20/02/2023
En el vasto tapiz de la existencia humana, hay hilos invisibles que conectan nuestras acciones más profundas con el sentido colectivo de la vida. Estos hilos son los rituales y los dramas sociales, dos conceptos magistralmente explorados por el antropólogo Victor Turner. Su obra nos invita a mirar más allá de la superficie de nuestras interacciones diarias y a comprender cómo ciertos momentos, cargados de simbolismo y significado, actúan como potentes agentes de cambio, tanto para el individuo como para la sociedad. Desde la solemnidad de una procesión ancestral hasta la agitación de un escándalo público, Turner nos revela una estructura subyacente que organiza nuestra experiencia y define nuestro devenir. Este artículo se adentrará en sus ideas, desglosando la naturaleza del ritual, la intrincada relación con el tiempo y la dinámica de los dramas sociales, para ofrecer una visión completa de su profundo legado.

- El Ritual según Victor Turner: Un Viaje Transformador
- El Complejo Temporal del Ritual: Una Danza entre la Existencia y la Experiencia
- Dramas Sociales: Cuando la Estructura se Resquebraja
- Victor Turner: Un Gigante de la Antropología del Ritual y el Símbolo
- Preguntas Frecuentes sobre el Ritual y el Drama Social de Turner
- El Legado de Turner: Tejiendo el Sentido en el Telar de la Vida
El Ritual según Victor Turner: Un Viaje Transformador
Para Victor Turner, el ritual es mucho más que una simple secuencia de actos ceremoniales; es una conducta formal prescrita, profundamente relacionada con la sacralidad y, crucialmente, transformadora del estado de cosas. Su función principal es alterar el ser y el conocimiento de los participantes, marcando un antes y un después en su existencia. Aunque presentes en casi todas las sociedades, los rituales tienen una mayor incidencia en aquellas de carácter estable, cíclico y a pequeña escala, como las sociedades tradicionales o tribales.
En el desarrollo de un ritual, Turner identifica distintos roles:
- Los “pasajeros”: Los individuos protagonistas del ritual, aquellos que experimentarán la transformación.
- Los “instructores”: Quienes guían al pasajero a través del proceso, recordando las prescripciones y prohibiciones.
- Los “observadores”: Aquellos que presencian el ritual sin participar directamente en su transformación central.
Turner, siguiendo la propuesta de Arnold van Gennep sobre los ritos de paso, estructura todo ritual en tres fases interconectadas, cada una con sus propias características y complejidades:
Fase de Separación
Esta etapa inicial se caracteriza por una serie de acciones programadas que marcan el distanciamiento gradual del individuo o grupo de su situación anterior dentro de una estructura social convencional y más o menos fija. Es un momento de desprendimiento, donde los participantes comienzan a despojarse de sus roles y atributos previos.
Fase Liminar (Margen)
La fase intermedia, o etapa liminar, es el corazón del proceso ritual y, quizás, el concepto más distintivo de Turner. Se caracteriza por ser un estado de suspensión, una zona de “entre-dos-mundos” donde cualquier determinación social, identidad o modalidad queda suspendida. En la liminalidad, no hay rol social definido; solo indicadores de ambigüedad, anonimato, invisibilidad e incluso una evocación de la muerte simbólica. Es un limbo, un período transitorio donde las jerarquías sociales se disuelven y emerge un profundo sentido de igualdad y unidad, que Turner denominó communitas. Aquí, la estructura social se pone en crisis, dando lugar a rasgos “antiestructurales” que niegan o cuestionan el orden establecido.
Fase de Agregación
En la etapa final, los participantes del ritual se reincorporan a la estructura social, pero lo hacen con nuevos roles, atributos y una identidad transformada. Esta fase culmina con una ceremonia confirmatoria, un acto simbólico que sella el éxito de la transformación y la nueva posición del individuo dentro de la comunidad.
Los símbolos juegan un papel fundamental en el ritual, y Turner los denomina sacra. Estos pueden ser exhibiciones (lo que se muestra), acciones (lo que se hace) e instrucciones (lo que se dice). Su función es guiar a los involucrados, recordarles el objetivo del ritual y hacer presente el mito fundacional que subyace a toda la práctica. El ritual, en este sentido, se erige como una “saliente” de un fondo homogéneo que es la estructura social, una serie de posiciones y funciones que definen una sociedad.
La transformación que se lleva a cabo en el ritual es, generalmente, de carácter ontológico, es decir, afecta el ser mismo del sujeto y su identidad. Desde el punto de vista de la convención social, el sujeto pasa del "ser en el mundo" a un "no ser" para, finalmente, regresar a un "nuevo ser". En el caso de los rituales religiosos, esta transformación puede interpretarse como un paso del "no ser" que implica la vida mundana (la carencia) al "ser" que representa el contacto o fusión con la divinidad (la plenitud), para luego volver a un "no ser" que posibilita una nueva búsqueda y transformación.
Desde una perspectiva semiótica, el ritual puede ser reformulado como una semiosis en acto, una configuración heterogénea de significación donde interactúan la estructura social de fondo y una “nueva” práctica social que la confronta. El ritual, aunque se cierra sobre sí mismo para subsistir, incide profundamente en la vida social circundante, ajustando interacciones paralelas, procesos, acciones y roles, y negociando constantemente elementos como programaciones, objetivos, accidentes y pasiones.

El Complejo Temporal del Ritual: Una Danza entre la Existencia y la Experiencia
Uno de los aspectos más fascinantes del ritual, especialmente desde una reformulación semiótica propuesta por autores como Ingrid Geist y Jacques Fontanille, es su compleja temporalidad. El tiempo en el ritual no es meramente lineal o cronológico; es una intrincada interacción de diversas dimensiones temporales.
El fondo del que emerge el ritual se caracteriza por una estructura social y de significación con relaciones fijas y convencionales, donde el tiempo es comprendido comúnmente como tiempo cronológico: pasado, presente y futuro. Este es el tiempo de la existencia, un régimen temporal de progresión y discretización en unidades que figurativizamos como una flecha, permitiendo ubicar acontecimientos y compartirlos socialmente.
Sin embargo, existe otro tiempo: el tiempo sentido, el de la inmediatez, que no se restringe a la convención. Es un tiempo subjetivo, el régimen temporal de la experiencia, donde diversas capas retensivas y protensivas intervienen de manera profunda y no lineal.
De la tensión, oposición y complementariedad de estos dos regímenes temporales surge un tercer tiempo, muy singular: el tiempo del ritual. Este es cíclico, iterativo, grupal, individual y sentido. Se caracteriza por la repetición, la lentitud y la celeridad, y aunque conforma un ciclo, se presenta cada vez como una singularidad.
En el ritual, la fase de separación implica un alejamiento de la estructura temporal convencional, mientras que en la de agregación se produce una reincorporación a ella. La fase liminar, por su parte, es un tiempo que “estalla”, un instante de detención, permanente e intensamente presente, desprovisto de pasado y futuro.
Además, la temporalidad en el ritual se espacializa. Los movimientos y desplazamientos de los actores rituales no solo indican las diferentes dimensiones temporales, sino que el propio cuerpo se convierte en tiempo, expresando y experimentando las variaciones de duración y velocidad.
La etapa de separación, con sus acciones programadas, es un claro ejemplo de esta interacción temporal. Las acciones rituales, ya sean prescripciones o prohibiciones, son aprendidas y mediatizadas socialmente. Poseen una duración intrínseca y producen un resultado que, aunque esperado, no es del todo previsible; se espera también lo inesperado. Algunas acciones construyen un ritmo, otras se desarrollan con lentitud o con celeridad, enfocándose en la suspensión espacio-temporal.
El Ritmo del Dolor y la Paz: Los Disciplinantes de San Vicente de la Sonsierra
Para ilustrar la intrincada relación entre el tiempo y el ritual, podemos analizar el ritual penitencial de los disciplinantes de San Vicente de la Sonsierra, en La Rioja, España. Este ritual, documentado desde 1551 y con posibles orígenes en la Alta Edad Media, se lleva a cabo durante la Semana Santa y otras festividades.

Enmarcado en una procesión, que es en sí misma un desplazamiento espacial organizado de un grupo que inserta lo sagrado en el espacio profano, el ritual de los disciplinantes se desarrolla dentro de la cofradía de la Santa Vera Cruz. Los “picados” (penitentes) van descalzos, con un hábito blanco, la espalda descubierta, capucha y una madeja de lino trenzado (la disciplina). Exhiben las marcas de los personajes liminares de Turner: anonimato, ausencia de distinción social, vestimenta uniforme, obediencia y silencio.
La secuencia de acciones es precisa: confesión, comunión, incorporación a la procesión, arrodillarse, rezar. La campana anuncia la muerte de Cristo, marcando un ritmo auditivo. Los disciplinantes inician la flagelación, golpeándose hasta ochocientas veces con la madeja mientras caminan a pasos cortos. El movimiento del grupo procesional es constante y uniforme, figurativizando el tiempo social que fluye. Sin embargo, el desplazamiento de los disciplinantes es más lento, e incluso, hacia el final de la flagelación, avanzan de espalda, no para desandar el tiempo, sino para ralentizarlo y desestabilizar la línea temporal.
Finalmente, el disciplinante hace una pausa, sin perder el ritmo de los golpes, hasta detenerse totalmente al borde del paroxismo para recibir los “piquetes” del “práctico” (seis golpes con una bola de cera con vidrio incrustado, produciendo doce heridas). La sangre brota rápidamente, y el objetivo está cumplido.
En este ritual, observamos diversos tempos o velocidades:
- Ritmo general de la procesión: Constante y uniforme (marcha, canto, rezo).
- Lentitud de los disciplinantes: Pasos cortos, caminar de espalda, pausas; acciones que prolongan el tiempo y se asocian a la reflexión, lucidez y arrepentimiento. Esta lentitud produce la dilatación del alma y la serenidad.
- Celeridad de los golpes: Rápidos y fuertes, concentran el tiempo y se asocian a la mortificación del cuerpo e imitación del sufrimiento de Cristo. Esta celeridad puede producir la constricción del alma.
El cuerpo del disciplinante se convierte en el epicentro de esta danza temporal. La tensión entre la lentitud de la marcha y la celeridad de los golpes se controla con la presencia del acompañante, quien evita el descontrol y ayuda a que el tiempo se retrase, permitiendo la espera y la consecución de la “paz” anhelada. El testimonio de un disciplinante revela esta experiencia: la espera nerviosa, la introspección, la sensación de que el tiempo pasa sin darse cuenta, la tensión entre el nerviosismo y el sosiego.
Este ritual muestra cómo la lentitud, la celeridad y la repetición no son meras propiedades, sino elementos constitutivos del tiempo propio del ritual, que lo distinguen del tiempo cotidiano y lo dotan de su potencia transformadora.
Además de los rituales, Victor Turner también exploró los “dramas sociales”, secuencias de interacciones sociales de tipo conflictivo, competitivo o agonístico. Estos dramas emergen cuando las normas o el orden establecido de una comunidad se ven desafiados, y su desarrollo sigue un patrón de cuatro fases:
Ruptura (Breach)
La primera fase ocurre cuando un miembro de la comunidad, o un grupo, rompe una regla o norma social significativa. Este acto desafía el statu quo y genera una perturbación en el orden.
Crisis
Tras la ruptura, la tensión escala y se produce una crisis. Las partes toman partido a favor o en contra del infractor o de la norma transgredida. Se genera un debate público, una “fabricación de sentido” colectiva, donde los valores y la estructura social se ponen a prueba.

Las cuatro fases de un drama social son: ruptura, crisis, acción correctiva y reintegración o cisma . Los aspectos performativos de los dramas sociales incluyen el uso de gestos simbólicos, retórica y exhibiciones corporales para transmitir mensajes y afirmar posiciones sociales. Acción Correctiva (Redress)
En esta fase, la comunidad intenta reparar la ruptura y resolver la crisis. Esto puede manifestarse a través de mecanismos formales (juicios, negociaciones, mediaciones) o informales (discusiones, intervenciones comunitarias). El objetivo es restablecer el orden o encontrar una nueva forma de equilibrio.
Reintegración o Cisma
La fase final determina el resultado del drama social. Si las acciones correctivas tienen éxito, el grupo puede volver a la normalidad, a menudo con una estructura social reforzada o modificada. Si fracasan, el conflicto puede llevar a una división o escisión permanente dentro de la comunidad.
Turner distingue el drama social como una manifestación del “modo indicativo” de la cultura (lo que “es” o “ha sido” factual), del “modo subjuntivo” de las “performances culturales” (lo que “podría ser” o “debería ser”). Las performances culturales (rituales, festivales, carnavales, historias, etc.) se nutren de la “materia prima” de los dramas sociales y sirven como un comentario metasocial crítico, un “espejo mágico” que exagera, invierte, reforma o falsifica los eventos cronificados.
Un ejemplo paradigmático que ilustra esta dinámica es el escándalo Clinton-Lewinsky (1998-2000). La ruptura fue la relación sexual del presidente con una becaria, un acto que desafió las normas morales y políticas. La crisis se desató con la publicación del Informe Starr y la frenética atención mediática, generando una polarización en la sociedad y el gobierno. La acción correctiva fue el juicio político (impeachment) en el Senado de EE. UU. Finalmente, la fase de reintegración se manifestó en el apretón de manos entre demócratas y republicanos, aunque las repercusiones culturales se extendieron mucho más allá.
Durante este drama social, el internet se convirtió en un vasto escenario para performances culturales en el modo subjuntivo. Cientos de sitios web, repletos de chistes, parodias, gráficos y letras de canciones, ofrecían un comentario metasocial constante. Estas “performances mágicas” no solo reflejaban, sino que también moldeaban la percepción pública, a menudo reforzando narrativas hegemónicas de género, como la masculinidad y la heteronormatividad, a través de la representación de las “mujeres del presidente” (Monica Lewinsky y Hillary Rodham Clinton).
Victor Turner: Un Gigante de la Antropología del Ritual y el Símbolo
Victor Witter Turner (1920-1983) fue un influyente antropólogo británico, reconocido por su trabajo en el campo del ritual, el simbolismo y el drama social. Su carrera comenzó en Zambia (entonces Rodesia del Norte) como investigador para el Instituto Rhodes-Livingstone, donde inició su estudio de por vida sobre el pueblo Ndembu, que se convertiría en la base de gran parte de sus teorías. Completó su doctorado en la Universidad de Manchester en 1955, y al igual que muchos de sus colegas de Manchester, se interesó profundamente en el conflicto social.
En la Universidad de Chicago, a finales de los años 50, Turner comenzó a aplicar sus estudios sobre rituales y ritos de paso a las religiones mundiales y la vida de héroes religiosos. En 1958, él y su esposa, Edith L. B. Turner, se convirtieron al catolicismo, lo que también influyó en su perspectiva sobre la experiencia religiosa.
Sus contribuciones más significativas incluyen:
- Expansión de la teoría de los ritos de paso: Tomando las tres fases de Van Gennep (pre-liminal, liminal, post-liminal), Turner profundizó en la fase liminalidad, describiéndola como un estado “entre-dos-mundos” (“betwixt and between”), caracterizado por la humildad, el aislamiento, las pruebas, la ambigüedad sexual y, fundamentalmente, la emergencia de la communitas.
- Communitas: Este concepto describe un sentido profundo de igualdad, unidad y solidaridad que surge entre los individuos durante los períodos liminales, cuando las clasificaciones sociales y las normas culturales se disuelven. Turner sugirió que las sociedades experimentan un movimiento cíclico entre períodos estables de orden y caóticos intervalos de desorden, siendo eventos como carnavales y rituales ejemplos clave de experiencias liminales.
- Drama Social: Desarrolló este concepto para dar cuenta del simbolismo del conflicto y la resolución de crisis en las comunidades, viendo la vida social como una serie de “performances” que revelan y negocian significados.
La influencia de Turner se extiende a múltiples disciplinas, incluyendo los Estudios de Performance (gracias a su colaboración con Richard Schechner), la sociología y la ciencia política. Su trabajo ayudó a establecer la idea de que la performance no se limita al escenario, sino que es integral a los procesos sociales, rituales y expresiones comunitarias en diversas culturas. El Premio Victor Turner de Escritura Etnográfica, otorgado anualmente por la Sociedad de Antropología Humanista, es un testimonio de su legado.

Entre sus obras más destacadas se encuentran:
- The Forest of Symbols: Aspects of Ndembu Ritual (1967)
- The Ritual Process: Structure and Anti-Structure (1969)
- Dramas, Fields, and Metaphors: Symbolic Action in Human Society (1974)
- Image and Pilgrimage in Christian Culture (1978), junto a Edith L. B. Turner
- From Ritual to Theatre: The Human Seriousness of Play (1982)
| Característica | Ritual (Según Turner) | Drama Social (Según Turner) |
|---|---|---|
| Tipo de Acción | Transformación de estado del sujeto (ser, identidad) y de la estructura social. | Resolución de conflictos sociales, restablecimiento del orden o escisión del grupo. |
| Fases Clave | Separación, Liminalidad (margen), Agregación. | Ruptura, Crisis, Acción Correctiva (redress), Reintegración o Cisma. |
| Temporalidad | Tiempo propio del ritual (repetición, lentitud, celeridad); tensión entre tiempo de la existencia y tiempo de la experiencia. | Secuencia de interacciones conflictivas con un principio y un fin, aunque el contenido pueda dar lugar a "performances culturales" posteriores. |
| Naturaleza | Conducta formal prescrita, relacionada con lo sagrado, iterativa, vivencial, polisensorial. | Interacciones sociales conflictivas, competitivas o agonísticas, reflejo de la "indicatividad" social (lo que "es" o "ha sido"). |
| Símbolos/Elementos | Sacra (exhibiciones, acciones, instrucciones), objetos, escenarios, gestos, movimientos. | Gestos simbólicos, retórica, exhibiciones corporales, narrativas, que transmiten mensajes y afirman posiciones. |
| Propósito | Marcar el paso de un estado a otro, transformación ontológica. Cuestiona y niega la estructura social temporalmente (antiestructura). | Resolver una infracción de normas, restablecer el equilibrio social o evidenciar una división irreconciliable. |
| Resultado | Un "nuevo ser" o una nueva inscripción en la estructura social; plenitud (en rituales religiosos) o nueva carencia. | Retorno a la normalidad del grupo o su fragmentación. |
| Relación con la Estructura Social | Saliente de un fondo homogéneo (estructura social), antiestructural, se separa pero incide en ella. | Surge de una ruptura de las normas establecidas dentro de una estructura social existente. |
¿Qué es la liminalidad en el ritual según Victor Turner?
La liminalidad es la fase intermedia de un rito de paso, un estado de "entre-dos-mundos" donde los participantes no pertenecen a su estado anterior ni al nuevo. Se caracteriza por la suspensión de roles sociales, la ambigüedad, el anonimato y la disolución de jerarquías, lo que permite la emergencia de un profundo sentido de unidad y solidaridad llamado communitas.
¿Cómo se relaciona el tiempo con el ritual según Turner y la semiótica?
El ritual opera con un tiempo singular, distinto del tiempo cronológico (de la existencia) y del tiempo subjetivo (de la experiencia). Este "tiempo del ritual" surge de la tensión entre ambos y se caracteriza por la repetición, la lentitud y la celeridad, elementos que permiten la transformación y la suspensión espacio-temporal en la fase liminar.
Un ritual es una conducta formal prescrita, generalmente sagrada y transformadora, que busca mover a los participantes de un estado a otro a través de fases de separación, liminalidad y agregación. Un drama social, en cambio, es una secuencia de interacciones conflictivas que surgen de una ruptura de normas sociales, buscando la resolución de crisis a través de fases de ruptura, crisis, acción correctiva y reintegración o cisma.
¿Qué significa "antiestructura" en el contexto de Turner?
La antiestructura se refiere a los elementos que emergen durante la fase liminal del ritual que niegan o subvierten temporalmente el orden y las jerarquías de la estructura social convencional. Es un espacio de libertad y experimentación donde las normas cotidianas se suspenden, permitiendo nuevas formas de relación y significado.
¿Qué es la "communitas" según Victor Turner?
La communitas es un estado de unidad profunda, igualdad y solidaridad que experimentan los individuos durante la fase liminal del ritual. Es una conexión directa, no mediada por roles o jerarquías sociales, que surge de la disolución temporal de las estructuras convencionales y fomenta un sentido de hermandad y pertenencia.
El Legado de Turner: Tejiendo el Sentido en el Telar de la Vida
La obra de Victor Turner nos ofrece una lente invaluable para comprender la complejidad de la experiencia humana. Sus conceptos de ritual y drama social revelan que nuestras vidas no son una secuencia lineal de eventos, sino un entramado dinámico de procesos significativos. Los rituales, con su intrincada danza temporal de lentitud y celeridad, nos permiten transitar de un estado a otro, transformando nuestra identidad y nuestra relación con el mundo. Son el sosiego necesario para la profunda introspección y el catalizador de la plenitud.
Por otro lado, los dramas sociales exponen las fisuras inherentes a toda estructura social, mostrando cómo la transgresión de una norma puede desatar una serie de eventos que culminan en la reconfiguración del orden o en una división irreconciliable. Ambos, rituales y dramas sociales, son espejos en los que la sociedad se ve a sí misma, reflexiona sobre sus valores y negocia su futuro. El legado de Turner nos invita a reconocer que, incluso en la era moderna, el telar del tiempo sigue tejiendo narrativas poderosas a través de nuestras prácticas colectivas, revelando la profunda seriedad y el juego inherente a la condición humana.
Si quieres conocer otros artículos parecidos a El Telar del Tiempo: Rituales y Dramas Sociales de Turner puedes visitar la categoría Metáforas.
