de Boedo fue mucho más que una simple rivalidad. Fue una efervescente encrucijada de ideas que, a través de sus manifiestos, sus publicaciones y sus mordaces críticas —a menudo expresadas en un lenguaje cargado de metáforas ingeniosas y reveladoras—, delineó el panorama literario y cultural de la Argentina moderna. Esta “batalla de las calles” entre la forma y el contenido, el cosmopolitismo y el compromiso social, dejó una huella indeleble, demostrando cómo las palabras, más allá de su significado literal, pueden convertirse en potentes símbolos de visiones de mundo opuestas, enriqueciendo el crisol de la identidad cultural de una nación. La historia de Florida y Boedo es, en sí misma, una gran metáfora de los debates eternos sobre el propósito del arte y su relación con la sociedad.

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